viernes, 19 de diciembre de 2014

CAPITULO 24




El viaje a la casa de los padres de Pedro es bien corto. Es una tarde lluviosa de domingo, por eso estamos en el Mercedes SUV negro de Pedro. ¿Cuántos autos tiene?


Miro a la izquierda y respiro profundo, tratando de calmar mis nervios. Mi estómago está hecho un desastre. Me estoy muriendo de miedo por encontrarme con sus padres.


Este fin de semana fue maravilloso. Después de la cena, anoche nos quedamos abrazos en el sofá, vimos antiguas comedias de los años 80 y reímos toda la noche.


Entonces, me llevo a la cama e hizo el amor conmigo, como lo hizo en el sofá esa tarde. Wow, él puede ser tan dulce.


No puedo evitar recordar el golpe que me dio en el trasero la primera vez que hicimos el amor, y quiero saber cuándo lo hará de nuevo. La variedad es el condimento de la vida, después de todo. Tal vez podamos jugar, cuando regresemos a casa más tarde.


Él es tan lindo, sentando aquí, con su camiseta negra y un par de jeans descoloridos. Sus manos fuertes en el volante, y tiemblo solo con pensar en cómo me siento con ellas en mi cuerpo.


—¿Tienes frio? —Él alcanza el botón del aire acondicionado, pero detengo su mano.


—No, no tengo frío.


Me mira, levantando una ceja.


—Amo tus manos. —Le digo, uniendo mis dedos con los él. 


Besa mi muñeca.


—Solo son manos. —Me da una sonrisa perversa y mi estómago se aprieta.


—Ellas hacen cosas locas en mí. —Susurro.


—Compórtate, o voy a parar el auto y te follaré.


Suspiro con sus palabras. Esta es una actitud completamente diferente a la de anoche y francamente, es excitante. Mi coño esta mojado y sonrío, decidiendo bromear un poco con él.


—No hagas promesas que no puedes cumplir.


—Oh, querida, confía en mí, eso es una promesa que puedo definitivamente cumplir.


Me quito un hilo imaginario de mi vestido rojo. Estoy usando una suave chaqueta de jeans, por causa del tiempo y sandalias altas marrones.


—Pruébalo.


Él mueve la cabeza y estira los ojos.


—¿Disculpa?


—Me escuchaste. —Susurro y levanto mi vestido hasta mis muslos, llevando mis dedos hasta mi carne ya sensible.


—¿Quieres follar en el auto, en el camino para conocer a mis padres? —Su voz suena sorprendida, sus ojos están en llamas y su respiración es pesada.


—Si, por favor.


Él toma la próxima salida en la autopista y estaciona atrás de un centro comercial.


Es una zona protegida con árboles y no hay transito atrás del largo edificio.


Me jala y me coloca sobre sus piernas; una mano en mi cabello y la otra apretándome el trasero.


—Eres tan jodidamente sexy. Te quiero todo el tiempo.


—También te quiero.


Estoy sin aliento y excitada y lo quiero en mí, ahora.


—Ayúdame, bebé. —Pedro mueve para atrás el asiento, y me sostengo contra el volante, mientras se arranca los pantalones, liberando su erección.


Sostiene mi trasero con sus manos, empujando mi hilo dental hacia un lado, empujándose dentro de mí.


—Fóllame, sí, Pedro.


—¡Ah!


Me muevo para arriba y para abajo violentamente en los pequeños límites del auto.


Sus manos fuertes en mi trasero, guiándome, nuestros ojos cerrados y la boca abierta, sin aliento.


—Joder, voy a correrme.


—Sí, cariño, córrete para mí.


Me froto contra él una vez, dos veces y enseguida, exploto, ordeñando su pene con mis músculos y sintiéndolo acabar, llenándome.


Me inclino hacia enfrente, descansando mi frente contra la de él, mientras nuestras respiraciones se calman.


—Puta mierda, Pau, esto fue un poco inesperado.


