viernes, 12 de diciembre de 2014
CAPITULO 8
—¿Trajiste comida? —No puedo esconder la sorpresa en mi voz, cuando Pedro saca un pequeño refrigerador de la maleta del auto. Alejo mi cámara e inclino mi cadera hacia el auto. Él me ofrece una sonrisa tímida.
—Sí, preparé un picnic. Me pareció una buena idea después del camino, para relajar un poco. ¿Espero que este todo bien? Dijiste que no tenías ninguna sesión hoy.
—Me parece bien, estoy muriendo de hambre.
—Genial. Ven. —Toma mi mano y me lleva en dirección a la floresta, en otro camino de tierra. Los árboles y los helechos son exuberantes y densos, no dejan entrar mucha luz solar.
Después de algunos minutos caminando, el camino se abre
a un claro. Hay un bello prado con césped alto. Un roble grande está en el medio, sus ramas verdes proporcionan mucha sombra.
—¡Oh, es lindo! —Llevo mi mano al majestuoso árbol y miro las ramas—. Este árbol tiene por lo menos 200 años de edad.
Miro a Pedro, una enorme sonrisa en mi rostro. Está de pie cerca de mí, la manta a sus pies, las manos en los bolsillos.
—Estoy feliz de que te guste.
Mire para arriba nuevamente.
—Pedro, yo amo esto.
Lo ayuda a extender la manta que usamos el día anterior en su casa en el suelo del césped, cerca de la sombra del árbol.
—Ponte cómoda.
Me quito mis sandalias y me siento sobre la suave manta, mis piernas estiradas delante de mí y me inclino para atrás, apoyándome en mis manos. Pedro también se quita los zapatos —mmm, pies descalzos… —y se arrodilla en la manta. Toma ensalada de frutas, bocadillos, hummus y pan. Mi estómago gruñe y reímos juntos.
—¿Hiciste todo eso?
Él me pasa un sándwich y le doy una mordida.
Mmmmm…
—Sí, lo hice esta mañana. —Me pasa la fruta y coloca un bizcocho con hummus en mi boca—. Amo a una mujer que le gusta comer.
Paro de masticar y lo miro, arrugando la frente, acordándome de mis muslos y mi trasero redondo.
—¿Qué quieres decir?
—Solo lo que dije. Me gusta una mujer que le gusta la comida.
Se encoje los hombros y se sorprende con mi expresión.
—¿Qué crees que quise decir con eso?
Mierda.
—No sé. Me siento como una fresa.
Sus ojos se estrechan.
—No me digas que tienes problemas con tu cuerpo.
—No seas ridículo. —¡Que Mierda!
—Paula, eres linda, no tienes ninguna razón para pensar lo contrario.
—¿Pero no acabas de ver como devore ese sándwich? No tengo ningún problema con eso.
Para de hablar sobre eso.
Él balancea la cabeza.
—Está todo delicioso. —Sonrío dulcemente.
Parece haber notado mi intento de cambiar del tema, pero lo deja pasar, y comienzo a guardar las sobras de regreso al refrigerador. Me acuesto y respiro profundamente, satisfecha. Oh, eso es bueno. Un día caliente de finales de verano, buena comida, un hombre sexy… Si, es un día muy bueno.
De repente, Pedro jala mis pies a su cuerpo y comienza a masajearlos, cambiando el día de bueno a glorioso.
—Oh, Dios. Cocinas y haces masajes de pies. Debo estar soñando. —Lo escucho reír.
—¿Hey, que es eso? —Pasa el pulgar por el arco interior de mi pie derecho.
Ah, eso.
—Un tatuaje.
Me rasca el pie y me retuerzo riendo.
—Obviamente, listilla. ¿Qué dice?
—Dice “Un paso cada vez” —respondo y suspiro, mientras continua trabajando su magia en mis pies.
—¿En qué lengua?
—Italiana—respondo.
