Me acuesto en la cama, cansada de llorar o, irónicamente, dormir.
—No le dije nada sobre él bebe —digo, cuando Juana entra en mi cuarto.
—Lo imagine. ¿Él lo negó?
—Él dijo que fue un almuerzo de negocios sobre una película, que estaba pidiéndole a ella que la protagonice.
Mi voz es uniforme.
—Puede que esté diciendo la verdad.
La miro y ella continúa.
—Paula, si no hubieses acabado de recibir las noticias sobre él bebe cinco segundos antes de ver el programa, ¿estarías reaccionando de la misma manera?
—Sí.
—No pienso así. —Juana sube a la cama conmigo, pero no me toca.
—Querida, creo que hoy fue una montaña rusa emocional para ti.
—Eso es verdad. — Suspiro y coloco un brazo sobre mi rostro—.Nos hemos lastimado muy mal esta noche.
—Lo escuche.
La miro y ella encoje los hombros.
—Mi cuarto está a quince metros de distancia y estabas gritando.
—¿Qué piensas sobre eso? —pregunto porque la amo y ella me ama, y me va a decir la verdad.
—Quieres que te diga la verdad, o haga el papel leal de mejor amiga y etc.
—Uno… dos.
—Está bien. —Ella respira hondo y me mira—. Pedro es la mejor cosa que te ha pasado. No creo que él te esté engañando. Creo que necesita acordarse de ser más cuidadoso en su comportamiento, principalmente en público, porque los malditos paparazzi van a amoldar la verdad a su voluntad, apenas para conseguir una buena historia. Mas él ha estado lejos de todo hace años, y puedo entender porque bajo la guardia.
Ella hace una pausa y me miro atentamente.
—Paula, él te ama. Él tenía lágrimas en los ojos, cuando salió de aquí. Sabe que esta jodido. No es solo eso. — Ella levanta la mano para impedirme hablar—.Tienes que pensar en él bebe también. No estoy diciendo que te quedes con él por él
bebe, estoy diciendo que necesita saberlo, y necesitas acordarte que estas con las hormonas en completa ebullición.
Estoy tratando de procesar todo lo que ella está diciendo. Es cierto. Estoy tratando el asunto de forma inadecuada.
—No quiero que piense que estoy tratando de amarrarlo a que se quede conmigo por causa del bebé —susurro.
—¿Querida, porque pensaría eso? No lo hiciste a propósito.
—Tengo miedo.
—Todo va a estar bien. —Ella me envuelve en sus brazos y me sostiene apretadamente.
***
En la mañana siguiente, estoy comenzando a sentirme un poco tonta. Es increíble lo que una noche de sueño, algunos medicamentos y un buen llanto pueden hacer.
Ahora, ¿cómo puedo hacer eso de forma correcta? Tomo un largo baño y hago una mueca al ver mis ojos hinchados en el espejo. Estoy horrible. Me visto con unos jeans y una sudadera y busco mi anillo de la caja de joyas y lo coloco de regreso a mi mano. Tenemos un montón de cosas para conversar, pero vamos a pasar por eso.
Juana está en la cocina, cuando bajo.
—Estás horrible.
—Gracias. Me siento un poco mejor.
—Muy bien. ¿Vas para su casa?
—Sí.
—Bueno.
—Ok, creo que ya voy.
—Todo va a estar bien.
—Gracias. Por todo, Juana.
—Te amo. Ahora ve a buscar a tu hombre.
Nos sonreímos una a la otra, y salgo de la casa a pie. Voy a pie hasta su casa, necesito un poco de ejercicio y aire fresco.
Él no vive muy lejos. Mientras voy caminando, pienso en todas las maneras en que me demostró en estos últimos meses que me ama. Los cafés, los masajes, como siempre está preocupado por cómo me siento y sobre lo que estoy pensando. También ser posesivo es una demostración de amor. ¡Y las flores! Todas las centenas de flores. Sin mencionar mi cumpleaños, llevarme a Tahití. Sosteniéndome en el avión. La manera como me sostuvo en el cementerio. Mi Dios, él me ama mucho. Y lancé todas esas cosas sobre él anoche. Tengo que disculparme. Tengo que hacer las cosas bien.
