¡Oh, Dios mío!
Mis ojos están fijos en su rostro y todo el aire sale de mi cuerpo.
¡Casarme con él! ¿Casarme con él?
Es muy pronto. ¿Solo nos conocemos desde hace dos meses?
Dos meses increíbles.
Sus preocupados ojos están mirando profundamente los míos, azul a verde y sé que desde el fondo de mi corazón, la respuesta es sí. Después de todo lo que hemos pasado estos dos últimos meses, todo lo que hemos compartido, no puedo
imaginarme la vida sin él. Y él me necesita. ¡Él quiere casarse conmigo!
—Cariño, me estás matando —Pedro se mueve para abrir la caja azul, pero pongo mi mano sobre la suya, deteniéndolo.
Veo sus asustados ojos de nuevo sobre mí, pero le sonrío tranquilizadoramente.
—Solo tengo un par de cosas que decir.
Ahora estoy mareada y dentro de un torbellino de emociones, con el corazón en la garganta, pero estoy muy tranquila externamente.
—Adelante—murmura y todavía se le ve un poco de miedo e inseguridad.
—Cuando veo mi futuro, Pedro, te veo en él. No veo tu dinero o lo que haces para ganarte la vida, o tu fama. Te quiero y te respeto por eso, pero me encanta el hombre que eres. Quiero tener lo que mis padres y lo que tus padres tienen. Sería un honor ser tu esposa, darte niños y hacer una vida a tu lado.
Mientras hablo, las lágrimas corren por mi cara sin control.
Los ojos de Pedro se suavizan y aprieta sus brazos alrededor de mí.
—¿Eso es un sí? —susurra y me da un poco de risa entre las lágrimas.
—Sí.
—Gracias a Dios. —Mueve sus labios sobre los míos y toma mi mano en su mejilla.
—Me tenías preocupado por un minuto —susurra contra mis labios.
Ah, me encanta cuando Pedro susurra. Simplemente me encanta Pedro.
—Me dejaste completamente cautivado. Creo que me olvidé de respirar.
—¿Puedo mostrártelo ahora? —Tiene la caja con el anillo y me sonríe.
—Por favor.
Se sienta en el sofá y se arrodilla frente a mí. Oh, Dios mío. Al ver a mi hombre sexy, cabello rubio, ojos azules brillantes en un traje negro con su corbata floja, de rodillas ante mí, con una caja azul con el anillo, es una imagen que tendré el resto de mi vida.
—Cuando vi este anillo, yo sabía que era para ti. Lo tengo desde el día que compré tus perlas.
Suspiro, mis ojos muy abiertos. ¡Él quería casarse conmigo desde la noche en el viñedo!
—No creo que estuvieras lista entonces.
Se ríe cuando yo sacudo la cabeza.
Él abre la caja y en terciopelo hay un diamante perfecto. La piedra central es grande, pero no exagerada. El anillo es de platino, con dos filas de diamantes más pequeños en ambos lados, que se tuercen alrededor uno del otro para encontrarse con la piedra central.
Las lágrimas arden en mis ojos de nuevo cuando él toma la caja, la pone en mi mano izquierda y me besa el dedo.
—Gracias. Es perfecto.
—Al igual que tú. —Se inclina y me besa apasionadamente y pongo mis brazos alrededor de él, tirándolo hacia mí.
Él levanta mi falda larga hasta los muslos, deslizando sus manos sobre ellos y debajo de la falda para tomar mis caderas.
—Jesús, me encanta este nuevo hábito de no usar ropa interior. —Sonrío contra sus labios—. Voy a escribirlo en los votos. No ropa interior.
Suelta una carcajada y luego suspiro cuando él empuja mis caderas hacia delante y me tira contra los cojines del sofá.
Él suspira tembloroso, cuando miro, estoy expuesta a él desde la cintura para abajo.
—¿Tienes alguna idea de lo hermosa que eres?
—Me haces sentir hermosa.
Él se sienta sobre los talones y empuja un dedo dentro de mí, con los ojos fijos en mi centro, viendo su mano.
—Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida, nena.
Dejo escapar un gemido cuando él continúa a torturándome con el dedo. Estoy completamente mojada. Jesús, lo que hace en mí, con un solo dedo.
—Pedro, te quiero a ti.
—Oh, créeme, me vas a tenerme. —Saca el dedo mojado de mi interior y lo chupa—. Tienes un buen sabor.
Él se agacha y abre mis muslos, con las palmas de las manos, abre mi centro en el proceso. Agarro los cojines del sofá, preparándome para la invasión de su increíble boca, levanto mis caderas cuando me cubre con su boca, su lengua está empujando dentro de mí.
—¡Oh, Dios mío! —Sumerjo mis manos en su pelo, girando las caderas. Él me aprieta el culo, mi pelvis se inclina más y sigue volviéndome loca con esa boca.
Frota la punta de su nariz contra mi clítoris y me corro, entre convulsiones y temblores, grito su nombre. Él mordisquea mis muslos mientras mi cuerpo se calma.
—Mierda, eres bueno en eso. —Me siento y paso mis dedos por su cabello rubio.
