domingo, 28 de diciembre de 2014

CAPITULO 44




—Estoy nerviosa. —Miro a Juana y me estremezco—. ¿Y si no me gusta?


—Entonces mientes, sonríe con tus dientes bonitos y dile que le quieres. Eso es lo que las novias hacen, no importa lo que sus novios hacen para ganarse la vida.


Ella busca a través de mi armario, buscando algo para llevar al cine esta noche.


—¿A quién llevas esta noche? —pregunto, mientras pongo mi vestido negro por encima de mi cabeza, y me calzo mis Manolo Blahnik negros.


—No me preguntes.


—Oh, ¿todo bien?


—Llevaré a mi jefe.


—¡Mierda santa! Pensé que ya no te estabas viendo con él. ¿Qué ha pasado?


—No estamos realmente saliendo.


—¿Están durmiendo juntos?


—No. Definitivamente no. No es tan malo como pensé. Una vez que la restricción desapareció... bueno, él es un gran tipo. Y pensé, ¿por qué no llamarlo? —se muerde el labio y puso mis pendientes de plata.


—Espero que sepas lo que estás haciendo, Juana.


—No estoy segura de lo que estoy haciendo, pero es solo una noche. Por favor, sé buena, ¿ok?


—Yo soy el epítome de la persona cool. Me ofende que pienses lo contrario. —Ella me sonríe, cuando suena el timbre de la puerta.


—Uno de nuestros niños está aquí. —Camino a la puerta, lista para salir—. ¡Yo voy!


Corro por las escaleras y abro la puerta para encontrar un enorme ramo de rosas rojas que me mira.


—Bueno, hola


Pedro ladea su cabeza a un lado y me sonríe.


—Hola, preciosa, esto es para ti.


—Gracias, mi amor. —Entierro mi nariz en ellas y oliendo el delicioso aroma que viene de dentro, cierro la puerta detrás de él. Se ve fantástico con una camisa azul que coincide con sus ojos y un pantalón caqui.


—Estás preciosa —susurra y beso sus labios suavemente.


—Tú estás impresionante. —Me pasa la mano por la cara y me sonrojo.


—Vamos, tengo que ponerlas en agua, y luego tengo que ir a ver la película de mi novio esta noche.


Pedro se ríe.


—¿Lo harás? Esto es realmente genial.


—Lo sé. Él es muy famoso, pero no puedo decir quién es, porque somos personas discretas. —Asiento con la cabeza a sabiendas de él, mis ojos muy abiertos.


—¿Estás segura de que no puedo sacarte esta información? —Él envuelve sus brazos alrededor de mí, mientras pongo las flores en un florero.


—No, mis labios están sellados.


—Maldita sea, y aquí estoy esperando para conseguir algo de ti. —Acaricia mi cuello y yo suspiro.


—Bueno, probablemente podría salir contigo más tarde después de mi encuentro.


Pedro aprieta mis costillas y grito.


—Sobre mi cadáver. Tú eres mía. Acostúmbrate a ello.


Me dirijo a sus brazos y paso mis manos por su pelo, sonriendo para él.


—Tú eres lo único que siempre he querido, mi amor. —Sus ojos se suavizan y me da ese beso que me deja con la piel de gallina.


—Igualmente, bebé.


—Oh Dios mío, ¿quieren parar? —Juana gira los ojos cuando entra en la habitación y Pedro sonríe con aire de suficiencia y me besa en la mejilla.


—No.


—Entonces paren ya. Agustin acaba de enviar un mensaje, él estará aquí en unos pocos...


Y después suena el timbre.


—Está aquí ahora. Yo lo recogeré.


Ella sonríe y se acerca a la puerta.


—¿Quién es el tipo? —pregunta Pedro.


—Un tipo con el que trabaja —respondo y las cejas de Pedro se disparan.


—¿En serio?


—Sí. Puede ser interesante.


—Ven a conocerlos. —Juana entra en la cocina y detrás de ella está un hombre muy atractivo, vestido con pantalones vaqueros oscuros y una camiseta de manga larga negra. Es alto, al igual que Pedro, con hombros anchos y caderas estrechas, lleva el pelo oscuro recogido en una coleta en la nuca, los ojos grises y una mandíbula cuadrada. Sí, él es digno de un desmayo, como dijo Juana. También tiene ojos amables, y no puede sacarlos de la cara de Juana mientras nos presenta. Él está atrapado.


