lunes, 22 de diciembre de 2014

CAPITULO 29




El restaurant queda en un muelle en Puget Sound. Ofrece una excelente vista y buena comida. La maître nos acomoda cerca de las ventanas con vista hacia el agua y estamos ocupados leyendo el menú. Miro a Pedro y no puedo evitar suspirar un poco. Es tan hermoso. Se está mordiendo el pulgar mientras lee el menú.


—¿Puedo tomar tu mano, por favor? —levanto mi mano.


—Tú puedes agarrar mi mano en cualquier momento, bebé. 


—Me lanza una sonrisa sexy pero me da la mano equivocada.


—No, la que estás mordiendo, por favor.


Extiende su mano para mí con una mirada severa, me inclino sobre la mesa y beso su pulgar.


—Vas a terminar lastimándote ese dedo.


Miro por arriba a sus ojos azules como el mar y quedo satisfecha al ver que su respiración cambia y que mi contacto también lo excita.


—No comiences eso aquí, por favor. —Su voz es baja y sexy y hace retorcer mi estómago.


—No entiendo qué quieres decir. —Abro mis ojos inocentemente—. Sólo estoy comprobando que tengas apetito para el almuerzo.


—Voy a decirte de qué tengo apetito. —Me da una sonrisa depredadora pero antes de que pueda responder, la camarera está a nuestro lado.


—¿Qué puedo ofrecerles? ¿Gustarían comenzar con un aperitivo? —Nos mira con una sonrisa pero ella se congela cuando mira a Pedro y toda la sangre se le va del rostro.


—¡Pedro Alfonso! ¡Oh wow! Soy una gran fan, Pedro… er… señor. Vi todas sus películas Nightwalker como unas cuarenta veces. Oh mi Dios, son tan buenas. ¡No puedo creer que esté aquí! ¿Puedo pedirle un autógrafo? ¿Puedo sacarle una foto?—Las palabras salen atropelladas y no puedo evitar que mi mandíbula caiga.


Pedro me mira pero parece encontrar su equilibrio rápidamente y suelta una sonrisa seductora deslumbrante, para la Señorita sentimental, pero no llega a sus ojos y soy consciente que esta es la sonrisa que usa para sus fans.


Es fascinante.


—Lo siento mucho, no me saco fotografías pero me haría feliz firmar alguna cosa para ti.


—¡Oh, fantástico! Aquí. —Ella le da su block de notas y su lapicera.


—¿Cuál es tu nombre, querida? —Oh, él está realmente incómodo con esta situación.


—Helena. ¡Oh mi Dios, espera cuando mis amigos se enteren que te conocí! Van a morir de envidia. —Ella prácticamente está saltando y la sonrisa de Pedro nunca vacila.


—Bueno, yo estoy feliz que te hayan gustado las películas. Aquí está. —Le devuelve el block y ella lo aprieta contra su pecho, su rostro pegajoso y emocionado y tengo que esforzarme de mirar a otro lado para no soltar la carcajada. 


Después de unos largos segundos, con ella aún allí de pie, mirándolo, decido rescatarlo.


—Entonces, hum, nos gustaría pedir ahora, si te parece, Helena.


Ella intenta salir de su trance pero no me mira a los ojos.


—Ah, claro. ¿Qué puedo hacer por ti?


Ella mira a Pedro con expectativa y él sonríe.


—¿Qué te gustaría, bebé? —Y mi hombre está de regreso.


—Voy a querer la ensalada Cesar con salmón, por favor, con limón extra. ¿Qué vinos blancos tienen en el menú? —Todavía estoy mirando los ojos de Pedro y estoy aliviada al ver que sus ojos están danzando con humor.


—Oh, um… —Ella me tiende la lista de vinos y pido un dulce Riesling para tomar con mi ensalada.


—¿Y qué puedo ofrecerle al Sr. Alfonso… er … señor? —Su rostro está en llamas.


—La verdad, quiero lo mismo que mi novia. Parece delicioso.


¡Novia!


—Ok, me avisa si quiere alguna otra cosa. ¡Muchas gracias una vez más por el autógrafo! —Y finalmente se retira.


—¿Estás bien? —pregunto cuando estamos solos.


