miércoles, 31 de diciembre de 2014

CAPITULO 50



Cuando la noche llega a su fin, Pedro tira de mí hacia la pista de baile para un baile final. Mis pies me están matando, pero no puedo rechazarlo. Amo mecerme en sus brazos. Me doy cuenta de que la banda está tocando Come Away With Me, de Norah Jones y me quedo mirándolo asustada. Él está sonriéndome con ternura.


—Creo que ésta es nuestra canción. Estás tan hermosa esta noche, como lo estuviste esa noche en la viña, con las perlas. Me dejas sin aliento, Paula Chaves.


Oh, siento que las lágrimas queman mis ojos cuando lo miro. 


Paso los dedos por su suave pelo rubio.


—Ya sabes cómo poner a una chica a tus pies, Pedro Alfonso.


Sus ojos se fijan en mi cara mientras me mueve en la pista. 


Juro que somos las dos únicas personas aquí y no me importa quién nos esté mirando. Se inclina y suavemente acerca su mejilla contra la mía.


—Gracias —susurra.


—¿Por qué? —le susurro.


—Por ser mía.



***


Cuando llegamos a la casa de Pedro, él me lleva adentro y cierra la puerta. Me empuja suavemente con su mano, tocando mi cuerpo con el suyo.


—Estuviste maravillosa esta noche. Has encantado a todos —murmura en mi pelo.


—Pasé un gran momento. Tu familia es maravillosa. —Acaricio su pecho e inhalo su aroma.


—¿Estás seguro de que está bien para ti, con mi familia aquí en la mañana para el almuerzo?


—Por supuesto. Incluso te ayudaré a cocinar.


Se ríe.


—Gracias por la ayuda.


—Es por una buena causa. Ven a la cama.


Me alejo, pero me detiene, sus ojos están repentinamente serios.


—Todavía no.


—¿Estás bien?


—Estoy más que bien. Tengo algo que enseñarte.


—Oh, está bien.


Toma mi mano y me lleva al otro lado de la habitación. Se detiene ante el sistema de sonido y conecta su iPod y lentamente algo suave comienza a salir por los altavoces. Nos conduce a una plataforma, abre una puerta francesa, gira el
interruptor y yo suspiro.


La plataforma se convierte en un lugar suave y romántico. 


Ramos de rosas rojas con perlas cubren toda la superficie. 


Hay brillantes luces blancas colgadas desde el techo y una pequeña mesa preparada con dos asientos, un cubo de hielo, champán y dos copas.


Me doy vuelta y lo miro, con mis ojos muy abiertos.


—¿Cuándo has hecho todo esto?


—Lo tenía hecho antes, mientras nos preparábamos para la fiesta en tu casa.


—Pedro, es mágico —me quedo sin aliento ante el espacio hermoso. Él es tan romántico.


Envuelve por detrás sus brazos alrededor de mí y entierra su cara en mi cuello.


—¿Qué te parece?


—¡Me encanta! Gracias.


—Ven, siéntate. —Él me lleva al sofá y nos sentamos. Mi vestido flota en mis piernas cuando me siento, su tacto es suave contra mi piel. Sonrío, recordando que no llevo ropa interior. Pedro va a disfrutarlo cuando lo descubra. Vierte champán en las copas y me entrega una. Él brinda golpeando nuestras copas y me tomo un sorbo.


—Es una noche agradable. No está muy frío. —Inclino mi cabeza en la almohada y cierro los ojos, escuchando el agua, que no se puede ver en la oscuridad. Pedro me levanta los pies en su regazo y vuelvo la cabeza, así lo puedo ver.


Me quita los zapatos y comienza a masajearlos.


—Oh, dulce madre de Dios, te amo.


Se ríe.


—¿Te duelen los pies?


—Un poco. Pero estos zapatos lo valen.


—Sí, lo valen. ¿He mencionado cómo te ves de hermosa esta noche?


—Una o dos veces. —Parpadeo y suspiro mientras su pulgar empuja el arco del pie—. Eres tan bueno con las manos.


—Me alegro de que me apruebes.


—Podría acostumbrarme a ello, ya sabes. Todas estas flores, masaje de pies y champagne. Y tú, mi hermoso novio.