—Agus, esta es mi mejor amiga Paula, vivimos juntos en esta casa, y su novio, Pedro Alfonso.


Agustin nos saluda y sonríe a Pedro.


—Es un placer. No puedo decir que he sido un gran fan de las películas que has hecho hace años, pero amo las películas que produces actualmente. Estaba ansioso esperando el estreno de esta película. —Le sonríe los dos y luego se retira a tomar su brazo alrededor de los hombros de Juana.


—Bueno, espero que les guste. —Pedro se ve relajado y deja escapar un pequeño suspiro de alivio.


—¿Vamos? Me muero de hambre.


—Vamos. —Pedro coge mi mano y entramos todos en su Mercedes, yo delante con Pedro y Juana y Agustin en el asiento trasero.


—¿Dónde quieren cenar? —pregunta Pedro.


Vuelvo la cabeza para ver lo que quieren, y veo a Agus besar la mano de Juana.


Solo buenos amigos, mi culo.


—¿Y el restaurante de comida mexicana, al que fuimos la semana pasada? —le pregunto.


—Es tranquilo y tienen deliciosos margaritas. —Juana y Agustin asienten.


—Entonces mexicano. —Pedro coge mi mano, me besa los dedos, y me sonríe tímidamente.


El restaurante está relativamente tranquilo para una noche de viernes. Los propietarios conocen a Pedro y nos llevan a una mesa privada en la parte de atrás, donde nadie podía vernos. Después de unos nachos y de tomar los pedidos, nos relajamos para disfrutar los mejores margaritas y conocer a Agustin mejor.


—Por lo tanto, Agustin, ¿qué haces? —pregunta Pedro.


—Yo trabajo en la misma empresa de inversión de Juana —dice y le sonríe a Juana.


—¿Cuánto tiempo llevas trabajando en este campo? —dice Pedro .


—Unos ocho años.


Mantenemos esa conversación en la cena. Agustin es amable, atento, y con claridad está completamente loco por Juana. Y, obviamente, el sentimiento es mutuo. Pedro pone su mano en mi muslo y aprieta, entrelazo los dedos en los suyos.


—¿Tu navegas? —Agustin pregunta cambiando de tema.


—He navegado un par de veces, pero no lo hago desde 
hace algún tiempo. ¿Y tú?


—Sí, de hecho, tengo un catamarán atracado en Seattle. ¿Les gustaría unirse a nosotros un día a dar un paseo?


Pedro mira hacia mí para preguntarme, y yo asiento y sonrío, dándole un ligero guiño a Juana.


—Parece divertido.


La cuenta llega, pero me tiro de la mesa antes de que nadie más pudiera hacerlo.


—No vas a pagar esta cena. —Pedro saca su billetera, pero mantengo la cuenta lejos de él.


—Sí, lo hago. Estamos celebrando tu estreno de la película, así que pago yo.


—Una mierda, no vas a pagar, dámelo ahora.


—¡Mía! —la sostengo contra mi pecho mientras saco mi tarjeta de la cartera.


—Maldita sea, Paula...


Pongo su cara hacia abajo y le doy un beso largo y lento. Cuando me alejo, los dos estamos sin aliento.


—Déjame hacer esto. Estoy tan orgullosa de ti, déjame pagar la maldita factura.


—No puedo discutir contigo cuando haces esto —murmura y se ve enojado, pero veo el destello de humor en sus ojos increíblemente azules y sonríe con aire de suficiencia, mientras paso mi tarjeta a la camarera. Paula ve nuestro intercambio con curiosidad y luego abre una amplia sonrisa.


—Amigo, estas perdido —dice a Pedro.


—No tienes ni idea —se queja


CAPITULO 43



Me doy cuenta de que volver al mundo real no es tan malo. 

Volvimos a casa de nuestra escapada romántica a Tahití, y caímos en una cómoda rutina de trabajo, coqueteando, leyendo guiones y toda nuestra jornada de trabajo, los viajes al gimnasio o yoga juntos y alternando entre su casa y la mía por la noche. Esta noche volvemos a alojarnos en mi casa, y hay cena con Juana.


—¡Esa no es la forma de cocinar pasta!


Juana, encantadora como siempre. Miro a mi novio y sonrío.