Camino más rápido y llego a su casa en menos de quince minutos. Decido tocar la puerta en vez de usar mi llave, porque no estoy segura de cómo voy a ser recibida, pero no responde. Toco el timbre una vez más, y no hay respuesta.
Extraño.
Entro con mi llave y camino por la casa, llamándolo por su nombre. Él no está aquí. Subo las escaleras y tampoco está arriba. La cama está intacta, de la misma manera que estaba ayer cuando salimos, parece que no durmió aquí desde nuestra salida para el aeropuerto. Mierda. ¿En dónde está?
Saco mi teléfono de mi cartera y lo llamo. Toca varias veces, y sale el buzón de voz.
—Hey, soy yo. Estoy en casa, y no estás aquí. Por favor, llámame.
Estoy preocupada. No puedo evitar sentirme hipócrita por haber dejado mi teléfono apagado, y que él estuviera tan preocupado conmigo como para ir a buscarme solo para que yo lo expulsara de mi casa. Envío un mensaje, en el caso de que escuche los mensajes de voz, y bajo las escaleras. Salgo al deck y huelo mis flores.
Siguen lindas gracias al clima frio de otoño. Me siento en nuestro sofá, y no puedo evitar acordarme del sábado en la noche, después de la fiesta de los padres de Pedro, cuando me pidió en matrimonio.
Miro mi anillo y sonrío. ¿Dónde está él?
Trato de llamarlo nuevamente, pero va directo al buzón de mensajes.
De repente, el timbre suena y voy a abrir. Es Samantha.
—Gracias a Dios que estas aquí. —Me abraza y automáticamente la abrazo en respuesta.
—¿Qué va mal?
—Estaba tratando de encontrarte. No sabía tu número de teléfono. Llame a tu casa y Juana me dijo que estarías aquí.
—¿Qué está mal? —repito.
—Es Pedro. Pau, él sufrió un accidente. Tenemos que ir para el hospital.
¡Oh, Dios mío, no!
Mi llanto no para, y yo respiro hondo cuando la enfermera Moni regresa para cambiar la bolsa del suero.
¿Cómo le voy a decir a Pedro que estoy embarazada? Sé que él quiere tener hijos, y yo también, pero todavía no. No estamos casados todavía. No podría soportar que él piense que estoy tratando de atraparlo en algo que no quiere.
Juana prende la TV y cambia los canales, parando cuando encuentra un show de chismes en un programa de entretenimiento.
—Hoy hemos visto a Pedro Alfonso.
¡Puta mierda!
—Él estaba en un almuerzo romántico con Vanessa Horn, una de sus ex coestrellas de las películas Nightwalker. ¿Sera que Pedro finalmente va a salir de su escondite para revivir su antiguo romance con la linda Vanessa? Ellos fueron novios por más de un año, antes de su separación a principios del año pasado. ¡Sentimos el olor del amor en el aire! Vamos a confirmar y los mantendremos actualizados sobre Pedro y Vanessa, en el momento que consigamos más detalles.
Hay una serie de fotos pasando en la pantalla, y son de hoy. Reconozco la camiseta negra y los jean que el llevaba en el avión. El y Vanessa, una bella rubia están de hecho saliendo de un restaurant, su brazo alrededor de sus hombros y él está sonriéndole, la nariz contra su oreja. Después, hay una foto de él envolviendo los brazos alrededor de sus hombros, atrayéndola para un beso. La cámara tiene un ángulo extraño, entonces no puedo ver realmente si es en la boca, pero es obvio que ellos están haciendo alguna cosa. En la foto de al lado, ella está entrando en un auto y él está sosteniendo la puerta para ella. En la última foto, él está entrando en el lado del conductor, en el mismo auto.
—Puta mierda, él me está engañado.
—No podemos afirmar eso.
—¡Lo vi con mis propios ojos!
—Pau, es un paparazzi de mierda. Ellos hacen cualquier cosa.
—Las imágenes no mienten. Yo sé eso mejor que nadie. Viste la manera en que la toco y la miro. ¡Él la beso Juana!
Los celos corren a través de mí y es algo primitivo. Mi corazón late fuerte, y estoy respirando con dificultad, y siento el calor quemar mi rostro.