—Mmmm, me alegro de que lo apruebes, nena. Ponte de pie por mí —habla y se levanta con gracia, se quita la chaqueta, la corbata y la camisa, jugando en el suelo de la plataforma.
Después de lo que me hizo, mis piernas se tambalean. No creo que pueda soportarlo.
Toma mi mano y tira de mí hasta que me pongo de pie y envuelve con sus brazos mis hombros al descubierto.
—Apóyate en mí.
—Gracias a Dios —susurro en su cuello, mientras sus manos se deslizan por mi espalda, dejando caer mi vestido. Yo con mi brazo derecho me saco el vestido y él cae a mis pies.
—Dios, ¿sin sujetador también? Me alegro de no haberlo sabido, o tendríamos que habernos encerrado en un cuarto de baño del club y dejarte desnuda toda la noche.
Sus manos se suavizaron de regreso a mi culo.
—No estás desnudo.
—Oh, ¿quieres que esté desnudo también? —pregunta inocentemente y me muerde la clavícula.
—Sí. ¡Ahora!
—Exigente ¿eh?
—¿Por qué no?
Sus manos aprietan mi culo y suben por la espalda hasta llegar a mi pelo cuando comienza a tirar los broches, dejándolo caer suelto sobre los hombros.
—Me encanta tu cabello —murmura al verlo completamente suelto.
—Me encanta tu pelo también. —Empujo mis dedos a través de él y él sonríe.
—Lo sé.
Después de que mi cabello está suelto, toma mis manos entre las suyas y las besa, sus ojos en los míos. Da un paso lejos de mí y el aire frío de la noche gira alrededor mío, enviando un escalofrío, que hace que mis pezones se endurezcan.
—Me encanta tu cuerpo. Me encanta cómo eres con curvas. —Sus ojos ávidamente se deslizan sobre mi cuerpo.
—Estoy feliz. —Sonrío tímidamente—. Pero no estás desnudo.
Levanta una ceja.
—¿Impaciente?
—Quiero que mi novio me haga el amor —susurro y sus ojos se dilatan.
—Dilo otra vez —murmura.
—Hazme el amor —le susurro.
—No, la otra parte.
Una pequeña sonrisa se extiende a través de mis labios.
—Mi novio.
—Dios, has contestado que sí. —Él traga saliva y luego esboza una amplia y alegre sonrisa y me enamoro aún más.
Asiento y miro mi hermoso anillo.
—¿Pensaste que iba a decir que no?
—No, yo solo... —Se pasa la mano por el pelo—. Estaba muy nervioso.
Cierro la distancia entre nosotros y lo beso en los labios suavemente.
—No tienes ninguna razón para estar nervioso conmigo. Tienes mi corazón desde hace algún tiempo. Ahora, mi hermoso novio, por favor llévame a la cama y hazme el amor. —Él me toma en sus brazos y me lleva a la habitación, besándome suavemente.
***
—Hola, preciosa, despierta —dice Pedro con leves mordidas en mi oreja, me vuelvo hacia él con sueño.
—Me mantuviste despierta hasta muy tarde —murmuro, sin abrir los ojos. Lo oigo reír.
—Lo siento mucho. Pero tenemos que levantarnos, si queremos que el almuerzo esté listo, hasta que lleguen. —Me besa en la mejilla y luego la nariz. Mis ojos se abren y toco su mejilla con mi mano izquierda y mi anillo brilla con la luz de la mañana. Sonrío alegremente y él sonríe y me besa suavemente.
—Permanezcamos en cama todo el día y hagamos el amor.
—Sería muy bueno si pudiéramos. —Da un paso atrás y se aleja—. Todo el mundo estará aquí dentro de unas dos horas y tenemos cosas que hacer. El café está en la mesa para ti. Levántate y toma una ducha, nos vemos en la cocina.
—Te amo.
Él me muestra una sonrisa brillante.
—Yo también te amo. Levántate. Te espero abajo.
Él sale de la habitación y me siento en la cama por un minuto, sonriendo estúpidamente y mirando mi anillo.
Finalmente me levanto, tomo mi café y voy directa a la ducha.
***
—Bueno, ¿qué puedo hacer? —le pregunto, cuando entro en la cocina. Pedro está en el fogón, con una toalla blanca colgando del hombro izquierdo. Está usando una camisa blanca, unos vaqueros desgastados y está descalzo…delicioso.
—Aquí, corta un poco de fruta. —Toma los melones, fresas, uvas y melocotones de la nevera y me da una tabla y un cuchillo afilado para comenzar con mi tarea.
—Entonces Isaac mencionó ayer por la noche, que ustedes tuvieron un almuerzo el otro día. —Tomo un melón y le hago un corte por la mitad, quito las semillas y lo corto en rodajas.
—¿Lo mencionó? —Pedro frunce el ceño mientras mezcla un poco de la preparación para panqueques.
—Sí, eso fue todo lo que dijo, que le gustas, ya que te comportas bien conmigo. Le dije que yo prefiero cuando no lo haces. —Sonrío y me pongo a trabajar con las fresas.