—¿Cómo demonios lo haces? —Pedro está completamente frustrado con ella y yo estoy relajada con una copa de vino, disfrutando del espectáculo.


—Tienes que poner sal en el agua antes de que empiece a hervir. Todo el mundo sabe eso.


—Si tú lo dices... Yo me quedo con mi novia.


Él deja a Juana terminar la cena y se acerca a la mesa para darme un beso.


—¿Está siendo cruel contigo? —le pregunto y acaricio su cara.


—No, ella no puede cocinar y no me escucha.


—Te oigo, ¿sabes? —Juana nos mira y me da risa. Me encanta pasar la noche con estos dos. Ambos son mi mundo y me encanta que se lleven tan bien.


—Entonces, Pedro, ¿cuándo será el lanzamiento de tu nueva película? —pregunta Juana, mezclando algo con una cucharada en la sartén.


—El viernes —dice y toma un sorbo de vino.


—¿Qué? —exclamó—. ¡No tenía ni idea! ¿Por qué no me dices esas cosas?


—Um, mi película se estrenará el viernes.


Lo miro estupefacta. Juana nos mira, y luego murmura:
—Vaya.


—¿Por qué no me dijiste nada? —Estoy muy dolida.


—No había pensado en ello. —Frunce el ceño y se encoge de hombros.


—Tienes una gran película, a punto de ser lanzada a millones de personas, y ¿no pensabas decírselo a tu novia? —Me doy la vuelta y miro adelante. ¿Qué demonios?


—Acabo de hacer la producción, no la protagonice ni tome ningún compromiso.


—No me importa, Pedro. Este es un gran evento. ¿Vas al estreno?


—No, en absoluto. —Sacude la cabeza y se pasa la mano por el pelo.


—¿Por qué no? Hay que ir. Tienes una parte de ella.


—No. —Engulle en seco—. Ya no hago eso.


—De todos modos, deberías habérmelo dicho. Nunca dices nada acerca de tu trabajo, y lo sabes todo sobre mí.


Esto es algo que me molesta desde hace algún tiempo, y estoy feliz que Juana aparezca.


—¿Qué hace un productor de todos modos?


Juana comienza a organizar las capas de lasaña en el plato.


—Depende del tipo de productor. Hay un montón de cosas que pueden hacer. Algunas están situadas a lo largo de la producción, mientras que las cosas suceden allí. Algunos trabajan detrás de las escenas, lo que garantiza el dinero para el estudio o cortejar a actores y directores. Hay un montón de cosas que hacer, y por lo general hay pocos productores que hacen diferentes trabajos.


—Bien, entonces, ¿qué haces específicamente? —pregunto sinceramente interesada.


—Yo trabajo detrás de las escenas, con el material de pre-producción, lo que me permite trabajar en mi casa. A veces tengo que hacer un viaje a Los Ángeles o Nueva York para una reunión breve, pero esto es raro hoy en día. Prácticamente todo lo que se puede hacer por teléfono o correo electrónico. Entonces hablo con actores y directores, y, a veces participo en teleconferencias, para lograr dinero y asegurarme patrocinadores del proyecto. —Está hablando con sus manos, tan emocionado y entusiasta que se me ocurre que realmente ama lo que hace.


Le sonrío y beso en la mejilla.


—Estoy orgullosa de ti.


—¿Por qué?


—Porque estás haciendo algo que te gusta y que está muy bien.


—¿Cómo lo sabes?


—Yo no estaría con alguien que sea una mierda —respondo y él se echa a reír.


—Así que, ¿cuánto dinero tienes que conseguir para la película que sale el viernes? ¿Y quién actúa, de todos modos?


Juana desliza la lasaña en el horno y se inclina sobre el mostrador para escuchar.


—La película se llama Rough Shot y está protagonizada por Channing Tatum. Siendo una película de acción, tiene muchos trucos y cosas explotando, por lo que el presupuesto es alto. Unos cien millones de dólares.


Juana y yo nos miramos la una a la otra y luego a Pedro.


—Lo siento, dijiste ¿cien millones de dólares? —Mi voz es demasiado estridente. Es molesto. Casi tan inquietante saber que mi novio era directamente responsable de recaudar todo el dinero.