Si no hubiese tomado la medicina por las náuseas, probablemente ahora estaría vomitando.
—Paula —murmura Juana y sostiene mi mano—. Estoy segura que no es lo que estás pensando.
Balanceo la cabeza y dejo las lágrimas correr.
—Es el fin.
—No,Paula. No lo es. Hablas con él sobre eso mañana.
—No hay nada para hablar. —Balanceo mi cabeza nuevamente, incapaz de creer en lo que vi—. No puedo confiar en él. No puedo vivir esa vida de celebridad con él.
—Estas siendo boba.
—¡Cállate! ¡Deberías estar de mi lado! Eres mi maldita mejor amiga, no la de él. ¡Está jugando conmigo! Acabamos de ver la prueba, muéstrame alguna mierda de lealtad, Juana.
—Lo siento mucho. —Ella comienza a llorar también, y yo me siento una mierda.
—Ven aquí. —Me muevo hacia el borde de la cama, abriendo espacio para que se acueste conmigo, sosteniéndonos, mientras las dos lloramos—. ¿Qué voy a hacer?
—Tomate tu tiempo. Acabas de descubrir que estas embarazada. No estás pensando bien. Date algún tiempo. —Ella acaricia mi cabello y estoy feliz una vez más, porque ella está a mi lado.
—Ok.
Mi teléfono suena, y es un mensaje de Pedro.
Casi termino con las reuniones de hoy, bebé. Te llamo más tarde. Te amo.
—¡Jodete! —lanzo el teléfono y no me preocupo en responder, pero las puertas a las lágrimas se abren. Cerca de cinco minutos después hay otro mensaje.
No hable contigo en todo el día. Te extraño. ¿Estás bien?
—Pau, tienes que hablar con él.
—No. —Apago el teléfono y lo lanzo dentro de mi cartera.
Pocos minutos después, la Dra. Anderson regresa con mis recetas e instrucciones que debo seguir a partir de ahora.
—Ya estas lista para irte, Paula. Buena suerte.
La voy a necesitar. Juana nos lleva hasta la farmacia y después para la casa. Estoy cargada con medicinas y vitaminas. Cuando llego a la casa, voy para mi cuarto y me acuesto a la cama, enrollándome en una bola y lloro como no llore desde la muerte de mis padres. Siento que mi mundo está cayendo literalmente en pedazos, y esencialmente, lo está. No puedo quedarme con Pedro. Él va a buscar excusas para lo que vi hoy, pero no puedo cambiar los hechos. Él estaba con las manos sobre aquella mujer, de una manera intima. Él fue su novio, y me mintió cuando me dijo que nunca más hablo con su ex novia.
Aprieto la mano en mi barriga. Oh, Dios, ¿qué voy a hacer? ¿Y él bebe? ¿Voy a ser madre soltera? ¿Sera que consigo hacerlo? Pero no tengo otra opción. Y ese pensamiento me lleva a las lágrimas nuevamente. Caigo en el sueño, en el medio de la cama, llorando y destrozada por el final de la mejor relación que tuve, la perdida de la única persona con la que pensé que podría pasar el resto de mi vida.
***
—Despierta, Pau. —Despierto con la voz de Pedro.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Sus ojos están preocupados y él está inclinado muy cerca de mí, con el rostro pálido.
—No conseguía hablar contigo, y estaba preocupado. ¿Por qué no me dijiste que estabas enferma?
—¿Quién te dijo que estoy enferma? —Me siento en la cama, y me alejo de él, hace una mueca, confuso.
—Juana dijo que estabas enferma, y que te llevo al Hospital, no pareces estar muy bien.
—Sí, probablemente es contagioso. Deberías irte a tu casa. —Envuelvo mis brazos alrededor de mi cuerpo, y no puedo mirarlo a la cara.
—¿Paula, que va mal?
—No me siento bien.
—Mentira, mírame. ¿Dónde está tu anillo? —Sus ojos fijos en mi mano izquierda.
—En mi caja de joyas.
—¿Por qué no está en tu dedo? —Su voz se está amplificando y comienza a estar desesperado, y yo todavía estoy triste, molesta y con las hormonas en ebullición, y esto no va a terminar bien.
—Pedro, creo que deberías irte a tu casa.