—Quería preguntarle si estaba bien si te pedía que te cases conmigo.
Me doy vuelta con sus palabras, con mi boca abierta. Se encoge de hombros y vierte la mezcla en una cacerola en el fogón.
—¿Por qué?
—Porque ellos son tu familia. Ellos te aman y te protegen y esta es una tradición.—Toma un sorbo de café y me mira especulativamente. Wow.
—¿Qué te han dicho?
—Te pedí que te casaras conmigo, ¿verdad?
—¿Qué hubieras hecho si te hubieran dicho que no?
Se ríe y negando dice:
—Te lo hubiera pedido de todos modos.
Él voltea los panqueques y me acerco con una fresa, reteniéndola en mis labios.
—Aquí. —Da un bocado y deslizo el resto en mi boca—. Mmm, está buena.
Me chupo el dedo y él toma mi muñeca con su mano y me lame el dedo.
—Me encanta ver cuando comes.
El deseo arde dentro de mí inmediatamente.
—¿Sí?
—Sí.
Vuelvo al mostrador para trabajar con las frutas y tomo dos uvas. Al regresar a su lado, Pedro toma los panqueques de la sartén y apaga el fuego. Me gusta la forma en que piensa. Froto la uva en los labios y a continuación, pongo una en la boca y la mastico lentamente.
—¿Quieres un poco? —le doy una uva. Poco a poco él cierra el espacio entre nosotros y recoge las uvas de mis dedos con la boca.
—Me gusta este juego —susurra y me sonríe. Me sienta en el mostrador de la cocina, mis pies están colgando, se coloca entre las piernas y pone otra fresa contra mis labios. Yo la sostengo con mis dientes y luego me inclino, para que pueda
tomar un bocado de mis labios y besarme al mismo tiempo.
Tiene un sabor a fresa y gimo contra su boca.
—Dios, eres tan sexy.
Dejo caer mi camisa al suelo y luego tiro el sujetador.
Capturo otra fresa, lo miro a los ojos, se muerde el labio y muevo la fruta roja alrededor de mis pezones. Pedro jadea y aprieta con sus dedos mi culo, lo que demuestra que le gusta la visión delante de él.
Subo la fresa por mi pecho, sobre la piel de mi barbilla y la pongo en mi boca, disfrutando la dulce jugosidad de la fruta. Él no se mueve, me mira, sus manos sostienen fuerte mi culo, estoy desnuda de cintura para arriba y empiezo a seducir a mi sexy novio.
Empujo un trozo de melón en la boca de Pedro y me inclino para besarlo, chupando el jugo de su boca.
—Estás volviéndome loco —murmura contra mi boca.
—Ese es el punto —le susurro.
De pronto me levanta y yo pongo mis piernas alrededor de él, se da vuelta y me lleva a la mesa del comedor. Me pone en ella y me quita los pantalones, llevándose la ropa interior con él. Saca su camisa sobre su cabeza, sin tener que preocuparse acerca de los botones y baja sus pantalones vaqueros por los muslos.
—No puedo tener suficiente de ti. —Él me cubre con su pecho, con las manos en el pelo y la cara enterrada en el cuello, besando y chupando mi piel sensible.
—Yo no quiero que tengas suficiente de mí. —Envuelvo mis piernas alrededor de sus caderas y se desliza dentro de mí, lo acepto profundamente y aprieto alrededor de él. Agarra mi mano derecha con la izquierda y tira la cabeza hacia arriba y comienza a moverse dentro y fuera de mí a un ritmo constante.
—Me vuelvo loco viéndote comer. Tu paladar, es un dulcísimo afrodisíaco, el mejor que he visto en mi vida. —Sus labios se encuentran con los míos y yo me pierdo en sus palabras, su cuerpo se mueve con gracia sobre el mío. Le paso la mano por la espalda hasta su culo, apretándolo, mientras que aumenta el ritmo constante.
—Oh, Dios —me lamento.
—Mírame —gruñe y mis ojos se encuentran con los suyos—. Quiero ver que te corras.
Mierda. Y eso es todo lo que necesita para enviarme al abismo. Me golpea dos veces, luego se muerde el labio mientras disfruta dentro de mí.
—Dios, Pau, me matas.
Me besa suavemente y luego me ayuda a levantarme de la mesa dura.
—Yo no te puedo ayudar con este fetiche que tienes con la comida. —Me pega en el culo desnudo y recojo mi ropa de camino al baño, tomo una ducha y me pongo algo de ropa.
Cuando voy a la cocina, él está totalmente vestido y tiene más panqueques en la cocina.
Beso su rostro y corto la fruta.
—Tengo que ir a Los Ángeles la próxima semana. —Pedro voltea los panqueques y se vuelve hacia mí.
—¿Por qué?
Termino con las fresas y sigo con los duraznos.
—Tengo una reunión que requiere mi presencia. Me quedaré por una noche.
—Oh, está bien. —Arrugo la frente. Esta será la primera noche que pasamos separados desde nuestra noche mágica en el viñedo.
—Ven conmigo —me sugiere.