—Sí. —Sonríe tímidamente—. Las películas de aventuras y acción siempre tienen un presupuesto muy alto, porque hay mucha cinematografía involucrada, algunas cosas que yo no sé, pero sé que es caro.


Trago saliva. Wow.


—Por lo tanto, ¿se trata de una película que se espera una gran recaudación?


—Sí, solo se espera que este fin de semana, ganar alrededor de ciento cincuenta millones de dólares. —Se encoge de hombros otra vez, pero puedo ver el orgullo en sus ojos.


—Así pues, aquí es donde me hago una pregunta personal, y me puedes decir que cuide de mis propios asuntos, pero tengo curiosidad, porque trabajo con dinero. — Los ojos de Juana están brillando de curiosidad y sé exactamente lo que va a hacer.


—Muy bien, adelante. —Pedro sonríe. También sabe.


—Bueno, yo sé que los actores suelen ganar en las películas de gran presupuesto, pero ¿qué pasa con los productores?


—Cuando todo esté listo y estrenado, después de pagar las regalías y otras cosas, con esta película, probablemente me tomaré unos 15.


Estrecho mis ojos y me muerdo el labio, no estoy segura si he entendido las palabras que acababan de salir de su boca. Busco a Juana, y su boca se abre y cierra, también sin emitir ningún sonido. Pedro no está mirando a ninguna de nosotras.
Está buscando vino.


Finalmente, Juana habla.


—Por favor, dime que tienes una hija de puta de un buen abogado en la zona de ocio y un equipo de contadores con experiencia en esta área y con excelente reputación. Porque si no lo tienes, sé de algunos. —Está completamente seria.


Pedro asiente.


—Sí, siempre he tenido esa protección, en todos estos años.


—Bueno —responde.


Yo no sé qué decir. Yo sabía que era rico, pero no tenía ni idea.


Finalmente, Pedro me mira.


—¿Estás bien?


—Muy bien —susurro.


—Te ves un poco pálida. —Se ve preocupado.


—Estoy bien. —Me llevo mi mirada y miro a Juana, para recibir orientación.


—Pau— dice— el dinero no es extraño para ti.


—No, no lo es.


—Tus padres te dejaron unos 20 millones.


Pedro suspira ruidosamente.


—Lo sé.


—Entonces, ¿cuál es el problema? —pregunta.


Arrugo la frente.


—Bueno, yo creo que es solo una gran responsabilidad. —Miro a Pedro y, finalmente, siento la necesidad de tocarlo, estrecho su mano en la mía.


—Lo siento, mi amor. El dinero no es importante para mí, ya lo sabes. Creo que es simplemente sorprendente escuchar que mi hombre se codea con actores, películas de cien millones de dólares y es un amigo de Steven Spielberg. Es fácil olvidar que somos tan diferentes.


—No empieces a enloquecer —susurra.


—No, estoy flipando contigo —sonrío, encontrando el equilibrio.


—Um, ¿puedo hacer una pregunta más? —Juana levanta la mano, como si estuviéramos en clase y nos reímos.


—Ok.


—¿Puedes darme el número de Channing Tatum?


Todos reímos y estoy aliviada por expulsar la tensión.


—Está casado, Juana.


—Maldición. —Ella frunce el ceño—. Todos los buenos están pillados.


—Pedro—Salto de mi taburete y me siento entre sus muslos, frotando mis manos arriba y abajo en sus brazos—. Quiero ver la película este fin de semana.


—¿Quieres? —Se ve completamente sorprendido.


—Sí. Esto es lo que haces. Quiero apoyarte. Vamos la noche del estreno.


—Te lo dije, no voy a los estrenos. Yo no me voy a Los Ángeles para ver el estreno. —Sacude la cabeza firmemente.


—No, quiero decir aquí. Ir a la noche del estreno aquí en Seattle.


Juana salta arriba y abajo llena de emoción.


—¡Yo también quiero ir! Estoy segura de que podemos ir.
Vamos a hacer una noche completa. ¡Vamos en pareja a el cine y luego a cenar! ¡Vamos a celebrarlo!


Pedro sonríe, una sonrisa para derretir bragas, y por primera vez desde que lo conocí, él parece muy orgulloso y emocionado por lo que hace.


—¿De verdad quieres?


—¡Mucho!


—Así que creo que tenemos una cita. Pero vamos a tratar de ir a un lugar fuera del circuito teatral. No quiero que nada arruine nuestra noche, por ser reconocido y firmar mierdas durante tres horas.