—No. Dime que va mal.
No puedo parar las lágrimas que caen por mi rostro.
Mientras Pedro más se acerca,más me alejo de él.
—Déjame tocarte.
—No. —Balanceo mi cabeza—. Solo quiero que te vayas para casa.
Pedro pasa las manos por su cabello en frustración.
—Pau, ayúdame a entender. Habla conmigo.
—Ya hiciste suficiente.
—¿Qué significa eso?
—¡Vete! —grito.
—¡No! —grita de regreso.
Sostengo mi cabeza en mis manos, y me odio por llorar delante de él.
—Solo tienes que irte —susurro.
—Me estas asustando. ¿Qué está mal?
—Te vi. —Levanto mi cara y lo miro directamente a los ojos—. Te vi con Vanessa en un restaurant en Los Ángeles, te vi con el brazo alrededor de ella y tu nariz contra su oído de mierda, su boca en la de ella y después entrando en un auto con ella.
Él arruga la frente, confundido.
—Ahora sal de aquí.
—Paula, era una reunión en la hora de almuerzo sobre una película, le estoy pidiendo que trabaje en ella. Estaban otras tres personas. ¿No las viste en las fotos?
—No me importa.
—No estoy mintiéndote.
—Sé lo que vi.
—¡Viste exactamente la mierda que el paparazzi quería que vieras! Te lo dije desde el principio de nuestra relación, tienes que hablar conmigo, Paula.
Balanceo mi cabeza con firmeza.
—Me mentiste cuando me dijiste que no hablabas con tu ex novia. Te volviste loco conmigo sobre Agustin, y respete tu pedido, respete tus sentimientos cuando se trata de trabajar con hombres, pero tú no respetas los míos, al punto de explicarme que vas a tener una reunión con tu ex novia, una mujer con la que no solo follaste, sino con quien te ibas a casar. ¿Sera que follaste con ella en el auto?
—¡Jesús Cristo, no! ¿Es eso lo que piensas?
—Solo vete. No puedo confiar en ti y no te quiero aquí.
—Estás haciendo esto más serio de lo que realmente es. ¡Te estoy diciendo, era una reunión de negocios!
—Está bien. Pero todavía no te quiero aquí.
—Joder, Pau. —Se levanta y camina por el cuarto, mirando en todos lados, pasando las manos por el cabello—. ¿Por qué no crees en mí?
—Me mentiste, y eso es una cosa que no te voy a admitir.
—No mentí —grita—. ¡No hable con ella hasta esta semana, cuando le pedí que hiciera la puta película!
¿Ah, porque simplemente no se va? Mis lágrimas están viniendo nuevamente.
—Bebé, no llores. Te lo prometo, no estoy mintiendo sobre esto. —Él camina en mi dirección, pero levanto mi mano, parándolo.
—Necesitas saber lo que me hizo ver aquello. No parecían colegas, Pedro. Tenías tus manos en ella y la expresión en tu rostro… es la misma que me das cuando sonríes para mí.
Él traga en seco y yo continúo.
—Efectivamente rompiste mi corazón y lo pisaste hasta que quedo en polvo, con apenas una mirada. Ahora, estoy triste, destrozada y con las hormonas en ebullición, y no puedo hablar contigo esta noche. Necesito que me des algún
espacio, y lo necesito en este momento, porque apenas puedo mirarte.
—Paula, nosotros dos ya hicimos cosas de las que nos arrepentimos. Joder, tu cuerpo entero es un guion de tus errores.
Pestañeo ¿Sera que él realmente está diciendo eso? ¿De mí?
—Creo que esto va a ser una experiencia más que voy a agregar a mi guion. Ahora sal de mi casa antes de que llame a la policía.
—Yo te amo. —Él está mirando mis ojos, sus propios ojos azules están brillando, con miedo —. Esto no se ha terminado. Te voy a dar algún tiempo más, maldita sea, Pau, no siento más nada por ella.
Él deja mi cuarto y golpea la puerta al salir. Pocos segundos después escucho la puerta de enfrente y entonces escucho su auto ¿el Lexus?, acelerando fuera del garaje.