—No puedo. Sigo teniendo dos clientes retrasados a causa de nuestras vacaciones. Tengo reservada la próxima semana íntegramente —respondo con cabeza hacia abajo mientras corto el durazno.
—Es solo una noche —murmura y me doy cuenta que está de pie detrás de mí. De repente me siento vulnerable y no sé por qué. ¡Es solo una noche! Sin duda, puedo pasar una noche sin él. Me doy vuelta y sonrío alegremente, porque no quiero que él vea mi inseguridad.
—Estarás bien. ¿Qué día viajas?
—Miércoles, por la mañana temprano. Estaré en casa el jueves al mediodía.
—Es una larga reunión. —Levanto mis cejas.
—Voy a tener algunas reuniones, y como voy a estar allí de todos modos, voy a aprovechar para resolver varias cosas. ¿Estás segura de que vas a estar bien?
—Por supuesto. Te amo, pero creo que puedo sobrevivir sin ti por una noche. Juana y yo vamos a tener una noche de chicas.
—Muy bien. —Me besa la nariz y vuelve a sus panqueques, poniendo el tocino en el horno.
—¿Qué hacemos con todas las flores? —le pregunto, cambiando de tema.
—¿Qué quieres decir?
—¿No quieres comer en la terraza?
—No, comemos aquí. Podemos llevarlas dentro si quieres.
Voy a la puerta de cristal y contemplo mis hermosas flores, tratando de controlar mi melancolía ahora que sé que Pedro viajará la próxima semana.
—Son hermosas. No sé dónde podemos ponerlas, son muchas.
—Déjalas en su lugar por ahora y luego pensaremos que hacer con ellas.
—Muy bien. —Preparo la mesa de comedor para seis, hago jugo de naranja y jarras con café y las pongo sobre la mesa cuando suena el timbre.
—¿Puedes dejar que abra la puerta? —Pedro me guiña, con una sonrisa y me relajo, un poco emocionada al ver a sus padres y poder darles sus regalos.
—Hola, querida. —Lucia me besa en la mejilla al entrar en la habitación.
Nicolas y Marcos la siguen con Samantha detrás. Ellos, obviamente, pasaron mucho tiempo en la casa de Pedro. Se acomodan, moviéndose por el espacio y yo estoy por un momento, disfrutando de vuelta de la vista de Pedro con su familia.
Mi familia ahora.
—Chicos, me gustaría presentarles a mi hermosa novia, Paula. —Me río cuando Pedro se acerca a mí y besa mi mano.
—Sí —le digo— ya nos conocimos.
—Oh, Paula, estoy tan emocionada de que vayas a ser parte de nuestra familia.
Lucia me abraza fuerte y de repente las lágrimas arden en mis ojos.
—Gracias.
—Y yo que pensaba que elegirías al hermano correcto. —Marcos sacude la cabeza con tristeza y pretende hacer pucheros.
—Lo hice —me río de su rostro afligido y le doy un abrazo rápido—. No lo sientas. Vamos a encontrar una buena chica para ti.
Él le da una carcajada y va a la cocina para robar un trozo de tocino.
—No es necesario. Soy bueno en eso.
—¡Aléjate del tocino! —le dice Pedro a gritos.
Nicolas me abraza y agarra mi cara entre sus manos, sus ojos amables están felices.
—¿Eres feliz, dulce niña?
—Sí, gracias.
—Bien.
Los padres de Pedro son felices y acogedores. Samantha, sin embargo, revolea los ojos y sirve café en una taza.
—Así que... —Sus ojos brillan con malicia y se vuelve a Pedro y a continuación se voltea hacia mí y me preparo para lo que está a punto de salir de su boca venenosa—. ¿Quién era ese delicioso hombre con el que estabas el otro día en la cafetería?
Cuando la noche llega a su fin, Pedro tira de mí hacia la pista de baile para un baile final. Mis pies me están matando, pero no puedo rechazarlo. Amo mecerme en sus brazos. Me doy cuenta de que la banda está tocando Come Away With Me, de Norah Jones y me quedo mirándolo asustada. Él está sonriéndome con ternura.
—Creo que ésta es nuestra canción. Estás tan hermosa esta noche, como lo estuviste esa noche en la viña, con las perlas. Me dejas sin aliento, Paula Chaves.
Oh, siento que las lágrimas queman mis ojos cuando lo miro.
Paso los dedos por su suave pelo rubio.
—Ya sabes cómo poner a una chica a tus pies, Pedro Alfonso.
Sus ojos se fijan en mi cara mientras me mueve en la pista.
Juro que somos las dos únicas personas aquí y no me importa quién nos esté mirando. Se inclina y suavemente acerca su mejilla contra la mía.
—Gracias —susurra.
—¿Por qué? —le susurro.
—Por ser mía.
***
Cuando llegamos a la casa de Pedro, él me lleva adentro y cierra la puerta. Me empuja suavemente con su mano, tocando mi cuerpo con el suyo.
—Estuviste maravillosa esta noche. Has encantado a todos —murmura en mi pelo.