Sus dedos trazan las palabras y me levanto en mis codos para verlo. Cuando sus ojos encuentran los míos, estan brillantes, y los músculos debajo de mi cintura se aprietan.
—Es sexy. —Sonríe.
—Gracias. —Le devuelvo la sonrisa.
—¿Tienes más? —Mueve la cabeza para un lado y toma mí otro pie.
—Sí.
Sus ojos viajan directamente a los míos.
—¿Dónde?
—Varios lugares.
—No veo ninguno más. —Sus ojos rozan mis piernas desnudas, mis brazos, mi pecho.
—La del pie es la única visible con mis ropas, y eso solo cuando estoy descalza — susurro.
—¡Oh, esto es divertido! —Libera mi pie.
—¡Hey! Me estaba gustando el masaje en los pies. —Agarra mis tobillos y jala mis piernas, entonces corre mi cuerpo con sus manos y sus rodillas, hasta que su nariz está casi tocando la mía.
—Quiero saber en dónde están los otros tatuajes, ¿Paula?
Muerdo mi labio y balanceo la cabeza. ¿Quién podía formar palabras con aquel cuerpo encima?
—¿No me vas a decir? —Se inclina y besa levemente el borde de mi boca.
Nuevamente niego con la cabeza.
—Entonces voy a tener que encontrarlos.
CAPITULO 7
Mierda! ¡Estoy atrasada!
Pedro llegaría en cualquier momento, y yo todavía estoy corriendo por la casa, agarrando mi cámara, mi cartera y sandalias. Estoy peinando mi cabello en una cola de caballo, cuando suena el timbre. ¡Mierda!
—¡Hola! —Sonrío cuando abro la puerta, entonces mi boca cae abierta al encontrarme con una deliciosa visión. Su cabello rubio más oscuro, mojado después del baño y todo despeinado, como siempre le queda. Está usando una simple camisa gris, con los lentes de sol escondidos en el cuello, bermudas caquis, yammy. Sus ojos increíblemente azules, brillan cuando sonríe para mí.
—Hola, linda. Estás fantástica de rojo.
Siento el calor invadir mi rostro. Yo amo este top rojo sin mangas, y decidí vestir los shorts de jean que encajaban perfectamente en mi trasero. Solo para él.
—¿Lista?
—Casi. —Doy un paso atrás, para dejarlo entrar y cierro la puerta detrás de él.
—Estoy un poco atrasada. Una mañana movida, pero estoy casi lista.
—¿No conseguiste dormir bien de nuevo? —Él arruga la frente.
—Lo opuesto, es la verdad. Dormí muy bien, casi llego tarde para el yoga, y tuve que resolver unas cosas todavía. —Agarre mi estuche de la cámara de la mesa.
¡Odio sentirme perturbada! Pedro me quita la cámara de las manos, y la coloca encima de su hombro, le doy una sonrisa en agradecimiento.
—¿Y tú? ¿Dormiste mejor?
—Mucho, mucho mejor.
—Yo te mostraría la casa, pero prefiero seguir el camino para la calle. ¿Verificaste si iba a llover?
—Absolutamente no, vamos.
Silbo cuando veo el Lexus convertible de Pedro estacionado en mi garaje. Coloca el estuche de mi cámara en el asiento trasero, y enseguida abre la puerta para mí con una sonrisa enorme de gato—que—comió—al—canario en su bello rostro.
—Bello auto.
—Imagine que sería un buen día para andar con el techo bajo.
—Me parece bien. —El asiento de cuero es bajo y suave y no puedo evitar estar un poco impresionada. Él tiene buen gusto.
En poco tiempo, estamos atravesando las calles de Seattle y luego salimos de la cuidad, por la interestatal 90. ¡Este auto marcha rápido! El sol caliente, el viento es óptimo, y Pedro coloca en la radio a los Maroon 5. No sentimos la necesidad de conversar, nos quedamos apenas allí, aprovechando la compañía uno del otro, y me relajo en el asiento disfrutando del escenario verde y el exuberante camino.