No dormí en toda la noche. Mi estómago estaba agitado, y sentía un poco de náuseas. Yo sé que es porque Pedro se marcha esta mañana, y esto me pone nerviosa. Con seguridad me preocuparé por él hasta que regrese a casa. No me gusta saber que está volando.
No es como si uno pudiera conducir a Los Ángeles para un día de trabajo. El resplandor verde en el reloj dice que son las cinco de la mañana y Pedro querrá levantarse y prepararse para su vuelo de ocho horas, así que decidí despertarlo. Me encanta despertar con él a mi lado.
Beso su rostro y le paso los dedos por el pelo.
—Despierta, mi amor.
—Um.
—Vamos. —Yo respondo, riéndome de él.—Despierta. Tienes que prepararte para irte.
Se vuelve hacia mí y me envuelve en sus brazos, enterrando su cara en mi cuello.
—Vuelve a dormirte —murmura.
Ah, me encanta estar en sus fuertes brazos.
—Si vuelves a dormir, vas a perder tu vuelo. —Beso sus labios y todavía le paso los dedos por el pelo.
—Quiero que vengas conmigo.
—Vas a estar en casa mañana.
—No me gusta dejarte.
Sonrío y mi corazón se tambalea.
—Voy a estar bien.
—¿Me llevarás al aeropuerto?
—Por supuesto.
Suspira, sus ojos serios, mientras me mira a los ojos.
—¿Estás bien?—froto su cara áspera con la mano.
—Ya te extraño.
—Oh, esto es serio, Sr. Alfonso.
Pedro se ríe y se echa sobre mí. Pasa sus dedos por mi mejilla y me besa suavemente, lo que hace que me derrita.
—Sí, no me gusta estar sin ti.
—A mí tampoco —susurro.
—Me alegra oír eso.
Pasa su nariz contra la mía cuando enlazo su cintura con las piernas. Todavía estamos desnudos después de hacer el amor anoche. Se agita y frota su erección contra mis pliegues suavemente hacia atrás y hacia adelante. Sé que hoy será diferente de la forma en que me tomó en el sofá anoche. Hoy será lento y dulce. Me está besando tiernamente con los ojos abiertos fijos en los míos. Él echa sus caderas hacia atrás y luego se desliza hacia mí, oh, tan lentamente.
—Pedro. —Suspiro contra su boca.
—Te quiero —susurra.
No aumenta el ritmo, él sigue siendo igual lento y constante, dentro y fuera, poniendo mi cara entre sus manos y él es tan hermoso que no puedo contener las lágrimas que caen de las esquinas de mis ojos.
—No llores bebé.— Me seca las lágrimas con sus dedos y frota su nariz contra la mía de nuevo.
—Te quiero tanto —susurro de nuevo a él—. Por favor, mantente a salvo.
Sus ojos se abren, y sé que él puede ver mi vulnerabilidad en mis ojos, y por fin entiende el miedo de este viaje.
—Oh, nena. —Cierra los ojos con fuerza y entierra su cabeza en mi cuello. Paso mis brazos alrededor de él, sujetándome firmemente aumentando gradualmente el ritmo, me gusta, y poco después explotó la presión dentro de mí.
***
—Van a llamar para tu vuelo. Es mejor pasar por la seguridad. —Pedro lleva una gorra de béisbol y gafas de sol con la esperanza de que no ser reconocido en el aeropuerto. Es sexy. Él siempre se ve sexy.
—Disfruta con Juana esta noche. —Él tira de mí y me besa profunda y lentamente.
—Compórtate. —Levanto una ceja y se ríe.
—Nos vemos mañana. Te llamaré cuando llegue al hotel. —Me besa de nuevo, entonces descansa sus labios en mi frente y dibuja una respiración profunda, como si de verdad no quisiera dejarme.
—Muy bien. Buen viaje, mi amor. —Pongo mis manos en el pecho y doy un paso atrás y lo miro caminar hacia la seguridad.
***
—¿Paula? —Juana me llama cuando abro la puerta principal de la casa. Casi no había venido aquí esta semana.
—Sí, soy yo. Realmente no me siento bien, y creo que no tiene nada que ver con el viaje de Pedro.
—¿Pedro ha viajado?
Entro en la cocina. Juana está untando en un pan mantequilla, y cuando el olor llega a mi nariz, se me revuelve el estómago.