—Sí, aunque no fue tan malo. ¿Cómo estás tú?


—Lo encontré divertido. No sabía si debía reírme o sentir pena por ella.


—Ey, ¿estás diciendo que no soy un galán? Estoy herido. —Se inclina hacia atrás agarrándose el pecho con la mano sobre el corazón.


—Ah, no, eres definitivamente un galán, junto con otras cosas, Sr. Alfonso… er…señor.


—Tienes una boca atrevida, Paula.


—Estoy feliz de que te hayas dado cuenta.


Resolvemos disfrutar de nuestro almuerzo pero otras camareras y el personal de la cocina vienen hasta la mesa a pedir autógrafos o contar sobre cuánto amaban sus películas y preguntar por qué no está actuando más. Felizmente el restaurant no está muy lleno, por lo que no hay muchos clientes incomodándonos.


Finalmente, cuando pierdo la cuenta de cuántos empleados interrumpen nuestro almuerzo, me excuso con Pedro.


—¿Estás bien? —me pregunta.


—Estoy bien, enseguida vuelvo. —Le doy una sonrisa brillante, reconfortante y dejo la mesa.


Encuentro a Helena cerca del bar.


—Necesito hablar con el gerente, por favor.


—Ah, seguro. Voy a llamarlo. —Ella desaparece en lo que imagino es la cocina y reaparece con una rubia alta, probablemente de mi edad, que no había ido hasta nuestra mesa aun.


—¿Puedo ayudarla, señora?


Virgen Santa, ¿cuándo me volví una señora?


—Espero que sí. Pedro Alfonso y yo estamos almorzando aquí y su equipo nos está interrumpiendo todo el tiempo para pedir autógrafos y hablar con él. Realmente apreciaría si usted les pidiese parar con esto.


Ella frunce la frente cuando escucha mi reclamo.


—Lo siento mucho, no deberían haberlos molestado. Va en contra de nuestra política. ¿Puedo invitarles el almuerzo?


—No es sobre el dinero, es sobre la falta de privacidad. Estoy segura que no es la primera celebridad que viene al restaurant.


—Por supuesto que no. Me haré cargo de eso. Le pido disculpas en nombre del equipo.


Vuelvo a nuestra mesa y veo a Helena gesticulando y pidiendo disculpas a su jefa.


Hay otro empleados al lado de nuestra mesa cuando llego y golpeo en su hombro.


—Su jefa desea hablar con usted.


—¡Oh! Ok. ¡Gracias por los autógrafos! —Él sonríe y se aleja.


—Esto no va volver a suceder —informo a Pedro.


—¿Qué has hecho?


—Fui directo a la gerencia. Otros clientes son una cosa pero no es apropiado que los empleados nos interrumpan cada cinco minutos.


—Pau, eso es exactamente lo que sucede, algunas veces.


—Bien. —Levanto los hombros—. Ellos ya tuvieron bastante de ti. Este es mi almuerzo con mi novio y estoy cansada de compartirlo.


Sus ojos brillan y la sonrisa que me da es aún más brillante que la que le dio a la moza y me derrito un poco.


—Tu novio está aprovechando el encuentro para almorzar contigo.


—Estoy contenta.


Sonrío tímidamente y bebo un poco de vino. El resto de la comida es deliciosa y no nos interrumpen más, a no ser para preguntar si deseamos más vino o postre.


Helena deja la cuenta sobre la mesa y se retira.


Pedro abre, frunce la frente, sonríe y me mira. En vez de la cuenta, hay una nota.



Agradecemos su paciencia y generosidad para con nuestros empleados. El almuerzo de hoy es por cuenta de la casa y por favor acepte esta tarjeta de regalo de $250 y vuelva pronto al
restaurant nuevamente, esta vez sin interrupciones.
La administración.


—Ohh. Creo que mi conversación con la gerente funcionó.


—Parece que ya tenemos un lugar para nuestros futuros encuentros. —Pedro sonríe y guarda la nota en su billetera.




domingo, 21 de diciembre de 2014

AVISO


EL DIA 25 DE DICIEMBRE VOY A SUBIR UNA NOVELA COMO REGALO DE NAVIDAD,LA QUE QUIERA QUE SE LA PASE POR FAVOR DEJENME SU TWITTER.GRACIAS!