Es obvio que Pedro sabe donde quedan las Cataratas de Snoqualmie, y cuando nos acercamos al destino, baja la música y descansa su mano en mi muslo izquierdo.
Apenas su toque es suficiente para subir mi libido, y respiro profundamente para calmar las pulsaciones de mi corazón.
—Claramente ya estuviste aquí.
Pedro sonríe.
—Sí, mis padres acostumbraban a traernos aquí cuando éramos niños para un picnic o apenas para divertirnos.
—¿Te importa si dejo el estuche en el auto? Apenas voy a llevar mi cámara.
—No hay problema, yo voy a subir el techo.
Pedro espera pacientemente mientras reúno las cosas que necesito, entonces cierra la parte superior del auto, después tranca las puertas, y bajamos el puente que llevaba al hotel y al acceso de las cataratas, donde los turistas pueden soltar toda su admiración sobre la espectacular vista.
Coloco la tira de la cámara sobre mi cuello y verifico sus configuraciones mientras camino.
—¿Hace cuánto tiempo eres fotógrafa? —pregunta. Él me observa intensamente.
—Toda mi vida, es la verdad. Mi papa me compró una cámara digital cuando tenía más o menos 10 años, y nunca quise hacer otra cosa. —El recuerdo me trae una sonrisa y lo miro.
—Él debe estar muy orgulloso —murmura-
El dolor es rápido y duro.
—Él se fue.
—¿Se fue?
—Mi mamá y mi papá murieron hace casi tres años. —¡Mierda, no quería decirlo así!
—Joder, Pau, lo siento mucho. —Pedro se detiene y me toma en sus brazos, sosteniéndome apretado, mi cámara entre nosotros, y me avergüenzo al sentir las lágrimas en mis ojos. No quiero que el día de hoy sea triste.
—Estoy bien. —Coloco mis manos contra su duro pecho y miro su rostro—. Estoy bien. No vamos a ponernos tristes hoy.
Pedro arruga la frente, los ojos llenos de compasión y no me gusta ese sentimiento.
Yo no quiero que sienta pena de mí.
—Hey, estoy bien. Realmente. —Aprieto su mejilla en mi mano y la tomo para darle un beso.
—Está bien. —Me libera y continuamos nuestro camino hasta las cataratas. No demoramos mucho, pues no están muy lejos del camino. Miro hacia él, y todavía está pensando, una pequeña mueca en su rostro.
—Pedro, anímate. No dijiste nada malo. Yo estoy feliz de estar aquí.
Me mira nuevamente y me ofrece media sonrisa. Me relajo un poco, feliz que su humor mejore y levanto mi cámara cuando cruzamos para alcanzar la cascada.
—Estoy feliz de que no haya nadie más aquí hoy. —Trato de cambiar el tema.
—Estoy sorprendido de que no lo haya —responde.
—Bien, el verano ecasi termina, y estamos a mediados de la semana, por eso había imaginado que tendríamos el lugar principalmente para nosotros. —Y comienzo a sacar fotos.
Pedro da un paso atrás y me mira trabajar. Me muevo para arriba y para abajo en el camino, obteniendo ángulos diferentes, parando para ajustar mis configuraciones y sacando fotos de flores y telas de araña y otras cosas que me llamen la atención.
Los árboles apenas comienzan a cambiar de color, entonces yo apunto la cámara y saco algunas fotos de ellos también.
—¿Listo para continuar? —Lo miro—. Espero que no estés demasiado aburrido.
Niega con la cabeza, los brazos cruzados en el frente y está inclinado en una cerca.
Parece relajado, pero sus ojos están observándome atentamente.
—Observarte no es nada aburrido, Paula.
Oh.
Él se acerca, sosteniendo mi mano, y besando mis dedos, antes de llevarme más para bajo en el camino de tierra, para conseguir más fotos en la base de cascada.