—Oh, mierda. —Me dirijo al baño y casi no consigo llegar a tiempo.
—Hey, ¿estás bien? —Ella está de pie en la puerta, mirándome. Juana es una de las pocas personas en el mundo a las que la dejaría verme vomitar.
—Creo que debe ser la gripe. Me sentí enferma toda la mañana. Pensé que eran mis nervios, pero al parecer no.
Mi estómago convulsiona de nuevo y regreso al baño, vomitando violentamente. Juana desaparece y vuelve con un vaso de agua para enjuagarme la boca y limpiarme la ropa. Pone el vaso en el fregadero y pasa un paño húmedo sobre mi cuello y me lamento.
—Gracias.
—Vamos, te vas a la cama. Acuéstate por un rato y ve si mejora tu estómago.
—Ok.
Juana sigue allí. No me siento mal, pero las náuseas son intensas. Odio vomitar. Mi teléfono suena en mi bolsillo cuando me subo a la cama. Es un mensaje de Pedro.
A punto de despegar. Nadie me reconoció. Ya te echo de menos hermosa.
Yo sonrío y contesto rápidamente.
Yo también te echo de menos. Mantente a salvo. Te quiero en casa tan pronto como sea posible, por favor.
Y tengo que vomitar de nuevo. Corro a mi cuarto de baño, y estoy ahí los próximos treinta minutos. Juana viene con paños húmedos y agua, y pone una toalla para que me quede de rodillas.
—Creo que deberíamos ir a Urgencias.
—No, estoy bien. —Me siento un poco mejor que totalmente miserable.
—Sí, me doy cuenta de que estás en plena forma —responde secamente.
—No seas perra.
—Pau, estoy preocupada. No paras de vomitar.
—No tengo nada más que vomitar.
—Sin embargo, todavía tienes arcadas. Esto no es normal, incluso para la gripe. No tienes fiebre.
Mi estómago está empezando a doler mientras todavía me aferro a la taza del baño.
—Pau, no me hagas llamar a mi madre.
—Ella estará de mi lado —respondo.
—Bueno, voy a llamar a Pedro.
—No, él no puede hacer nada desde Los Ángeles de todos modos.
El impulso fue aún más fuerte. ¡Dios, no hay nada más que vomitar! ¿Qué hay de malo en mí?
—Bueno, Pau... entra en el maldito auto.
—Aquí hay un cubo. —Juana sostiene un gran recipiente de plástico en mi cara y me ayuda a entrar en el auto.
—Una hora vomitando incontrolablemente es demasiado. Probablemente estás deshidratada.
Ella me lleva a un hospital cercano, al servicio de urgencias.
Sorprendentemente, está muy tranquilo, rápidamente paso por una fila y me llevan a una habitación. Estoy agradecida de que esté Juana y que sea ella quien informe acerca de mi situación porque no puedo dejar de tener arcadas lo suficientemente como para formar una frase. Me las arreglé para obtener una muestra de orina y ponerme una bata de hospital.
—Paula, mi nombre es Moni, y voy a ser su enfermera hoy. Pon esta pastilla debajo de tu lengua. Se llama Zofran, y ayudará a calmar las náuseas.
Acepto con gratitud el medicamento administrado por la enfermera, y doy una respiración profunda.
—Vamos a hacer algunas pruebas de los signos vitales. —Me sonríe y toma la temperatura, la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
—Todo es normal. Eso es una buena señal. La Dra. Anderson estará aquí un momento.
—Gracias. —Juana acerca una silla a mi lado y mi teléfono empieza a sonar. Es Pedro.
—¿Hola?
—Hola, cariño, estoy en el hotel. ¿Todo bien ahí?
—Sí, todo está bien. Estoy hablando con Juana. —Los ojos de Juana se ensanchan y me susurra: ¿Qué coño estás haciendo? Asiento para que se calle.
—Bueno, eso está bien. Voy a mi primera reunión. Te mando un mensaje de texto lo antes posible.
—Está bien, ten una buena reunión. Te quiero.
—Yo también te quiero —oigo la sonrisa en su voz cuando cuelga.
—Paula...