—Vamos a algún cine en el suburbio y luego a cenar. Puedes usar una chaqueta con un sombrero y gafas de sol. —Le sonrío y entorna los ojos en mí.


—Tienes la boca muy inteligente.


—Pero tú me amas. —Sonrío dulcemente.


—Dios, consigan un cuarto. —Juana saca la lasaña del horno.




sábado, 27 de diciembre de 2014

CAPITULO 42




Es nuestra última mañana en nuestro paraíso tropical, y me levanto muy temprano a propósito, antes de que Pedro despierte. Él ha hecho mucho por mí la semana pasada, ¡de hecho, este mes! Y quiero hacer algo especial para él antes de regresar a casa y a nuestra realidad. No es que la realidad sea mala, es simplemente la felicidad de tenerlo todo para mí esta semana. Después de pasar todo el día desnudos en la cabaña, un recuerdo que nunca saldría de mi cabeza, Pedro me sorprendió con un viaje a alimentar a los tiburones, algo que antes de estos días de fiesta, yo jamás habría pensado incluir en el menú, y terminó siendo una de las mejores experiencias emocionante de mi vida. Nunca olvidaré el agua caliente en la cintura con docenas de tiburones dóciles que flotaban a nuestro alrededor, tomando la comida de nuestras manos.


Ayer pasamos un día romántico, haciendo un tratamiento de spa para dos. Fui mas a los spas en estas últimas dos semanas, que en los dos últimos años. No me quejo.


Pero hoy es nuestro último día. Vuelvo la cabeza de nuevo a la habitación para asegurarme de que aún está dormido, y luego camino hasta el agua por debajo del bungaló para recoger nuestro desayuno que es entregado por una canoa. Pongo la comida y el café en una bandeja y vuelvo a la habitación. Después de colocar la deliciosa comida, con un aroma maravilloso, me siento en el borde de la cama, subiendo por el cuerpo de Pedro y besando sus labios.


—Pedro, amor, despierta. —Mordisqueo sus labios y beso su cuello mientras se retuerce debajo de mí.


—Buenos días —murmura.


—Buenos días, amor. Despierta. Tengo algo para ti.


Pasa la mano en mi espalda y frunce el ceño.


— Es difícil hacer el amor cuando llevas ropa, bebé.


Me río cuando él abre sus sexys ojos azules.


—No es eso lo que tengo para ti.


Me levanto de encima de él y me voy al extremo de la cama, mientras él se sienta.


Las sábanas caen en su regazo, y se pasa las manos por la cara y el pelo. La barba matutina es increíblemente sexy.


—¡Desayuno! —Pongo la bandeja en la cama entre nosotros y levanto la tapa de plata. Hay grandes porciones de tortitas, tocino, huevos y fruta. Al lado, una jarra de café y dos tazas.


—¿Pediste todo esto? —pregunta.


—Sí, pensé en alimentarte, aunque sólo fuese una vez. —Sonríe y toma mi cara.


—Gracias, cariño.


—Ha sido un placer. Espero que tengas hambre. —Llevo una fresa hasta su boca y le da un mordisco, luego me la como.


—Tengo hambre —dice, con los ojos llenos de lujuria.


—Más tarde —susurro.


—No eres divertida. —Pone mala cara, mientras sirve café en su taza y me da la risa.


—Eso no es lo que dijiste anoche.


Pensamientos de nosotros haciendo el amor en la bañera de la terraza están invadiendo mi mente, y me muerdo el labio.


No, no tengo quejas de la noche anterior.


—¿A qué hora tenemos que salir? — le pregunto.


—No hasta la tarde. ¿Por qué?


—¿No tenemos ningún plan especial para hoy? —Como una torta y suspiro—. Dios, esto esta bueno.


—Maldita sea, me encanta ver que comes, bebé. No, hoy pensé en improvisar. ¿Tienes algo en mente?


Me encojo de hombros y tomar otro pedazo de torta.


—¿Qué es?


—Nada, podemos hacer lo que queramos. —Me encojo de hombros, pero evito su mirada, de repente tímida. No quiero ir a ninguna parte hoy, sólo quiero estar con él, y yo no sé por qué de repente soy tan tímida para hablarle. Es una tontería.