Nuevamente se aleja y me deja hacer mi trabajo. Siento sus ojos sobre mí cuando paso, y sonrío por dentro. Cerca de 20 minutos después, estoy satisfecha con las fotos que conseguí.
—Ok, creo que ya termine. —Me volteo para encontrar sus ojos llenos de sorpresa—. ¿Qué?
Balancea la cabeza.
—¿Terminaste tan temprano?
—Bien… —Verifico mi cámara—. Saque casi 400 fotos. Creo que voy a conseguir buenas fotos aquí.
—Estoy seguro que serán óptimas.
Sonrío y tapo el lente de la cámara, teniendo cuidado de no apuntarlo, y dejo mi cámara caer cerca de mis caderas. No entiendo por qué no le gusta que le saquen fotos, pero respeto su decisión.
Me gustaría pedirle que pose para mí. Sería un deleite para capturar.
—¿Qué estás pensando? —pregunta mientras subíamos el camino de regreso al carro. Esta a mi lado.
—¿Por qué no te gusta que te saquen fotos? —Sus ojos se encuentran con los míos, rápidamente desvío la mirada. Encoje los hombros con indiferencia, pero yo puedo ver que está escondiendo algo.
—Mírame —le digo bajito. Sonríe. Sus grandes ojos azules encuentran los míos, y él tiene una expresión preocupada—. Me puedes decir.
Paramos frente uno del otro, y por causa del terreno irregular, estoy casi al nivel de sus ojos. Coloco mis manos en sus hombros.
Los ojos de Pedro se agrandan todavía más y traga en seco, y parece que va a confesar algo. Mi estómago aprieta. ¡Habla conmigo! De repente, el balancea la cabeza y cierra los ojos por algunos instante.
—Simplemente no me gusta. —Hago una carota, pero balancea la cabeza nuevamente y susurra—: Es parte de mi fobia de estar en multitudes. Estúpido, lo sé.
Quiero indagar un poco más, pero él me quita las manos de sus hombros, une sus dedos con los míos, lleva los brazos alrededor de mi cintura, acercándome.
Acariciando mi nariz con la suya, sus ojos azules intensos.
—Estuve pensando en besarte todo el día.
—Deberías pensar menos y hacer más. —Estoy sorprendida con mi respuesta engreída, o de lo que soy capaz de decir, con mi corazón golpeando tan rápido.
Pedro sonríe contra mis labios, y explora un beso caliente, que me consume. Libera las manos y las lleva hasta mi trasero, como hizo la noche anterior, acercándome a su cuerpo. Agarro su rostro en mis manos, sosteniéndolo cerca, y así ya estoy perdida en él. ¡Es tan bueno con la boca! Juega con mis labios, y su lengua hace el amor gentilmente con la mía. Llevo mis manos a su cabello, apretándome más contra él.
—¡Permiso!
Miro para atrás para ver un grupo caminando por el camino, esperando para pasar y estamos en el camino.
¡Opps! Pedro ríe y me jala fuera del camino para que ellos puedan continuar.
—Creo que fuimos capturados —susurra Pedro en mi oído, colocando un hilo de cabello detrás de mi oreja y besando mi mejilla.
—Creo que sí. —Río, sin aliento, y continuamos caminando hasta el auto.
jueves, 11 de diciembre de 2014
CAPITULO 6
Entro en la casa y coloco mi cartera en la mesa del pasillo, lanzando mis llaves en la taza y tomo mi teléfono.
Escuché el teléfono sonar mientras conducía para casa, y sabía exactamente quién era.
—Pau, ¿eres tú? —Escucho a Juana llamar desde el cuarto.
—Sí, estoy en casa —respondí.
Gracias por hoy. Por favor, déjame saber que llegaste bien a casa. Pedro.
Sonrío y quiero saltar de alegría.