—Pasé un gran momento. Tu familia es maravillosa. —Acaricio su pecho e inhalo su aroma.
—¿Estás seguro de que está bien para ti, con mi familia aquí en la mañana para el almuerzo?
—Por supuesto. Incluso te ayudaré a cocinar.
Se ríe.
—Gracias por la ayuda.
—Es por una buena causa. Ven a la cama.
Me alejo, pero me detiene, sus ojos están repentinamente serios.
—Todavía no.
—¿Estás bien?
—Estoy más que bien. Tengo algo que enseñarte.
—Oh, está bien.
Toma mi mano y me lleva al otro lado de la habitación. Se detiene ante el sistema de sonido y conecta su iPod y lentamente algo suave comienza a salir por los altavoces. Nos conduce a una plataforma, abre una puerta francesa, gira el
interruptor y yo suspiro.
La plataforma se convierte en un lugar suave y romántico.
Ramos de rosas rojas con perlas cubren toda la superficie.
Hay brillantes luces blancas colgadas desde el techo y una pequeña mesa preparada con dos asientos, un cubo de hielo, champán y dos copas.
Me doy vuelta y lo miro, con mis ojos muy abiertos.
—¿Cuándo has hecho todo esto?
—Lo tenía hecho antes, mientras nos preparábamos para la fiesta en tu casa.
—Pedro, es mágico —me quedo sin aliento ante el espacio hermoso. Él es tan romántico.
Envuelve por detrás sus brazos alrededor de mí y entierra su cara en mi cuello.
—¿Qué te parece?
—¡Me encanta! Gracias.
—Ven, siéntate. —Él me lleva al sofá y nos sentamos. Mi vestido flota en mis piernas cuando me siento, su tacto es suave contra mi piel. Sonrío, recordando que no llevo ropa interior. Pedro va a disfrutarlo cuando lo descubra. Vierte champán en las copas y me entrega una. Él brinda golpeando nuestras copas y me tomo un sorbo.
—Es una noche agradable. No está muy frío. —Inclino mi cabeza en la almohada y cierro los ojos, escuchando el agua, que no se puede ver en la oscuridad. Pedro me levanta los pies en su regazo y vuelvo la cabeza, así lo puedo ver.
Me quita los zapatos y comienza a masajearlos.
—Oh, dulce madre de Dios, te amo.
Se ríe.
—¿Te duelen los pies?
—Un poco. Pero estos zapatos lo valen.
—Sí, lo valen. ¿He mencionado cómo te ves de hermosa esta noche?
—Una o dos veces. —Parpadeo y suspiro mientras su pulgar empuja el arco del pie—. Eres tan bueno con las manos.
—Me alegro de que me apruebes.
—Podría acostumbrarme a ello, ya sabes. Todas estas flores, masaje de pies y champagne. Y tú, mi hermoso novio.
Frunce el ceño y mi corazón da un vuelco. ¿Qué he dicho mal?
—Hey. —Saco mis pies de su regazo y me muevo hacia él, sentándome en su regazo.
Él envuelve sus brazos alrededor de mí, me sostiene contra su pecho y mantiene su cara en mi mano—. ¿Qué pasa?
Sus ojos sobre los míos, de un azul intenso y serio y yo sé que algo importante está en su mente.
—Háblame, cariño. —Sigo acariciando su rostro y vuelve la cabeza para presionar un beso en mi mano.
—Supongo que no quiero ser tu novio.
—¿Qué?
Estrecho mis ojos y miro fijamente.
—Bueno, voy a por mis cosas. —Hago un ademán de levantarme, pero él me empuja con más fuerza, apretando la mandíbula y sus ojos están cerrados herméticamente.
—No, eso no es lo que quise decir. No estoy rompiendo contigo.
—¿Qué estás haciendo? —le susurro.
—Quiero hacer de todo. —Abre los ojos y veo, el miedo, la nostalgia y el amor.
¿Qué es esto?
—Yo quería hacer esto durante toda la noche, pero no pude encontrar el momento adecuado, y estoy feliz de no haber podido, porque ahora estamos solos. —Traga saliva y respira profundamente—: Paula, desde que te conocí mi mundo cambió.
Encontré algo contigo, que no sabía que no tenía, pero que era lo que realmente quería. Eres una mujer tan bella por dentro como por fuera. Tú me sedujiste. No puedo quitar mis manos de ti. Eres muy sexy, divertida e inteligente. Tu boca descarada me vuelve loco. —Me sonríe y lleva la punta del dedo a mi labio inferior.
Estoy sin palabras, lo cual es bueno, ya que no parece haber terminado—. No puedo imaginar mi vida sin ti. Tú eres el centro de mi mundo, Pau. Quiero amarte, protegerte, luchar contigo, tener hijos contigo y tenerte a mi lado por el resto de mi vida.
Toma un respiro y saca una pequeña caja azul de Tiffany del bolsillo de los pantalones. Siento que mis ojos, mi ritmo cardíaco y la respiración se encuentran en la velocidad máxima.
Mis ojos buscan los suyos mientras él mantiene la cajita en la mano.
—Paula, se mi esposa. Cásate conmigo.