Frunce el ceño y mi corazón da un vuelco. ¿Qué he dicho mal?


—Hey. —Saco mis pies de su regazo y me muevo hacia él, sentándome en su regazo.


Él envuelve sus brazos alrededor de mí, me sostiene contra su pecho y mantiene su cara en mi mano—. ¿Qué pasa?


Sus ojos sobre los míos, de un azul intenso y serio y yo sé que algo importante está en su mente.


—Háblame, cariño. —Sigo acariciando su rostro y vuelve la cabeza para presionar un beso en mi mano.


—Supongo que no quiero ser tu novio.


—¿Qué?


Estrecho mis ojos y miro fijamente.


—Bueno, voy a por mis cosas. —Hago un ademán de levantarme, pero él me empuja con más fuerza, apretando la mandíbula y sus ojos están cerrados herméticamente.


—No, eso no es lo que quise decir. No estoy rompiendo contigo.


—¿Qué estás haciendo? —le susurro.


—Quiero hacer de todo. —Abre los ojos y veo, el miedo, la nostalgia y el amor.


¿Qué es esto?


—Yo quería hacer esto durante toda la noche, pero no pude encontrar el momento adecuado, y estoy feliz de no haber podido, porque ahora estamos solos. —Traga saliva y respira profundamente—: Paula, desde que te conocí mi mundo cambió.
Encontré algo contigo, que no sabía que no tenía, pero que era lo que realmente quería. Eres una mujer tan bella por dentro como por fuera. Tú me sedujiste. No puedo quitar mis manos de ti. Eres muy sexy, divertida e inteligente. Tu boca descarada me vuelve loco. —Me sonríe y lleva la punta del dedo a mi labio inferior.


Estoy sin palabras, lo cual es bueno, ya que no parece haber terminado—. No puedo imaginar mi vida sin ti. Tú eres el centro de mi mundo, Pau. Quiero amarte, protegerte, luchar contigo, tener hijos contigo y tenerte a mi lado por el resto de mi vida.


Toma un respiro y saca una pequeña caja azul de Tiffany del bolsillo de los pantalones. Siento que mis ojos, mi ritmo cardíaco y la respiración se encuentran en la velocidad máxima.


Mis ojos buscan los suyos mientras él mantiene la cajita en la mano.


—Paula, se mi esposa. Cásate conmigo.



CAPITULO 49




Esta noche es la fiesta de los padres de Pedro y yo no podría hallarme más emocionada. Estoy poniendo los toques finales a mi maquillaje. ¡Me estoy volviendo muy buena en eso!


Mientras que Pedro se está vistiendo en mi habitación, Juana entra y sale de la habitación, ya sea para pedir algo, solo para opinar sobre algo, o simplemente para hablar porque ella también está nerviosa.


La amo.


Oigo Pedro reír y entro en la habitación. Él está en el teléfono y me ve, sus ojos se oscurecen y me dan una sonrisa de satisfacción.


Misión cumplida. Llevo un vestido negro con apenas una tira en el hombro. Tengo diamantes de imitación a lo largo de la cintura alta y cae en mi Louboutin rojo en los pies. Tengo el cabello recogido, una bella obra de Juana y mis perlas. Me siento sofisticada y sexy.


—Está bien, papá, tengo que irme. Nos encontramos en el club. Solo dile que la llevará a cenar. Ok, adiós.


Él cuelga y se acerca hacia mí.


Él se ve tan guapo con su traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su cabello rubio está en orden, pero estoy segura que se encontrará hecho un lío antes de llegar a la fiesta.


Él pasa su mirada por mi vestido, el pelo y lleva el dedo a la cadena de perlas contra mi piel.


—Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida.


Me besa, de esa manera que me hace temblar entera y yo paso mis manos por sus suaves mejillas.


—Gracias. También lo estás tú, muy guapo. ¿Te sentirás bien esta noche, con tanta gente allí?


—Sí, voy a estar bien. Soy un actor, ¿recuerdas? Yo puedo hacer este papel para una noche.


—Yo no quiero que te sientas incómodo. —No me engaña. Puedo ver el nerviosismo en sus ojos y la forma en que pone sus manos inquietas en la corbata.