—Bien, creo que todo salió bien, ¿no? —Juana esta con sus manos en las caderas, y su cabeza rubia esta inclinada, con una sonrisa en su lindo rostro.
Ella todavía está en su vestido rojo y zapatos altos del trabajo, su largo cabello peinado para atrás.
—Oh, sí, fue muy bien.
—Entonces, ¿no era un asaltante, no?
—No. —Río—. Él es muy bueno.
Y oh Dios mío, Juana, es espectacular. Pienso silenciosamente, pero ella lee mi mente.
—Él no está fuera de tu alcance, Pau.
Arrugo la frente para ella.
—No iba a decir eso.
Ella rueda los ojos.
—Estabas pensando en eso. Eres demasiado sexy, Paula. Aprovecha. Él tiene suerte de que estés interesada. Nosotras dos sabemos que eso no acontece muchas veces.
—Sí, eso es lo que más preocupa.
Le cuento sobre el happy hour, y como el parecía incomodo al estar conmigo, pero cuando estábamos en su casa estaba mucho más relajado. Le cuento sobre el mejor beso de mi vida, y la puesta de sol. Jules escucha pacientemente, sin interrumpir, o soltando risas nerviosas, como siempre hace. Ella simplemente sonríe para mí, y antes de que me dé cuenta, me está dando un fuerte abrazo.
—Te mereces a un buen hombre, Paula. No huyas. Aprovecha. —Me inclino hacia ella y de repente me veo llorando, lo que es humillante.
—Ni sé cuándo lo voy a ver nuevamente.
Ella se aleja un poco y sonríe.
—Oh, tengo la sensación de que no va demorar mucho. Parece que él está enamorado. ¡Créelo!
Le sonrío y me quito los zapatos.
—Voy para la cama. Fue un día agitado.
Corro para arriba y voy directo al baño. Me quito el maquillaje y me cepillo los dientes mirandome por un momento en el espejo. Toco mis labios. Todavía están
sensibles de los besos de Pedro. Mis mejillas y mis ojos verdes brillan. Mi cabello oscuro, que él soltó, esta enredado y medio sexy.
Me acuerdo de sus comentarios sobre mi trasero, me volteo para mirarlo, lo observo bien. Siempre pensé que tenía un trasero grande, muy redondo y pronunciado. Si, definitivamente tengo una trasero grande. Creo que a Pedro le gusta.
Sonrío para mí misma y me quito la ropa, apagando las luces salto a la cama para responder su mensaje.
Llegue, gracias por todo. Maravillosos momentos en el día de hoy, a pesar de que temprano casi fui asaltada. Estoy en casa y segura en mi cama. Pau.
Sonrío, feliz con mi respuesta y me acuesto sobre mi almohada. Algunos segundos después, hay un ping.
Estoy feliz de saber que estás segura. ¿Cuáles son tus planes para mañana?
¡Oh, Dios mío! Rápidamente mando la respuesta.
Ninguna sesión para mañana, pensaba sacar algunas fotos en Snoqualmie Fallls. ¿Cuáles son tus planes?
Miro al teléfono fijamente hasta escuchar el ping.
¿A qué hora te debo buscar?
Muy seguro de sí mismo, ¿no? No podía dejar de reír y me voltee de lado, mientras pensaba en mi respuesta.
¿Sera que vas a estar seguro? Voy a estar con mi cámara, y sé que eso toca tus nervios.
Reí con mi respuesta, pensando que fui muy espirituosa, cuando de repente mi teléfono empieza a tocar, era él.
—Hola.
—Pensaba que ya me habías perdonado por esta mañana. —Sonaba frustrado.
¿Pero qué…?
—Estaba tratando de ser espirituosa, Pedro. Lo siento, creo que los mensajes de texto no son buenos para coquetear. —Cierro mis ojos.
Él toma una respiración profunda.
—No, yo lo siento. ¿Te importaría si me uno a ti mañana?