—Paula— Su voz es dura y veo su mirada—. ¿Cuál es el problema?


—No hay nada malo. Estaba pensando... —Cojo un tenedor y muerdo mi labio—. Sólo quiero quedarme aquí hasta el momento de ir al aeropuerto. Quiero estar a solas contigo aquí en nuestra burbuja tropical.


Las últimas palabras son un susurro y espero para ver su reacción.


Él está sonriendo dulcemente.


—¿Por qué estás tan tímida?


Me encojo de hombros de nuevo y miro hacia abajo.


—No lo sé. Sólo pensé que podrías querer tener alguna última aventura antes de irnos, pero yo sólo te quiero a ti.


—Bebé, mírame. —Hago lo que pide sin dudarlo y me siento aliviada de ver su hermosa sonrisa.


—Pasar el día a solas contigo en este hermoso paraíso tropical suena perfecto para mí.


—Ok. —Le sonrío, aliviada y sigo a comiendo mis tortitas.


Terminamos nuestro desayuno, y mientras que Pedro está en la ducha, un hombre sale de una canoa para quitar los platos sucios y cambiar las sábanas. El hombre es muy grande, y no puede dejar de hablar mientras recoge las cosas en una caja para ponerlas en la canoa.


—Su marido es un hombre muy afortunado. —Me sonríe y le devuelvo la sonrisa, pero siento dolor en mi interior. Como si fuera una palabra inadecuada. No voy a arreglar su error sobre mi estado civil y simplemente digo:—Gracias.


—¿Cuánto tiempo llevan casados?


—Um, no mucho. —¿Por qué me asusta? Hace mucho tiempo aprendí a confiar en mis instintos, así que cruzo la habitación y me pongo detrás de un gran sofá, cerca de la puerta del baño.


—Oh, eso es bueno. —Se acerca al sofá y pasa la mano por la tela naranja. Mi corazón se acelera cuando el miedo me invade. Él está tratando de acercarse a mí y ahora sus ojos son depredadores—. Me fijé en ti esta semana. Eres muy hermosa.


—Creo que es mejor que se vaya ahora mismo. —Me muevo hacia el otro lado del sofá, alejándome aún más de él, pero me está siguiendo y mi corazón está en mi garganta.


—¿Por qué?


—Porque no quiero que estés aquí. Mi marido va a salir en cualquier momento, y no estoy interesada. Sal ahora mismo o haré que te despidan.


—No puedes hacer eso, mi tío es el dueño de este resort. —Se ríe y comienza a caminar rápidamente hacia mí.


—¡Pedro! —grito, pero antes de decir una palabra, el hombre es echado hacia atrás y golpea contra la pared. Pedro, respirando con dificultad con el rostro desencajado por la rabia, está apretando su garganta. Él le da un puñetazo en la cara dos veces, y la sangre brota de su nariz y grita como una niña. Estoy segura de que nadie se atrevió a poner una mano sobre él antes.


—Me aseguraré de que nunca intentas tocar a otra mujer en este complejo de nuevo, hijo de puta. —La voz de Pedro es fresca y tranquila, su mirada gélida, y esto es una parte muy, muy furiosa de él, que nunca antes le he visto.


—¿Estás bien, cariño? —No me mira cuando habla, sin apartar los ojos del hombre.


—Estoy bien. —Mi voz suena más fuerte de cómo me siento y soy feliz.


—Llama a la recepción y di que llamen a la policía. Dile lo que pasó.


Hago lo que me pide y en pocos minutos una lancha llega a nuestro bungaló, con la administración y la policía, y un hombre que debe ser el tío del idiota.


La policía toma el control de la situación y libera a Pedro de su cargo. Pedro se dirige a mí y me envuelve en sus brazos. Debo estar muy sorprendida, porque no puedo hacer nada más que mirar con los ojos bien abiertos lo que sucede a nuestro alrededor.


—¿Estás bien? —sus manos están corriendo por mi espalda, relajándome.


—Sí, estoy bien. No me tocó, fue realmente aterrador, y sé que él lo habría hecho peor si no estuvieras aquí. Se comportó inadecuadamente desde el momento en que llegó hasta que intenté protegerme detrás del sofá, cerca del baño por si intentaba cualquier cosa, y lo intentó. —Tiemblo y Pedro me tira más fuerte contra él. El tío está gritándole a la policía para que lo detengan. Parece que esta no es la primera vez que sucede. El imbécil está llorando y llorando, pero a nadie le importa.