—Conozco a la mayoría de los que van a ir a la fiesta. Mis padres no invitan a un grupo de desconocidos, por lo que será genial. —Me besa la frente y en la esquina de mis labios—. ¿Estás preocupado por mí?


—Por supuesto que sí. Te amo.


Sus ojos se suavizan.


—Yo también te quiero.


—Oye, Pau, ¿me podrías prestar...? ¡Oh, Dios! No tengo tiempo para esto —Juana sacude la cabeza con disgusto y entra en mi armario, saliendo con un par de mis pendientes—. ¿Puedo pedirte prestado estos pendientes?


—Sí —le digo riéndome—. Ese vestido es maravilloso.


—Lo sé, ¿cierto? —Esboza una sonrisa de gato y gira en un círculo lento, mostrando su vestido strapless rojo. Está impresionante en rojo.


—¿Vas a llevar a Agustin esta noche? —le pregunto.


—De ninguna manera, no lo voy a presentar a la familia —Juana asiente inflexible y dejo el asunto. No habla mucho acerca de Agustin.


—Muy bien. —Me encojo de hombros y sonrío—. ¿Quieres unirte a nosotros?


—No, Isaac y Sara vienen a buscarme. Nos vemos allí.


—¿Lista, querida? —me pregunta Pedro.


—Vamos.



***


La fiesta de cumpleaños se celebra en un club de campo en Bellevue, que pertenece a la familia de Pedro. La sala está decorada hermosamente, con arreglos de flores de colores, luces parpadeantes y velas. Hay un banco de madera para dos personas, cerca de la entrada, con marcadores negros para que todos puedan firmar, en lugar de un libro de visitas. Nicolas lo puso en el jardín preferido de Lucia en su casa.


—Pedro, todo es hermoso. Samantha y tu padre hicieron un trabajo excelente. Tu madre se volverá loca.


Pedro me da una gran sonrisa.


—Le va a encantar. Vamos, déjame presentarte a algunas personas.


Tomé dos copas de champán de un camarero y nos mezclamos con la gente en la sala. Estoy emocionada de ver que Helena y Sebastian llegaron, y los abrazo.


—¡Oh, Dios mío, estás tan maravillosa! —Helena está simplemente impresionante, con su corto cabello rubio alrededor de su cara y llevaba un vestido de noche azul real. Sebastian se ve elegante con un traje negro y corbata. No podría estar más orgullosa de ellos.


—Cariño, estás hermosa. —Helena me abraza fuerte, con los ojos brillantes de amor y felicidad.


—Gracias por venir, les caíste muy bien a mis padres. Ellos estarán muy contentos de verte aquí. —Pedro le da la mano a Sebastian y Helena lo besa en la mejilla.


—Gracias por invitarnos. Eres tan hermosa, querida.


—Estamos felices de encontrarnos aquí —responde Sebastian y hace un guiño a Pedro.


¿Eh? Miro a Pedro, preguntándome qué era ese guiño. Pero el rostro de Pedro no muestra nada.


La sala se llena rápidamente con la gente y Pedro me dirige con su mano en mi espalda, me presenta a su familia y amigos. Finalmente, cuando estamos solos, me da una copa de champán y me susurra al oído.


—Estás tan increíblemente hermosa esta noche. Conseguiste deleitar a todos en esta sala.


Su sonrisa es posesiva y el amor está presente en sus palabras.


—Tú eres una persona encantadora. ¿Te estás divirtiendo?


—Sí, estoy muy emocionado al ver la reacción de mi madre. En realidad... —Él mira alrededor de la habitación—. Es hora de que todo el mundo se siente.


Intercambia unas palabras con el líder de la banda, que luego anuncia:
—Señoras y señores, por favor busquen su lugar. Los invitados de honor llegarán pronto.


Pedro y yo nos vamos a sentar en la mesa principal, donde sus padres también estarán. Samantha y su compañero, y su hermano Marcos ya se encuentran sentados.


—Pedro, Paula, este es mi acompañante, Patricio.


Pedro le da la mano, dándole una mirada especulativa y sonrío para mis adentros.


Hermano sobreprotector.