LA NOVELA SE LLAMA "LISTA DE DESEOS"





CAPITULO 28




Dejo a Pedro con Juana en la cocina y corro arriba para vestirme. Sonrío para mí misma, al acordarme de la cara de Pedro, cuando se reencontró con Juana, ella se comportó, no volvió a mostrar su lado adolescente y su preocupación disminuyo.


Visto unos jeans que abrazan mi trasero y un top verde, combinando con tacones del mismo color. Puede ser apenas un almuerzo, aunque nunca uso tacones y como Pedro es bastante alto puedo usarlos todo el tiempo. Y al parecer le gusta. Peino mi cabello castaño dejándolo suelto, y me aplico un poco de delineador y rímel. Estoy lista para salir.


Encuentro a Pedro y Juana todavía en la cocina, hablando sobre como cocinan.


—Me gusta asar el tocino. —Pedro está diciendo.


Está de pie, de espaldas hacia a mí, y no ve me entrar en la sala.


—De esa manera hay menos desorden en el horno.


—No me importa cómo se haga. —Envuelvo mis brazos en su cintura y presiono mi nariz en su espalda, sintiendo su aroma. Huele a suavizante de ropa y gel de baño y su camisa es suave contra mi cara—. Mientras termine en mi boca. —
Respondo contra él y lo escucho reír.


Él se voltea y me ofrece una sonrisa enorme.


—Estas linda de verde. Combina con tus ojos. —Pasa los dedos por mi rostro y suspiro.


—Gracias. ¿Mejor que la ropa de antes?


—Mucho. ¿Tienes alguna sesión más para hoy?


—Tengo una más en la noche, alrededor de las 20 horas.


Él arruga la frente.


—¿Por qué tan tarde?


—Muchas personas trabajan durante el día, por eso, a veces, tengo que marcar mis sesiones para la noche. Eso no pasa muchas veces porque prefiero usar luz natural en vez de la del equipo con luz artificial, aunque a veces es necesario.


—¿De qué es? —Me mira pensando y suspiro.


—Apenas una chica, que quiere algunas fotos bonitas para ofrecerlas de regalo de cumpleaños a su esposo.


—Ah, está bien.


Paso la mano por su cabello.


—No te preocupes, cariño. No hay ningún hombre soltero en mi agenda.


—¿Me vas a avisar cuando tengas alguno?


Juana silba y responde.


—Todo eso me recuerda el tiempo que estoy soltera. O que tuve una cita.


Nos despedimos y él me abre la puerta de su Mercedes SUV para que entre.


Cuando está detrás del volante, se inclina y me besa levemente.


—¿Para dónde vamos? —pregunto, cuando enciende el auto.


—¿Qué tal mariscos?


—Vivimos en Seattle. Creo que es un pre-requisito para vivir aquí, el amor por los mariscos.


—Mariscos, entonces. —Él toma mi mano en la suya y me sonríe.


—Estas linda.


—Gracias —Siento mi cara calentarse y miro nuestras manos unidas.


—Tú siempre estas hermoso.


El ríe y balancea la cabeza.


—Es apenas genética.


—¿Qué hiciste hoy? —pregunto, cambiando el tema.


—Fui al gimnasio y entrené.


—¿Tienes un personal trainer? —Es claro que lo tiene.


—Sí, él patea mi trasero —me sonríe, y no puedo dejar de sonreír de regreso.


—¿Cómo fue el yoga?


—Fue genial. Lo amo. ¿Lo has hecho?


—Hmm, no.


—¿No es lo suficiente varonil para ti? —Ruedo mis ojos.


—No es eso, solo me gusta un entrenamiento rigoroso.


—Ven conmigo el miércoles.


Él arruga la frente.


—Podemos hacer un trato.


¿Uh oh, donde va a parar esto?


—¿Qué tipo de acuerdo?


—Voy contigo a yoga el miércoles, si vas al gimnasio conmigo mañana.


Muerdo mi labio y miro por la ventana. Tengo miedo de parecer tonta. No tengo el cuerpo firme y delgado como la mayoría de las mujeres que van al gimnasio. El yoga me mantiene tonificada y flexible.