Mientras veo lo que está sucediendo a mí alrededor, el miedo se sustituye por pura rabia.


Salgo de los brazos de Pedro y voy al imbécil esposado por la policía. Él está llorando por mí, débil y temeroso, y antes de saber lo que estoy haciendo, subo mi rodilla hacia arriba y hacia abajo entre las piernas, haciendo que se encoja de dolor.


Mi pecho se agita y hay un repentino silencio a nuestro alrededor.


—No soy una víctima. —Mi voz es áspera, controlada y alta, porque quiero que escuche cada palabra—. Y no eres nada más que un pedazo de mierda.


—¿Viste lo que ella me hizo? ¡Quiero presentar una queja! —El idiota lloriquea, de nuevo a llorar, pero su tío levanta la mano y lo hace callar.


—No vi nada más de lo que mereces. Sáquenlo de este bungaló.


Lo escoltaron fuera y el dueño se disculpa profusamente, ofreciendo reembolsos y compensaciones y cualquier otra cosa que pudiera imaginar. Estoy segura de que estaba rezando que no fuéramos a la prensa, algo que no haríamos de todos modos.


Pedro no lo haría. Me doy la vuelta y miro a Pedro que tiene los ojos entrecerrados, su cara dura. Él le dice al gerente que nos vamos hoy.


—Vamos a presentar una queja, pero no quiero que esto vaya a la prensa — murmura y mi corazón se detiene. Oh, Dios mío. Esto podría poner las cosas muy mal para que aparezca en la prensa. De repente me siento culpable.


Dejo a Pedro tratando con el resto él solo y voy a la habitación principal para comenzar a empacar mis cosas. Pedro entra en el cuarto, cuando estoy terminado con el cajón de la ropa interior. Camina directamente hacia mí y me tira en sus brazos fuertes, meciéndome, besando mi frente.


—¿Estás bien?


—Lo siento mucho.


—¿Por qué? —Se aleja y frunce el ceño—. No has hecho nada malo.


—Esto puede ser muy malo para ti si se descubre en la prensa.


—Confía en mí, no lo harán. Ni el resort, ni nadie quiere eso. Pero esto no es importante, lo eres tú bebé. ¿Te hizo daño?


—No, le dije que no me tocara. Pero estuvo bien darle un rodillazo en sus bolas. — Sonrío y Pedro me tira de nuevo a él.


—Estaba muy asustado cuando salí del baño y te oí gritar. Vi que estabas acorralada por el hijo de puta, y, sinceramente, no recuerdo mucho después de eso. Sólo quería asegurarme de que no te tocase. —Pasa el pulgar por la mejilla y me besa la mano.


—Gracias.


—Siempre te protegeré, nena. Es por eso que estoy aquí. Eso es lo que quiero hacer.


—Lo sé, y es una de las razones por las que te amo. Yo creo que por eso, no me estoy volviendo loca. —Me encojo de hombros y sonríe—. Creo que me sentía fuerte, y sabía que estabas aquí, y que no podía hacerme daño. —Paso mis manos por el pelo.


—¿Estás bien?


—En cuanto estés bien lo estaré. Dios, me encanta lo fuerte que eres, bebé. Fue un hermoso espectáculo verte golpearle en las bolas.


—Debes recordarlo, en caso de que salgas de la línea. —Presiono mi cuerpo contra el suyo y le sonrío.


—¿Ah, sí? ¿Crees que me puedes golpear? —se frota la nariz con la mía, y yo suspiro.


—Probablemente no, pero toda la parte de la lucha sería divertido.


—Así que, antes de ser tan groseramente interrumpidos, te iba a dar un regalo cuando salieses de la ducha.


Sus cejas se elevan.


—¿Me vas a dar un regalo?


—Más o menos, sí. —Estoy usando un traje de baño negro cerrado que es bastante conservador, se cierra con una cremallera en la parte delantera del cuello.


Doy un paso atrás, alejándome de Pedro y empiezo a tirar de la cremallera lentamente, manteniendo el frente cerrado. Cuando el cierre está completamente abierto, me lo quito por completo hasta caer a mis pies. Pedro suspira y sus ojos se abren, encontrándose con los míos, y su rostro se rompe en una gran sonrisa. Yo planto mis manos en mis caderas desnudas e inclino la cabeza hacia un lado.