—Hola, preciosa —Marcos me da un guiño, con la típica sonrisa de la familia Alfonso y me abraza—. Es bueno saber que todavía te estás viendo con la mierda de mi hermano. Cuando no lo aguantes lo suficiente, llámame. —Él me guiña el ojo y no puedo parar de reír.


—Deja de coquetear con mi novia. Encuentra la tuya —dice Pedro sonriendo a Marcos, que le devuelve la sonrisa. Sí, estos hombres son los encantadores Alfonso.


Pedro coge mi mano y me besa los dedos mientras tomo mi lugar entre él y Marcos.


De repente, las puertas de la sala de baile se abren y estalla en aplausos. Nicolas está sonriendo cariñosamente a Lucia, mirando alrededor de la habitación grande, al darse cuenta de que conoce a los que están allí. Ella se vuelve hacia Nicolas, con una sonrisa sorprendida y él se inclina y la besa tiernamente.


No puedo escuchar lo que le dice, pero me imagino que sería:
—Feliz cumpleaños, amor mío.


No puedo dejar de sonreír. Lucia lleva un hermoso traje de noche y Nicolas está con un traje negro y corbata roja. Tienen un aspecto joven y feliz, y todavía se aman mucho.


Luego pasan a través de la multitud hacia nuestra mesa, y se detienen a estrechar manos y dar abrazos. Me dirijo a Pedro y sonrío.


—Se ven tan felices. Estoy tan feliz por ellos.


—Yo también. —Besa mi frente y yo decido acercarme a Samantha y tratar dejar las cosas tranquilas con ella.


—Samantha. —Me inclino sobre Pedro, en dirección a su hermana para llamar su atención—. Es una gran fiesta. Has hecho un trabajo fantástico.


Ella se ve sorprendida por un momento, a continuación, pone una sonrisa falsa en su rostro, y mi corazón se hunde.


—Gracias, Paula.


Miro a Pedro y se encoge de hombros. Sacude la cabeza con tristeza y volvemos nuestra atención a sus padres. Abrazo a Lucia, quien dice:
—¡Oh, Paula, esto es tan increíble!


—Estoy tan contenta de que estés sorprendida y feliz, Lucia. Feliz aniversario.


—Gracias. —Me besa en la mejilla y luego envuelve a Pedro en un abrazo.


—Hola, querida —Nicolas me abraza con una sonrisa en su rostro—. ¿Podrías terminar el proyecto en el que estabas trabajando?


—Sí, y lo llevaré mañana el almuerzo. —Habrá un almuerzo en la casa de Pedro mañana por la mañana, para dar a sus padres sus regalos y una fiesta privada para la familia.


—Perfecto. Gracias. —Me sonríe con cariño y se mueve alrededor de la mesa.


—Mis padres te aman —Pedro susurra en mi oído.


—Es recíproco.


Nos sentamos en nuestros asientos y esperamos el discurso de Nicolas, que golpea su vaso de agua con la cuchara y la sala queda en silencio. Alguien le da un micrófono.


—Quiero dar las gracias a todos por venir esta noche y un agradecimiento especial a mi hermosa hija, Samantha, por ser mi socia en el crimen en los últimos meses.Fue difícil mantener el secreto a mi bella esposa.


Él le sonríe y ella se sonroja maravillosamente.


—Soy un hombre muy afortunado. Tuve el honor de pasar todos los días con la mejor persona que he conocido en estos treinta y cinco años. Lucia, tú eres mi mejor amiga, el amor de mi vida, y lo haría de nuevo todos los días. Gracias por aguantar las travesuras de nuestros tres hermosos hijos y por enseñarme a cocinar un filete.


Cuando nos reímos, Lucia seca una lágrima del rabillo del ojo y sonríe a su marido.


—Feliz cumpleaños, amor mío. Vamos por otros treinta y cinco años más. —Lucia es una de las personas que aplauden y besa a Nicolas profundamente. La banda comienza a tocar una música de blues y una deliciosa cena se sirve.


—Entonces, Paula, ¿cómo les fue en Tahití? —Lucia me sonríe cálidamente.


—Caliente, romántico y completamente perfecto —respondo con un guiño—. No quiero volver a casa.


Pedro besa mis dedos.