Esta noche es la fiesta de los padres de Pedro y yo no podría hallarme más emocionada. Estoy poniendo los toques finales a mi maquillaje. ¡Me estoy volviendo muy buena en eso!
Mientras que Pedro se está vistiendo en mi habitación, Juana entra y sale de la habitación, ya sea para pedir algo, solo para opinar sobre algo, o simplemente para hablar porque ella también está nerviosa.
La amo.
Oigo Pedro reír y entro en la habitación. Él está en el teléfono y me ve, sus ojos se oscurecen y me dan una sonrisa de satisfacción.
Misión cumplida. Llevo un vestido negro con apenas una tira en el hombro. Tengo diamantes de imitación a lo largo de la cintura alta y cae en mi Louboutin rojo en los pies. Tengo el cabello recogido, una bella obra de Juana y mis perlas. Me siento sofisticada y sexy.
—Está bien, papá, tengo que irme. Nos encontramos en el club. Solo dile que la llevará a cenar. Ok, adiós.
Él cuelga y se acerca hacia mí.
Él se ve tan guapo con su traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su cabello rubio está en orden, pero estoy segura que se encontrará hecho un lío antes de llegar a la fiesta.
Él pasa su mirada por mi vestido, el pelo y lleva el dedo a la cadena de perlas contra mi piel.
—Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
Me besa, de esa manera que me hace temblar entera y yo paso mis manos por sus suaves mejillas.
—Gracias. También lo estás tú, muy guapo. ¿Te sentirás bien esta noche, con tanta gente allí?
—Sí, voy a estar bien. Soy un actor, ¿recuerdas? Yo puedo hacer este papel para una noche.
—Yo no quiero que te sientas incómodo. —No me engaña. Puedo ver el nerviosismo en sus ojos y la forma en que pone sus manos inquietas en la corbata.
—Conozco a la mayoría de los que van a ir a la fiesta. Mis padres no invitan a un grupo de desconocidos, por lo que será genial. —Me besa la frente y en la esquina de mis labios—. ¿Estás preocupado por mí?
—Por supuesto que sí. Te amo.
Sus ojos se suavizan.
—Yo también te quiero.
—Oye, Pau, ¿me podrías prestar...? ¡Oh, Dios! No tengo tiempo para esto —Juana sacude la cabeza con disgusto y entra en mi armario, saliendo con un par de mis pendientes—. ¿Puedo pedirte prestado estos pendientes?
—Sí —le digo riéndome—. Ese vestido es maravilloso.
—Lo sé, ¿cierto? —Esboza una sonrisa de gato y gira en un círculo lento, mostrando su vestido strapless rojo. Está impresionante en rojo.
—¿Vas a llevar a Agustin esta noche? —le pregunto.
—De ninguna manera, no lo voy a presentar a la familia —Juana asiente inflexible y dejo el asunto. No habla mucho acerca de Agustin.
—Muy bien. —Me encojo de hombros y sonrío—. ¿Quieres unirte a nosotros?
—No, Isaac y Sara vienen a buscarme. Nos vemos allí.
—¿Lista, querida? —me pregunta Pedro.
—Vamos.
***
La fiesta de cumpleaños se celebra en un club de campo en Bellevue, que pertenece a la familia de Pedro. La sala está decorada hermosamente, con arreglos de flores de colores, luces parpadeantes y velas. Hay un banco de madera para dos personas, cerca de la entrada, con marcadores negros para que todos puedan firmar, en lugar de un libro de visitas. Nicolas lo puso en el jardín preferido de Lucia en su casa.
—Pedro, todo es hermoso. Samantha y tu padre hicieron un trabajo excelente. Tu madre se volverá loca.
Pedro me da una gran sonrisa.
—Le va a encantar. Vamos, déjame presentarte a algunas personas.
Tomé dos copas de champán de un camarero y nos mezclamos con la gente en la sala. Estoy emocionada de ver que Helena y Sebastian llegaron, y los abrazo.
—¡Oh, Dios mío, estás tan maravillosa! —Helena está simplemente impresionante, con su corto cabello rubio alrededor de su cara y llevaba un vestido de noche azul real. Sebastian se ve elegante con un traje negro y corbata. No podría estar más orgullosa de ellos.
—Cariño, estás hermosa. —Helena me abraza fuerte, con los ojos brillantes de amor y felicidad.
—Gracias por venir, les caíste muy bien a mis padres. Ellos estarán muy contentos de verte aquí. —Pedro le da la mano a Sebastian y Helena lo besa en la mejilla.
—Gracias por invitarnos. Eres tan hermosa, querida.
—Estamos felices de encontrarnos aquí —responde Sebastian y hace un guiño a Pedro.
¿Eh? Miro a Pedro, preguntándome qué era ese guiño. Pero el rostro de Pedro no muestra nada.
La sala se llena rápidamente con la gente y Pedro me dirige con su mano en mi espalda, me presenta a su familia y amigos. Finalmente, cuando estamos solos, me da una copa de champán y me susurra al oído.
—Estás tan increíblemente hermosa esta noche. Conseguiste deleitar a todos en esta sala.