Joder él tiene una voz sexy, y parece esperanzado. ¿Quién soy yo para decirle que no?
—Me encantaría tener su compañía. ¿Qué tal a las 10:00?
—Ese horario es bueno para mí. —Parece aliviado y tengo aquella sensación vertiginosa de nuevo en mi pecho.
—Te voy a enviar un mensaje con la dirección.
—Está bien —suspira—. Entonces, ¿estás en la cama?
¡Ah, ahora sí que va estar bueno! Sonrío y me acuesto de espaldas.
—Sí. ¿Y tú?
—También.
—Tuvimos un largo día. Te estoy imaginando en aquella cama enorme, lindo y desnudo, acostado sobre ella… —y mi boca está seca de repente.
—Sí, lo tuvimos. —Lo escucho moverse en la cama.
—Espero que consigas dormir mejor hoy.
—Yo también. —Oigo la sonrisa en su voz.
—¿Por qué estabas teniendo dificultades para dormir anoche?
Hay una larga pausa, y estoy tranquila, preguntándome si la llamada se cayó.
—¿Pedro?
—Estoy aquí —suspira de nuevo, y entonces, dice—: Simplemente no necesito de mucho sueño. ¿Y tú? ¿Por qué te despertaste tan temprano hoy?
No estoy totalmente satisfecha con su respuesta, pero lo dejo pasar.
—Sufro de insomnio desde hace dos años. Normalmente solo tengo algunas horas de sueño, aquí y allí.
—Eso es pésimo. —Respira.
—Sí, pero puedo aprovechar la luz de la mañana.
—Eres una especie de adicta al trabajo, ¿no es así, Paula? —Siento que se está riendo de mí.
—No, solo me gusta lo que hago.
—¿Y qué ropa estas usando para dormir? —¡Joder! ¡Qué cambio de tema!
—Buenas noches, Pedro—respondo, con una sonrisa en mi voz.
—Buenas noches, Paula. Te veo mañana.
Él termina la llamada y en menos de diez segundos después, hay un nuevo mensaje.
No puedo esperar para verte mañana, y un día, ver lo que usas para dormir.
Oh, definitivamente él es un seductor. ¡Y allí está la mención de “un día” de nuevo!
También estoy ansiosa por mañana. Duerme bien esta noche bonito, con sueños calmos, y despierta con el sol. xoxo
Por primera vez, en más de dos años, realmente duermo, con sueños calmos y me desperté con el sol.
CAPITULO 5
—¿Por qué paraste? —Escucho el dolor en mi voz, y aclaro mi garganta.
—Pau, definitivamente no quiero parar… —camino en su dirección, pero él retrocede y levanta las manos en señal de rendición.
—Pedro…
—Paula, vamos a bajar el ritmo un poco.
¿No es eso lo que los hombres quieren?
—Si cambiaste de idea…
Él está de nuevo en frente mío, antes de que terminara la frase, sus manos contra mi rostro y al encontrar su mirada, veo la emoción cruda todavía allí.
—Escúchame, Paula. No cambié de idea. Te quiero. Eres inteligente y bonita y sexy para el carajo, pero no quiero ir demasiado rápido.
—Estoy confundida. —Cierro mis ojos y balanceo la cabeza.
—Hey. —Lo miro y sonríe para mí, pasando los dedos en mi mejilla—. Despacio.
—No se ir lento, Pedro.
Él arruga la frente y susurra:
—Yo tampoco, entonces vamos a aprender juntos.
Estoy muy frustrada, mi cuerpo lo desea, pero sus palabras me intoxican.
—Entonces, ¿nada de sexo? ¿Nada? —Siento que estoy siendo como una niña cuando le arrancan un dulce de sus manos.
—Hoy no —dice con una sonrisa.
Toma una respiración profunda, besa mi frente y sostiene mi mano. Agarro la manta y regresamos hacia dentro. La música todavía está tocando. Toma la manta de mis manos y la coloca en el sofá azul a mi derecha.