—Basta. Él no puede hacer nada en L.A. no es necesario que le preocupe. Estará en casa mañana de todos modos.
—Él debe saber que estás en la sala de emergencias. Dios, eres muy terca.
—Esta píldora que me dieron está ayudando con las náuseas. Ellos probablemente me enviaran de vuelta a casa.
—Toc, toc. —Una pequeña mujer rubia asoma la cabeza por la puerta—. Soy la doctora Anderson. He oído que no te sientes bien, Paula.
—Vomité alrededor de una hora y media.
—Ha sido constante, ¿o las náuseas van y vienen?
—Constantes. No podía respirar, hasta que la enfermera me dio esta píldora contra las náuseas.
—Algunos otros síntomas como diarrea, fiebre, ¿dolor abdominal? —ella está apuntando notas en mi gráfica mientras hablamos.
—No, sólo vómitos. Yo estaba un poco enferma esta mañana, pero pensé que sólo eran nervios. Entonces, los vómitos comenzaron.
—Bueno, bueno, parece que podemos estabilizarlo. —Mira mi boca y mi nariz.
—Estas muy deshidratada, así que quiero una prueba de sangre, y también algunas pruebas de fluidos, sacaremos algo de sangre y haremos un examen de orina para saber si es algo, ¿de acuerdo? —me sonríe con cariño.
—Muy bien. ¿Puedo irme a casa?
—Probablemente. Esperemos algunos resultados de las pruebas, y estaré de vuelta pronto, ¿de acuerdo?
—¿Has visto? —Hablo para Juana, después que el médico salió—. Probablemente tengo un resfriado. —La enfermera Moni regresa a la habitación y empieza mi examen.
—¡Oh, no, estaré fuera! —Juana salta y sale corriendo de la habitación. Sonrío a Moni
—Ella odia las agujas así como algunos de nosotros odiamos las arañas.
Moni se echa a reír, toma un poco de sangre y sale de nuevo, dejándome con Juana.
—¿Cómo te sientes? —me pregunta.
—Mejor. Todavía un poco mareada, pero no siento que vaya a vomitar más.
—Muy bien. Estabas empezando a asustarme.
Nos sentamos en un cómodo silencio, miramos nuestros teléfonos, y vemos un poco de televisión. Llevamos esperado mucho tiempo, unas dos horas antes de que regrese el médico de nuevo.
—Lo siento por el retraso. Tuve que esperar a la prueba de sangre, e incluso pedir una aceleración, algunos toman algún tiempo para prepararse. —Se acerca una silla a mi lado y parece que se está preparando para una larga conversación.
Mierda, ¿qué hay de malo en mí?
—Tengo buenas noticias, y otras noticias que también podría ser consideradas como buenas, dependiendo de la forma que elijas mirarlo.
—Muy bien. Me quedo con la buena noticia primero, por favor.
—Estas muy bien de salud. Todos sus signos vitales son normales y todos los exámenes dieron excelentes resultados.
—Bueno.
—Salvo, y aquí otra noticia, de que estás embarazada.
Oigo a Juana suspirar junto a mí, pero yo no lo entiendo.
—¿Qué has dicho?
—Estás embarazada.
—No, eso es imposible. —Niego firmemente—. Tiene que haber un error.
—Ah, ¿sí? —La doctora levanta una ceja—. ¿Por qué piensas eso?
—Tomo la píldora para prevenir el embarazo. Nunca, nunca olvido una píldora. Nunca. Soy un nazi de la píldora.
—La píldora puede ser muy eficaz en la prevención del embarazo, pero al igual que todos los otros medios de prevenir el embarazo puede fallar.
—No, se bien, lo que hago, no puedo estar embarazada.
Veo a Juana coger su teléfono y empieza a marcar vorazmente mientras el médico sonríe pacientemente y me acaricia el pelo.
—Paula, la píldora tiene el 99 por ciento de efectividad cuando se toma correctamente. Hay un uno por ciento de posibilidades de que pueda fallar, y parece que acabas de entrar en esta estadística.
—¿Qué? —El mundo comienza a derrumbarse a mí alrededor.
—Ella tiene razón, Pau. —Juana pone el teléfono en mi cara—. No importa que dudes de la instruida doctora de aquí, pero medico Web está hablando de la misma cosa. El noventa y nueve por ciento de efectividad.