Su sonrisa es posesiva y el amor está presente en sus palabras.
—Tú eres una persona encantadora. ¿Te estás divirtiendo?
—Sí, estoy muy emocionado al ver la reacción de mi madre. En realidad... —Él mira alrededor de la habitación—. Es hora de que todo el mundo se siente.
Intercambia unas palabras con el líder de la banda, que luego anuncia:
—Señoras y señores, por favor busquen su lugar. Los invitados de honor llegarán pronto.
Pedro y yo nos vamos a sentar en la mesa principal, donde sus padres también estarán. Samantha y su compañero, y su hermano Marcos ya se encuentran sentados.
—Pedro, Paula, este es mi acompañante, Patricio.
Pedro le da la mano, dándole una mirada especulativa y sonrío para mis adentros.
Hermano sobreprotector.
—Hola, preciosa —Marcos me da un guiño, con la típica sonrisa de la familia Alfonso y me abraza—. Es bueno saber que todavía te estás viendo con la mierda de mi hermano. Cuando no lo aguantes lo suficiente, llámame. —Él me guiña el ojo y no puedo parar de reír.
—Deja de coquetear con mi novia. Encuentra la tuya —dice Pedro sonriendo a Marcos, que le devuelve la sonrisa. Sí, estos hombres son los encantadores Alfonso.
Pedro coge mi mano y me besa los dedos mientras tomo mi lugar entre él y Marcos.
De repente, las puertas de la sala de baile se abren y estalla en aplausos. Nicolas está sonriendo cariñosamente a Lucia, mirando alrededor de la habitación grande, al darse cuenta de que conoce a los que están allí. Ella se vuelve hacia Nicolas, con una sonrisa sorprendida y él se inclina y la besa tiernamente.
No puedo escuchar lo que le dice, pero me imagino que sería:
—Feliz cumpleaños, amor mío.
No puedo dejar de sonreír. Lucia lleva un hermoso traje de noche y Nicolas está con un traje negro y corbata roja. Tienen un aspecto joven y feliz, y todavía se aman mucho.
Luego pasan a través de la multitud hacia nuestra mesa, y se detienen a estrechar manos y dar abrazos. Me dirijo a Pedro y sonrío.
—Se ven tan felices. Estoy tan feliz por ellos.
—Yo también. —Besa mi frente y yo decido acercarme a Samantha y tratar dejar las cosas tranquilas con ella.
—Samantha. —Me inclino sobre Pedro, en dirección a su hermana para llamar su atención—. Es una gran fiesta. Has hecho un trabajo fantástico.
Ella se ve sorprendida por un momento, a continuación, pone una sonrisa falsa en su rostro, y mi corazón se hunde.
—Gracias, Paula.
Miro a Pedro y se encoge de hombros. Sacude la cabeza con tristeza y volvemos nuestra atención a sus padres. Abrazo a Lucia, quien dice:
—¡Oh, Paula, esto es tan increíble!
—Estoy tan contenta de que estés sorprendida y feliz, Lucia. Feliz aniversario.
—Gracias. —Me besa en la mejilla y luego envuelve a Pedro en un abrazo.
—Hola, querida —Nicolas me abraza con una sonrisa en su rostro—. ¿Podrías terminar el proyecto en el que estabas trabajando?
—Sí, y lo llevaré mañana el almuerzo. —Habrá un almuerzo en la casa de Pedro mañana por la mañana, para dar a sus padres sus regalos y una fiesta privada para la familia.
—Perfecto. Gracias. —Me sonríe con cariño y se mueve alrededor de la mesa.
—Mis padres te aman —Pedro susurra en mi oído.
—Es recíproco.
Nos sentamos en nuestros asientos y esperamos el discurso de Nicolas, que golpea su vaso de agua con la cuchara y la sala queda en silencio. Alguien le da un micrófono.
—Quiero dar las gracias a todos por venir esta noche y un agradecimiento especial a mi hermosa hija, Samantha, por ser mi socia en el crimen en los últimos meses.Fue difícil mantener el secreto a mi bella esposa.
Él le sonríe y ella se sonroja maravillosamente.
—Soy un hombre muy afortunado. Tuve el honor de pasar todos los días con la mejor persona que he conocido en estos treinta y cinco años. Lucia, tú eres mi mejor amiga, el amor de mi vida, y lo haría de nuevo todos los días. Gracias por aguantar las travesuras de nuestros tres hermosos hijos y por enseñarme a cocinar un filete.
Cuando nos reímos, Lucia seca una lágrima del rabillo del ojo y sonríe a su marido.
—Feliz cumpleaños, amor mío. Vamos por otros treinta y cinco años más. —Lucia es una de las personas que aplauden y besa a Nicolas profundamente. La banda comienza a tocar una música de blues y una deliciosa cena se sirve.
—Entonces, Paula, ¿cómo les fue en Tahití? —Lucia me sonríe cálidamente.
—Caliente, romántico y completamente perfecto —respondo con un guiño—. No quiero volver a casa.
Pedro besa mis dedos.