—No tienes que ir conmigo. —Susurro.


—¿Paula, que fue lo que dije?


—Nada. —No puedo mirarlo a los ojos.


Odio sentirme así, no me siento de esa forma cuando estoy desnuda delante de Pedro.


—¿Bebé, que está mal?— Entra al estacionamiento del restaurante y apaga el motor del auto, se voltea hacia mí en su asiento.


—Nada, yo…


—Mírame. —Su voz es severa y cuando nuestros ojos se encuentran, los de él son fríos.


—Habla conmigo.


—No, te enojes conmigo cuando hablo sobre mi cuerpo. Solo me tienes que dejar entrenar sola. ¿Entrenamos por separado, ok?


—¿Por qué eres tan dura contigo misma?


Esta desconcertado.


—No lo soy. Bien, no lo era, hasta ahora. —Susurro.


—Detén eso. No tienes nada de qué avergonzarte, bebé.


—No tengo vergüenza. Sé que me ves atractiva, y amo eso.


—¿Entonces cuál es el problema?


—No quiero hacer el papel de tonta, solo eso.


—Pero, ¿quieres que vaya a yoga, trate de doblarme como un pretzel y haga el papel de tonto, cierto?


Oh. Buen punto


Me río y coloco mis dedos sobre la boca.


—¿Te estás riendo de mí? —Él sonríe de nuevo y la tensión de mi estómago desaparece.


—No me atrevería.


—¿Entonces, vas conmigo al gimnasio sí o no?


—Me gustaría, si me dejas tomarte una foto.


Sus ojos se abren, y me pateo mentalmente.


—¿Por qué?


—Porque adoraría tomarte una en el yoga. ¡Va a ser divertido!


Él se relaja y se ríe, mientras sale del auto, dando la vuelta para abrir mi puerta.


—Vamos, te quiero ver comer.




CAPITULO 27




Hay días en que el trabajo fluye. Hoy, felizmente, es uno de esos días. Fue difícil salir de la cama de Pedro esta mañana, pero estoy más feliz porque fui a hacer yoga.


Tuve un desayuno tranquilo con Juana, donde conversamos sobre los eventos del fin de semana y conseguí llegar a tiempo para mi sesión de las 11 de la mañana.


Gabriel es un chico sexy de 21 años, con gran potencial para ser modelo. Él tiene el cuerpo y el rostro para eso, me contrató para ayudarlo a reforzar su portafolio.


Acostumbro trabajar más con mujeres o parejas, pero Gabriel es profesional y quiere triunfar, y apenas no consigo decirle que no.


Sin mencionar que es alto, moreno y extremadamente atractivo. No es una mala manera de pasar algunas horas del día. Nos divertimos bastante durante toda la mañana. Gabriel tiene fácilmente más de 1.90m y tiene un cuerpo todo trabajado. No muy diferente de Pedro, trato de concentrarme en el trabajo.


Mientras que Pedro es bronceado y dorado, Gabriel tiene ojos y cabellos oscuros con un toque bronceado y una sombra de barba en una mandíbula esculpida. Él usa unos bóxers increíblemente pequeños, que cubren lo esencial y esta enrollado de la cintura para abajo en una sábana de satín blanco.


—Eres buena en esto Paula. No parece que estoy trabajando.


—Gracias. —Levanto mi cámara hasta mi ojo y comienzo a sacar fotos—. Estas sesiones deben ser divertidas.


—¿Eres soltera? —Pregunta y le ofrece a la cámara una sonrisa medio sexy.


—Uh, no. —Arrugo la frente para él—. No coquetees,Gabriel.


—Disculpa, no consigo resistirme. Estoy en la cama casi desnudo y una bella mujer está sacándome fotos.


Sonrío y cambio la tarjeta de memoria.


¡Hombre, está caliente aquí! Me quito la chaqueta, quedando con el top negro de yoga. Voy hasta el baño, cambio los pantalones de yoga, por unos shorts. Recojo mi cabello y me quito los zapatos.


—Ok, Gabriel, de regreso a la cama.