—No vamos a volver todavía.


La banda comienza a tocar At last de Etta James, y Nicolas se levanta.


—Creo que es nuestra música, hermosa.


Toma su mano y a todos nos parece que se mueven sin esfuerzo en la pista de baile.


Ellos se buscan el uno al otro como si fueran las únicas personas en la sala.


—Tus padres están tan enamorados —le susurro a Pedro.


—Sí, a veces era demasiado para un niño. —Sacude la cabeza, pero sus ojos están llenos de humor—. ¿Nos unimos a ellos?


—Claro.


Cuando él me lleva a la pista de baile, veo otras parejas, como Juana y sus padres, que se levantan para bailar. Pedro me toma en sus brazos y me desliza por el suelo.


—Me encanta bailar contigo. —Paso los dedos por su mejilla y sus ojos azules se iluminan.


—Deberíamos hacer esto más a menudo, entonces.


—Sí, deberíamos. —Le sonrío y sus ojos repentinamente se ponen serios. ¿Qué tiene de malo? ¿Todavía está nervioso por la multitud?


—Pau, yo...


Juana baila con los brazos en torno a los dos primos de Pedro.


—Definitivamente contenta de haber venido sola —me susurra pasando, sonríe y se encoge de hombros y luego nos hace un gesto con un dedo, así que giramos, claramente disfrutando de la noche.


—¿Decías? —le pregunto a Pedro.


Exhala y me tira con fuerza contra él, acariciando mi oído con la nariz y me susurra:
—Te amo.


La noche se mueve rápidamente por arte de magia. Pedro me mantiene siempre cerca, toda la noche, en busca de cualquiera que se atreviera en llamarme para bailar y no puedo dejar de reír de mi hombre posesivo. Nadie pide un autógrafo y Pedro advierte educadamente a Samantha, que el fotógrafo contratado para la ocasión debe ser informado de que las fotos serán propiedad de la familia.


—¡Ahí estás! —Oigo la voz excitada de Sara y le doy un abrazo.


—¡Hola, niña bonita! Te lo dije cuando lo compramos, ese vestido es un golpe de gracia —la miro, admirando su hermoso vestido blanco. Se adapta perfectamente a su cuerpo y ella brilla con felicidad.


—Gracias. El tuyo es increíble. —Isaac me abraza—. Hey, marimacho. Gracias por ayudar a Sara a encontrar este vestido. Es una tortura. Tengo dos semanas más antes de que pueda tocarla y creo que voy a morir.


Todos nos reímos al ver su expresión de dolor y acaricio su rostro.


—Pobre niño. Creo que ella vale la pena esperar.


—Sí. —Su cara se convierte en una dulce sonrisa. Ella lo vale—. ¿Hey, quieres bailar conmigo?


Miro a Pedro y él se encoge de hombros y se vuelve a Sara.


—¿Puedo tener este baile?


Sara con un rubor de un color rojo brillante levanta la mano y él la toma, deslizándola por la habitación.


Yo sé cómo se siente, es un rompecorazones. Isaac es guapo también. Alto y fuerte, con el pelo rubio oscuro y matadores ojos marrones. Estuve enamorada de él durante años.


—¿Te estás divirtiendo? —le pregunto.


—Sí, Sara es especial, así que no puedo quejarme. Pedro es un buen tipo. Yo no estaba tan seguro de ello al principio, pero me gusta.


—¿Qué te hizo cambiar de opinión?


—Mi padre y yo tuvimos una conversación con él el otro día.


—¿Qué? —¿Por qué no sé nada al respecto?


—Sí, tú estabas trabajando y él invitó a los chicos para el almuerzo. —Se encoge de hombros y sonríe, como si escondiera algo. Conozco Isaac. El hombre es como Fort Knox. Si hay un secreto, no lo va a soltar.


—Oh. No mencionó eso.


—¿No te lo mencionó? —Se encoge de hombros otra vez, como si no fuera gran cosa—. Bueno, mi punto es que me gusta.


—Wow, ¿le estás poniendo el sello de aprobación de hermano mayor? —Yo amplio mis ojos y levanto la barbilla con sarcasmo.


—Mientras se comporte bien, sí.