—Creo que es una mala noticia — dice la Dra. Anderson.
Miro a Juana y ella se ve tan sorprendida como yo.
—No lo sé.
La doctora mira mi anillo y sonríe ampliamente.
—Tal vez es sólo un estado de shock. Hicimos un análisis de orina y de sangre para confirmarlo. Me gustaría hacer un ultrasonido para determinar el momento del embarazo.
La enfermera Moni entró en la habitación con una máquina de ultrasonido sobre ruedas. En lugar de colocar una sonda en el estómago, el médico me coloca los pies en los estribos, para usar una sonda vaginal.
—El bebé es demasiado pequeño para verlo con la sonda externa —explica.
¿Bebé? Oh Dios.
La enfermera apaga la luz y todos miramos a la pantalla de la máquina.
De repente, hay un pequeño círculo negro, muy pequeño, y su interior vibra.
—¡Y ahí está! —dice la doctora Anderson sonriendo—. Yo diría que estas de alrededor de seis semanas.
Juana toma mi mano y miramos la pantalla con asombro.
—¿Es el corazón? —le pregunto, señalando el punto de la pantalla nerviosa.
—Sí. Es difícil de entender claramente esta máquina, pero el área de color negro es el líquido amniótico, y lo que es el corazón palpita. Tus náuseas y vómitos es algo que se llama hiperémesis gravídica. Es un malestar que ocurre generalmente en la mañana. Probablemente tendrás muchas náuseas durante el embarazo, por lo que te recetaré alguna píldora contra las náuseas para usar en casa. No van a afectar al bebé. También, debes dejar de tomar la píldora inmediatamente y debes empezar a tomar algunas vitaminas prenatales con ácido fólico, y pedir una cita con tu obstetra para las próximas cuatro semanas.
Ella presiona un botón de la máquina y se imprime una imagen de la ecografía.
—Aquí, algo para guardar. —Me guiña el ojo—. Vamos a mantenerte aquí por un tiempo tomando suero de leche, y comprobando si el vómito está bajo control y, a continuación te irás a casa.
—Ok
Ella se va y Juana y yo nos miramos.
—¿Estás bien? —me pregunta.
—No. Me siento entumecida.
—Me encantó tu anillo. La foto que me enviaste en la noche del sábado no hacía justicia.
—Gracias.
—Bueno, vamos a hablar de esto racionalmente. —Juana toma mi mano entre las suyas y me mira a los ojos—. Él te ama.
—Pensará que estoy tratando de retenerlo.
Ella se ríe y me da la mano.
—Paula, sabes que eso no va a pasar por su cabeza.
—Su familia va a pensar eso.
—¿A quién le importa?
—¡Me pidió que me casara con él!
—Ahora estás balbuceando. Paula, mírame.
—Es demasiado pronto. —Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando la miré.
Gracias a Dios que estas aquí conmigo—. Nos acabamos de conocer, todavía estamos aprendiendo el uno del otro, Juana. Su pedido de mano tiene menos de una semana. Es demasiado pronto.
Las lágrimas llegan más fuertes, cuando mi teléfono suena de nuevo. Dejo que salte el buzón de voz.
—Pau, tienes que hablar con él.
—No voy a hablarlo por teléfono.
—No, pero él se preocupa si no contestas el teléfono. —Mi teléfono suena de nuevo, pero ahora estoy llorando demasiado fuerte para atender.
—Contesta tú. Dile que estoy en el baño o algo así.
—Teléfono de Paula —responde Juana—. No, lo siento Pedro, ella está en el baño.¿Quieres que te devuelva la llamada? Uh huh. Bueno, yo se lo digo. Adiós.
—¿Y bien? —pregunto cuando ella cuelga.
—Él irá a otra reunión, pero te llamará más tarde.
—Muy bien. —Dejo caer la cabeza contra la cama—. Oh, Dios, ¿qué voy a hacer?
—¿De qué estás hablando? Tú y Pedro van a ser padres. —Juana toma otra vez mi mano—. Pau, van a ser unos padres increíbles.
—Es demasiado pronto. —Susurro y pongo mis manos en la cara, llorando incontrolablemente.