—¿Te gustaría conocer la casa?
Todavía estoy confundida por su comentario del sexo, pero la idea de ver el resto de la bella casa mejora mi humor y acepto. Él une nuestros dedos.
—Gracias por unirse a nuestro tour el día de hoy, Señorita Chaves, estamos muy contentos en tenerla con nosotros.
Sonrío ante su voz de guía y me relajo un poco. Tiene una manera que siempre termina con hacerme reír.
—Ya conoces la cocina.
—Amé la cocina.
Sonríe y me lleva por un pasillo señalando un armario con productos de limpieza y la despensa. Al final del pasillo hay una puerta cerrada, pero señala para ella y dice:
—Solo la uso como depósito ahora.
Me lleva de regreso a la sala de estar y subimos las escaleras hacia un gran desván, que él está usando como sala de televisión, con sofás muy suaves. La pantalla plana montada en la pared es enorme, y no puedo dejar de reír.
— ¿Qué es tan divertido? —Mira el TV y continúo riendo.
—Los chicos y su gran TV.
Él ríe y camina para otro cuarto: un baño. Del lado opuesto de la pared, hay una ventana del suelo al techo, mostrando la linda vista, y el cuarto principal. Es enorme, con grandes muebles blancos y verdes, las paredes en tonos azules y caqui.
Es increíblemente tranquila. Su baño es bonito, con una bañera en forma de un gran huevo, con la ducha separada que podría ser una sala individual por el tamaño. Suspiro de placer cuando me muestra el closet.
—Las mujeres y sus armarios. —Se ríe, y yo no puedo evitar reír con él.
—Eso, mi amigo, es un armario fantástico.
—Sí, lo es. —Está de acuerdo, y aprieta mi mano.
Enseguida me lleva de regreso por el cuarto y bajamos las escaleras hasta la sala de estar. Estoy incomoda de repente, y antes que pueda cambiar de idea, llevo suavemente mis brazos alrededor de su cintura, uniendo mis dedos en su espalda, dándole un gran abrazo. Sus brazos me rodearon y besa mi cabello, inhalando el olor.
Enseguida me lleva de regreso por el cuarto y bajamos las escaleras hasta la sala de estar. Estoy incomoda de repente, y antes que pueda cambiar de idea, llevo suavemente mis brazos alrededor de su cintura, uniendo mis dedos en su espalda, dándole un gran abrazo. Sus brazos me rodearon y besa mi cabello, inhalando el olor.
—Gracias por la cena —murmuro en su pecho.
—Cuando sea.
—Gracias por el tour.
Siento su sonrisa contra mi cabeza.
—A cualquier hora.
—Gracias por darme tu número de teléfono.
Él ríe y se aleja un poco.
—Te recomiendo que lo uses.
—Me voy. —Salgo de sus brazos y recojo mi cartera. Es hora de ir para casa y pensar sobre este dulce y sexy hombre. Ciertamente no puedo pensar cuando estoy con él.
Camina detrás de mí hasta el auto, saca sus fotos de la cajuela y las lleva adentro, después regresa para abrirme la puerta.
—Me avisas que llegaste bien a casa. —Las sombras de las luces de su casa están jugando en su rostro, la luz brillando en sus lindos ojos.
—Está bien, hombre mandón. —Me río.
—¿Mandón? —Se coloca los dedos en los labios, como si pensara sobre eso, y enseguida, sonríe—. Tal vez un poco mandón.
Se inclina y me toca, apenas con los labios, rozándolos levemente sobre los míos.
—Buenas noches, linda.
—Buenas noches. —¡Carajo! Que sabroso. Estoy feliz de tener la inteligencia suficiente, para conseguir entrar en el auto y apretar el cinturón de seguridad.
Camina de regreso a su puerta y se despide, mientras salgo con mi auto fuera de su casa.
Puta mierda.
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