—Me gusta cuando no se comporta bien. —Parpadeo hacia él y sonrío mientras él se encoge.


—Por Dios Pau, no quiero saberlo. ¿Eres feliz? —Él me mira, con expresión seria y yo me siento amada.


—Lo amo. Él es un buen hombre, Isaac. Él me ama. No se trata de lo que hace para ganarse la vida o lo que sucedió en mi pasado o la cantidad de dinero que tenemos.
Se trata de quién soy cuando estoy con él. —Me encojo de hombros, un poco avergonzada—. Él me hace sentir especial.


—¡Oh, Pau! Eres especial cariño, me alegro de que finalmente te des cuenta de eso.
Es un placer verte enamorada. Ahora, antes de que consigas que me suavice demasiado, ¿puedes tomar una niñera para quedarse por la noche? Necesito un poco de tiempo a solas con mi esposa.


Me río.


—Claro, ¿digamos que en dos semanas?


—Oh, Dios, sí. Gracias.



martes, 30 de diciembre de 2014

CAPITULO 48




La melancolía vuelve hacia a mí cuando nos acercamos al cementerio. Vamos en mi auto, porque el cementerio es grande.


—Lo siento, cariño, pero esto puede convertirse en un día triste para mí. No hago esto muy a menudo porque generalmente no soy una buena compañía después de venir aquí.


Besa mis dedos suavemente y suspira pesadamente.


—Querría tanto que nunca tuvieras que pasar por esto, Pau. Es algo que no puedo solucionar por ti, y me gustaría hacer cualquiera cosa, si pudiera.


—Lo sé —susurro.


Dentro del cementerio, estacionamos cerca de la gran lápida de mis padres.


Después de salir del auto, voy hasta el asiento trasero para coger dos ramos de flores, lirios para mi padre y girasoles para mi madre. Esas eran sus flores favoritas.


Voy hasta donde ellos descansan, Pedro camina solo a unos pasos atrás dándome espacio. Siempre sabe qué hacer para consolarme. Tengo que agradecerle más tarde.


Esta sección del cementerio queda en una colina, con una bella vista de la ciudad y del Space Needle.


Vuelvo hacia la gran lápida de mármol, negra. Me arrodillo delante de ella, sin importarme el suelo mojado ni las hojas húmedas sueltas, solo preocupándome en limpiar la lápida, mis ojos evitando sus nombres y las fechas de nacimiento. 


Coloco las flores bajo sus nombres y, luego, me siento sobre los talones y miro hacia arriba.


Chaves está escrito en letras grandes y gruesas en la parte superior, sus nombres y fechas están abajo. Donde hay escrito: soy de mi amado y mi amado es mío.


Me inclino hacia delante y apoyo las palmas de las manos sobre el mármol plano, liso y frío, sobre cada uno de sus preciosos nombres y cierro los ojos, dejando que mis recuerdos inunden mi mente.


Pedro se arrodilla a mi lado y pone la mano sobre el centro de mis manos.


—Habla sobre ellos, bebé. —Su voz es ronca y me acaricia la espalda suavemente.


No lo miro, solo mantengo mis ojos cerrados y mis manos sobre la lápida, cuando comienzo a hablar.


—A mi madre le gustaba cocinar. Amábamos hacer bizcochos todo el fin de semana, aun cuando estaba en la universidad. Era hermosa y me abrazaba todo el tiempo.


Las lágrimas están fluyendo, corriendo libremente por mi rostro, mezclándose con la lluvia que caía a nuestro alrededor.


—Ella tenía una MBA7 de Stanford, pero en vez de dejarme en una guardería, optó por quedarse en casa y cuidar de mí. Y siempre me dijo que fue la mejor cosa que hizo, y que estaba muy agradecida por la oportunidad de poder cuidarme a mí y de mi papá. Ella era tan inteligente y divertida, era mi mejor amiga —susurro y limpio las lágrimas de mi rostro, antes de regresar mi mano a la lápida.