—¿Te gusta mi equipo?


Camina hacia mí y pasa sus dedos en mis perlas, besos afectuosos que me gustan, y siento mis rodillas debilitándose.


—Cariño, sabes que me encanta este equipo. No hay nada como ver a alguien desnudo, sólo con estas perlas.


—Me encanta la forma en que me miras —le susurro.


Los ojos de Pedro pasan con entusiasmo a través de mi cuerpo, y cuando sus ojos regresan a mi rostro, me besa tiernamente.


—No quiero follarte ahora, Paula — susurra contra mis labios.


—Oh, ¿no quieres? —le susurro e inclino la cabeza hacia atrás mientras sus labios se pasean por mi cuello.


—No.


—Me encanta tu voz baja. — Sonríe.


—Lo sé. ¿Qué quieres hacer?


—Quiero hacer el amor lenta y dulcemente contigo. —Sus dedos apenas me tocan, pasando por mi espalda y me provoca escalofríos, sus labios en mi cuello. Se siente enloquecedor—. Eso suena adorable.


Él me recoge en sus brazos y envuelve los dedos en mi cabello, mientras mis labios encuentran los suyos en un beso suave. Me lleva suavemente a la cama y me cubre con su cuerpo, sus piernas entre las mías. Desliza su mano derecha en el brazo izquierdo y conecta los dedos, pero en lugar de subirlo por encima de mi cabeza simplemente descansa en la cama al lado de mi cabeza.


No se trata de detenerme o jugar conmigo. Esto es para mostrarme lo mucho que me ama, y me llena de mucha fuerza, confianza y ternura. Pasa los dedos de la mano izquierda por el pelo que está en mi cara, sin dejar de besarme, suavemente, con paciencia. Yo descanso más profundo con mi pie en su culo, frotando hacia arriba y abajo, acariciándolo mientras con las yemas de los dedos recorro su fuerte espalda. Puedo sentir su erección contra mí, pero él no hace ningún movimiento para hundirse en mi cuerpo.


Todavía no.


—Eres tan hermosa —murmura contra mis labios.


—Me haces sentir hermosa —susurro y él gime.


Planta besos diminutos al lado de mi boca. Barajo mis dedos en su pelo y le acaricio suavemente.


—Me encanta tu cabello. Es tan suave entre los dedos.


—Me di cuenta —susurra y le siento sonreír en mi cuello—. Siempre tienes las manos en él.


—Nunca lo cortes, por favor...


—Ok.


Él besa mi oreja y me hace cosquillas en los oídos con sus dientes.


—Tienes una piel increíble, tan lisa y suave. Y siempre hueles bien.


Sus palabras son seductoras, su mano sigue moviéndose en mi pelo y mi cuerpo está zumbando. Mis caderas comienzan a retorcerse debajo de él y siento su sonrisa en mi garganta.


—Sabes muy bien lo que están haciendo conmigo.


—Haces lo mismo conmigo, cariño. —Flexiona sus caderas, empujando su polla contra mi centro húmedo. La punta contra mi clítoris y yo jadeo.


—Te quiero.


—Lo sé. Yo también te quiero.


Me encantan los susurros, los suspiros y jadeos suaves.


Esta manera más lenta de hacer el amor no es menos intoxicante.


Oh, así que poco a poco empieza a llenarme delicioso centímetro a centímetro, hasta que está enterrado tan profundo como es posible. Él me llena, física, emocionalmente, y siento las lágrimas caer de mis ojos. 


Este hombre dulce y sexy me protege y me ama. Y lo amo, lo amo mucho.


—No llores, bebé. —Su voz entrecortada por la emoción es áspera y comienza a moverse lentamente dentro y fuera de mí. Envuelvo mis piernas alrededor de sus caderas, tomándolo más profundamente, y cuando golpea en un lugar sensible, siento que las chispas comienzan a volar a través de mí.


—Oh, ya viene, mi amor.


—Sí —susurra en mi oído, y yo estoy perdida, mi orgasmo me consume, pero apenas dejo escapar un sonido, embriagada con este amor tranquilo.


Al pulsar una vez más, Pedro se vacía, susurrando mi nombre.