—¿Cómo puedo resistir eso? — ¡Él es un rompe corazones! Sube de vuelta a la cama y coloca la sabana en sus caderas.


—Ok, de espalda, con un brazo sobre la cabeza. Bueno, no te muevas. —Subo en la cama y encaro sus piernas, con mis pies, estoy de pie sobre él—. Esta va a ser una gran foto. —Estoy sacando varias, satisfecha con las imágenes que estoy
consiguiendo.


—¿Puedo estar serio en algunas?


—Claro, nada de aquella sonrisa sexy. ¡Perfecto!
Click, Click, Click.


Voy por su cuerpo concentrándome en su rostro. Y casi pierdo el equilibrio, me sostiene con la mano alrededor de mis piernas.


—¡Uff ! Gracias.


Me rio y continúo a sacando fotos de su rostro, mientras él mantiene una mano atrás de la cabeza y la otra mano apoyada en mi pierna para mantenerme derecha.


—¿Qué diablos está pasando?


Gabriel y yo brincamos, asustados con el grito de rabia viniendo de la puerta de enfrente.


—¡Pedro! ¡Me asustaste!


Gabriel libera inmediatamente mi pierna, evaluando la situación y el riesgo de ser golpeado en cualquier momento.


—¡Que mierda es esa, Paula!


—¡Para de gritarme! —Salto de la cama y acomodo mi cámara —Gabriel, puedes ir adelantando, vístete. Terminamos aquí.


Gabriel salta fuera de la cama, dejando la sabana caer y desvío mis ojos. Él camina claramente hacia el baño, para vestirse.


—¿Cuál es tú problema? —Le pregunto a Pedro.


—¿Cuál crees? ¡Estabas en la cama con un hombre desnudo y su mano estaba sobre ti!


Tomo una respiración profunda


—Él no estaba desnudo, Pedro. Yo no estoy desnuda.


—Suficientemente cerca de eso. —Responde.


—Hey, por eso te dije que no te alteraras cuando te mostré el estudio.


—No me dijiste que trabajabas con hombres jóvenes desnudos. —Estaba enojado de nuevo.


—No lo hago normalmente. Él es un amigo de un amigo que necesita las fotos para su portafolio. No seas burro con los celos.


—Me dejaste creer que solo trabajabas con mujeres o parejas, Paula.


—Pedro, ya te lo dije, es una excepción.


—No me gusta esto.


—No importa si te gusta o no.


Pedro me mira, como si me estuviera creciendo una segunda cabeza, y pasa las dos manos por su cabello.


Gabriel camina calmamente fuera del baño, totalmente vestido con jeans, camiseta y zapatos deportivos.


—Gracias una vez más, Paula. Fue un gran momento.
Sonrío calurosamente para él.


—De nada, y para mí también lo fue. Debo tener tus fotos listas y editadas esta semana.


Regreso a Pedro, encuentro sus ojos azules fríos fijados en mí. Él está muy enojado.


—¿Cuál es el problema, exactamente, estás loco? —pregunto, mientras regreso a la cama y comienzo a doblar las sabanas.


—Paula, entré en el estudio para encontrar a mi novia de pie con lo que sólo sería apropiado para dormir, sobre la cara de un hombre desnudo en una cama, y él tiene las manos en tu pierna desnuda. Entonces ¿por qué crees que estoy loco? —su voz subió varios niveles, yo estoy presa estúpidamente en una palabra.


—¿Novia?


Detiene su discurso y me mira.


—Sí, mi amor. Pensé que después de este fin de semana, eso estaría bien claro.


Oh. Wow.


—¿Estoy equivocado? —Su voz llena de calma es preocupante.


—Bien, no; creo que no había pensado en eso. —Termino de arreglar la cama y me volteo para mirarlo.


—Pedro, este es mi trabajo.


—No me gusta eso.


—No es tu casa, para decirme que puedo o no hacer.


—No dije eso.


—Eso es lo que estas queriendo decir. Hago esto desde hace años. Nadie jamás paso esa línea. Recuerda, que te dije, no hago sexo aquí y no tengo relaciones sexuales con los clientes. ¿Jesús, tan poca fe tienes en mí?