—No vamos a volver todavía.
La banda comienza a tocar At last de Etta James, y Nicolas se levanta.
—Creo que es nuestra música, hermosa.
Toma su mano y a todos nos parece que se mueven sin esfuerzo en la pista de baile.
Ellos se buscan el uno al otro como si fueran las únicas personas en la sala.
—Tus padres están tan enamorados —le susurro a Pedro.
—Sí, a veces era demasiado para un niño. —Sacude la cabeza, pero sus ojos están llenos de humor—. ¿Nos unimos a ellos?
—Claro.
Cuando él me lleva a la pista de baile, veo otras parejas, como Juana y sus padres, que se levantan para bailar. Pedro me toma en sus brazos y me desliza por el suelo.
—Me encanta bailar contigo. —Paso los dedos por su mejilla y sus ojos azules se iluminan.
—Deberíamos hacer esto más a menudo, entonces.
—Sí, deberíamos. —Le sonrío y sus ojos repentinamente se ponen serios. ¿Qué tiene de malo? ¿Todavía está nervioso por la multitud?
—Pau, yo...
Juana baila con los brazos en torno a los dos primos de Pedro.
—Definitivamente contenta de haber venido sola —me susurra pasando, sonríe y se encoge de hombros y luego nos hace un gesto con un dedo, así que giramos, claramente disfrutando de la noche.
—¿Decías? —le pregunto a Pedro.
Exhala y me tira con fuerza contra él, acariciando mi oído con la nariz y me susurra:
—Te amo.
La noche se mueve rápidamente por arte de magia. Pedro me mantiene siempre cerca, toda la noche, en busca de cualquiera que se atreviera en llamarme para bailar y no puedo dejar de reír de mi hombre posesivo. Nadie pide un autógrafo y Pedro advierte educadamente a Samantha, que el fotógrafo contratado para la ocasión debe ser informado de que las fotos serán propiedad de la familia.
—¡Ahí estás! —Oigo la voz excitada de Sara y le doy un abrazo.
—¡Hola, niña bonita! Te lo dije cuando lo compramos, ese vestido es un golpe de gracia —la miro, admirando su hermoso vestido blanco. Se adapta perfectamente a su cuerpo y ella brilla con felicidad.
—Gracias. El tuyo es increíble. —Isaac me abraza—. Hey, marimacho. Gracias por ayudar a Sara a encontrar este vestido. Es una tortura. Tengo dos semanas más antes de que pueda tocarla y creo que voy a morir.
Todos nos reímos al ver su expresión de dolor y acaricio su rostro.
—Pobre niño. Creo que ella vale la pena esperar.
—Sí. —Su cara se convierte en una dulce sonrisa. Ella lo vale—. ¿Hey, quieres bailar conmigo?
Miro a Pedro y él se encoge de hombros y se vuelve a Sara.
—¿Puedo tener este baile?
Sara con un rubor de un color rojo brillante levanta la mano y él la toma, deslizándola por la habitación.
Yo sé cómo se siente, es un rompecorazones. Isaac es guapo también. Alto y fuerte, con el pelo rubio oscuro y matadores ojos marrones. Estuve enamorada de él durante años.
—¿Te estás divirtiendo? —le pregunto.
—Sí, Sara es especial, así que no puedo quejarme. Pedro es un buen tipo. Yo no estaba tan seguro de ello al principio, pero me gusta.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión?
—Mi padre y yo tuvimos una conversación con él el otro día.
—¿Qué? —¿Por qué no sé nada al respecto?
—Sí, tú estabas trabajando y él invitó a los chicos para el almuerzo. —Se encoge de hombros y sonríe, como si escondiera algo. Conozco Isaac. El hombre es como Fort Knox. Si hay un secreto, no lo va a soltar.
—Oh. No mencionó eso.
—¿No te lo mencionó? —Se encoge de hombros otra vez, como si no fuera gran cosa—. Bueno, mi punto es que me gusta.
—Wow, ¿le estás poniendo el sello de aprobación de hermano mayor? —Yo amplio mis ojos y levanto la barbilla con sarcasmo.
—Mientras se comporte bien, sí.
—Me gusta cuando no se comporta bien. —Parpadeo hacia él y sonrío mientras él se encoge.
—Por Dios Pau, no quiero saberlo. ¿Eres feliz? —Él me mira, con expresión seria y yo me siento amada.
—Lo amo. Él es un buen hombre, Isaac. Él me ama. No se trata de lo que hace para ganarse la vida o lo que sucedió en mi pasado o la cantidad de dinero que tenemos.
Se trata de quién soy cuando estoy con él. —Me encojo de hombros, un poco avergonzada—. Él me hace sentir especial.
—¡Oh, Pau! Eres especial cariño, me alegro de que finalmente te des cuenta de eso.
Es un placer verte enamorada. Ahora, antes de que consigas que me suavice demasiado, ¿puedes tomar una niñera para quedarse por la noche? Necesito un poco de tiempo a solas con mi esposa.
Me río.
—Claro, ¿digamos que en dos semanas?
—Oh, Dios, sí. Gracias.