»—Mi padre era muy divertido, pero de una manera más seca. Estaba loco por mi madre. El sol salía y despertaba con ella, vivía preocupado por ella. La consentía incesantemente, esa es una de las cosas que haces conmigo y que me hace recordarlos. —Sonrío para mí misma—. No importa cuán agitado había sido su trabajo, siempre volvía a la casa con nosotras, toda la noche. Era un hombre brutal en los negocios, pero en casa, era el hombre más gentil que conocí. Cuando llegó la hora de defender a su hija, fue tan voraz y tenaz, que no había como pararlo. Ellos eran el centro de mi mundo.


Sujeto mi cabeza con mis manos, balanceándome hacia delante y hacia atrás, dejando el pesar caer sobre mí. Pedro me envuelve en sus brazos y atrae a su pecho,meciéndome y murmurando palabras que no comprendo contra la cima de mi cabeza. Me besa y me dice que lo siente.


Finalmente, cuando las lágrimas dejan de caer, limpio mi nariz en la manga de mi blusa, y miro hacia la piedra negra, sus nombres y fechas y la inscripción abajo.


—También cumplirían treinta y cinco años de casados este año. —Suspira y besa mi cabeza nuevamente—. Trataron de concebirme durante siete años. Intentaron de todo, pero nada funcionó, entonces desistieron y se resignaron con la idea de que no tendrían hijos, o tal vez adoptaran más tarde. Mi madre era socia en una empresa, y sus vidas fueron tomando un rumbo en que no tener hijos era más adecuado.
»—Y, de repente, en el octavo año, quedó embaraza. Casi me perdió a los cinco meses, y soportó muchos meses de reposo absoluto en la cama, pero aquí estoy, sana y salva.


—Gracias a Dios —susurra Pedro.


—Los echo de menos. —Comienzo a llorar de nuevo.


—Lo sé, cariño.


Nos quedamos arrodillados ahí, en el suelo mojado con la lluvia cayendo sobre nosotros, por un largo tiempo. 


Parecieron horas, pero podrían ser solo unos minutos. Al final, Pedro se levanta y me alza en sus brazos, envolviéndome contra su pecho, y me lleva hasta el auto. Pasa el cinturón de seguridad sobre mí, y besa mi frente.


Mientras camina hasta el lado del conductor, atraigo mis rodillas hacia arriba y envuelvo mis brazos alrededor, haciéndome un ovillo, y lloro todo el camino hasta casa.


Pedro me lleva hasta su cuarto. No estoy llorando, pero me siento exhausta, mis ojos duelen, y estoy triste. Me coloca suavemente sobre la cama y me saca los zapatos.


—Levanta un poco, cariño. —Obedezco y saca mis vaqueros sucios—. Brazos hacia arriba —dice, y saca la camisa por encima de mi cabeza.


Saca mi sujetador y toma mis hombros con las manos, guiándome de vuelta a la cama. Camina hasta un armario y coge una camiseta blanca, moviéndose detrás de mí y deslizándola sobre mi cabeza. Se saca sus propias ropas sucias y agarra una nueva camiseta y pantalones de pijama.


Pedro toma el cubrecama y me tapa con él.


—Estamos a medio día —protesto, pero besa mi frente y pasa los dedos por mi mejilla.


—Toma una siesta. Estás triste, bebé. Voy a tomar mi laptop y sentarme aquí contigo, ¿bien?


—Gracias. —Agarro su mano y la llevo a mi rostro, frotando la palma de la mano en mí—. Gracias por hoy. Te amo mucho. No sé qué haría sin ti.


Siento las lágrimas comenzando de nuevo y me avergüenzo.


—Oye, calma, bebé. —Está besando mi frente y mi mejilla, acariciándome con la mano libre suavemente hacia arriba y hacia abajo en mi espalda—. Nada va a pasar conmigo. Ve a dormir. Estaré de vuelta.


Toma su teléfono y lo apaga y hace lo mismo con el mío, empuja el cubrecama alrededor de mis hombros y se va.


Pocos minutos después, está de regreso con una botella grande de agua y su laptop.


Se arrastra en la cama cerca de mí. Levantando su mano, acaricia mi cabello hacia atrás con los dedos y me sonríe suavemente.


—Te amo, niña bonita. Duerme un poco. Te despierto después.


—Está bien —susurro y cierro los ojos, apreciando las caricias rítmicas. Con los dedos de Pedro en mi cabello, finalmente me duermo.