—No, es solo que… —se pasa las manos por el cabello nuevamente y camina para atrás—. No estaba esperando sentirme de esta manera, cuando vi las manos de él en ti.


—¿Cómo te sentiste? —Inclino la cabeza, mi curiosidad aumentando.


—Como si pudiese matarlo —gruñe.


—Oh.


—Pau, piensa en cómo te sentirías, si tuviera que hacer una escena de amor en una película. Sería un trabajo para mí, y aun así tendría que agarrar a la otra mujer,besarla…


—Para allí. No quiero escuchar sobre eso.


—Es la misma cosa para mí.


Puta mierda.


Respiro profundo y me siento al lado de la cama, de repente cansada.


—Disculpa, no se me ocurrió. Bebé, no había tenido que explicar mis acciones a otro ser humano, en los últimos años.


—Lo sé.


—Estabas celoso.


—Celos es muy poco para definir lo que estaba sintiendo.


—No tienes motivo para estar celoso. Eres todo lo que veo, Pedro, aun cuando no estoy contigo.


Él cierra los ojos con fuerza, como si un gran peso fuera arrancado de sus hombros.


Está usando otra camiseta negra hoy, y jeans negros. Parece joven e increíblemente hermoso.


¡Y soy su novia!


Camino hasta él, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura. Él coloca sus brazos alrededor mío, uniendo sus dedos en mi espalda y apenas nos quedamos mirándonos por un minuto.


—Por favor, no estés enojado conmigo. —Susurro.


—No lo estoy.


—Lo estabas.


—Sí, estaba. —Besa mi frente—. ¿No tienes ropa aquí?


—Sí, hacía calor, entonces me la quite.


Estira los ojos de nuevo y ellos están fríos. Mierda.


—No te alteres de nuevo, eso pasa siempre, no importa a quien este fotografiando.No tengo aire acondicionado aquí.


—¿Por qué no?


—Bien, sinceramente, porque un cuerpo sudado es sexy en la foto.


—Ah. —Arruga la frente.


—Hey, para con eso. No tienes ningún motivo para estar celoso, cariño. —Llevo mis manos a su rostro, amando la aspereza de su barba contra ellas.


—Adoro cuando me llamas así. — Se inclina con mi toque y cierra los ojos.


—¿Te gusta?


—Sí, normalmente solo me llamas por mi nombre.


—¿Eres del tipo cariñoso, no?— Me paro en la punta de mis pies y beso sus labios suavemente y sus ojos se calientan.


—Obviamente, bebé.


—Adoro cuando me llamas bebé.


Ahora, sus ojos brillan como si fuese Navidad.


—¿Por qué?


—Nadie me llamo así antes. —Susurro.


Él suspira y me abraza.


—Me olvido que no tienes experiencia, cuando se trata de relaciones.


—Sí, entonces entiéndeme un poco. Tienes que hacer una curva de aprendizaje. — Le pellizco su prieto trasero y él se ríe.


—Ok, ok. Solo hazme un favor. —Esta serio de nuevo.


—¿Qué?


—Sin más hombres solteros. Por favor.


Hago una mueca y quiero discutir con él.


—Por favor, Paula. Por mí.


—¿Y si tenemos un acompañante en las sesiones?


—Habla conmigo antes de marcar otra sesión con un hombre soltero y discutiremos sobre eso. No me gusta sentirme así. Solo te estoy pidiendo que respetes como me siento.


Bien, cuando lo pone así…


—Ok, hablare contigo primero. —Es una concesión, pero no puedo evitar pensar sobre lo que dijo sobre las escenas de amor y sé que voy a enloquecer por los celos, si estuviese en esa posición.


—¿Tienes alguna escena de amor en tus películas?— Pregunto y observo su rostro.


—¿Por qué crees que a tu amiga le gusta mi trasero desnudo?— sonríe para mí.


—No quiero ver nunca esas películas, Pedro.


—Por mi está bien, bebé.


—Entonces, ¿soy tu novia, no?


—¡Absolutamente! —Me besa profundamente y me sostiene por los hombros.


Cuando se aleja, no aguanto las ganas de acariciar su cabello.


—Ok, vamos a almorzar. Esta discusión me dio hambre.


—Necesitas vestir algo decente en primer lugar