Me levanto y regreso para mi asiento, arreglando mi vestido.


—Me pasa al verte conducir.


—Bien, diablos, vamos a viajar mucho en auto bebé. —Sonríe y me doy cuenta que me ayudó a calmar mis nervios. Pedro coloca el asiento en posición normal, y da marcha de nuevo el auto.




***


Llegamos a la casa de sus padres apenas algunos minutos tardes. Verifico mi cabello y mi maquillaje en el espejo, observando mis ojos brillantes y mis mejillas rosadas,
consecuencia de un sexo muy, muy gratificante en el auto.


—¿Nerviosa? —me pregunta.


—Sí. —Admito y le ofrezco una sonrisa.


Se inclina y toma mi barbilla entre el pulgar y el índice dándome un beso suave.


—Ellos te van a amar. No tienes ningún motivo para estar nerviosa.


—Espero que sea cierto.


—Vamos.


Él salta fuera del auto y da la vuelta para abrirme la puerta, llevándome a la entrada de la casa. Es blanca, en estilo colonial, con un jardín cuidado y flores bellas y coloridas.


—¿Este jardín es de tu mamá? —pregunto.


—Sí, ella está enamorada de las flores —responde, y no puedo evitar sonreír.


—¿Qué?


—Como su hijo. Mi sala puede rivalizar con este jardín ahora.


Él ríe cuando nos acercamos a la puerta y besa mi mano.


—¿Estas reclamándome?


—Ni un poco.


La puerta roja se abre y una mujer rubia y muy pequeña, nos saluda con una enorme sonrisa.


—¡Oh, querido, estas aquí!


Pedro se inclina para que ella le bese la mejilla dándole un abrazo afectuoso.


—Hola, mamá. Me gustaría que conocieras a Paula Chaves.


—Paula, es un placer. Bienvenida a nuestra casa. —Ella aprieta mi mano e inmediatamente me agrada.


—Gracias por recibirme, Sra. Alfonso.


—Por favor, llámame Lucia. Entren, los dos.


Seguimos hasta la entrada, en dirección a la parte de atrás de la casa, supongo que es donde queda la cocina. Veo brevemente una gran sala formal, con muebles blancos. Pedro todavía sostiene mi mano y besa mis dedos. Lo miro y él sonríe para mí, claramente feliz por verme aquí.


Joder, él es hermoso.


—¡Pedro y Paula están aquí! —Lucia anuncia cuando entramos en la cocina. La cocina es grande y bonita, en tonos marrones y bronce. La mesa es de granito marrón oscuro, con electrodomésticos de acero inoxidable y el horno es enorme.


Cualquier chef envidiaría esta cocina. Hay un área gourmet, que se abre a una sala para reunir a familiares e invitados, con un gran televisor, un sofá y sillas suaves nuevamente en tonos marrones y bronce.


Es increíble y cómodo.


—Bienvenida, Paula—Un hombre rubio y muy alto, está trabajando en la cocina. Él limpia sus manos en una toalla y camina hasta donde nos encontramos—. Estamos muy felices de conocerte.


—Pau, este es mi papá, Nicolas.


—Estoy muy feliz en conocerlo, señor. —Él aprieta mi mano con fuerza y sus ojos azules sonríen para mí. Pedro es el rostro de su papá. Su hermano, Marcos, que también se parece a su papá, está ayudándolo en la cocina.


—Hola Paula.


—Debes ser Marcos—Le sonrío y concuerda.


—Sí, soy el más bonito aquí, además de ti. —Me da una sonrisa felina, y no puedo dejar de reír. ¡Todos los hombres Alfonso son hermosos como el pecado y coquetos!


—Y esa —Pedro interrumpe, mirando a su hermana menor—. Es mi hermana,Samantha.


Samantha está sentada en uno de los sofás, con un iPad en sus piernas y una copa de vino en su mano. Ella simplemente es linda y delicada como su mamá, rubia, de ojos azules, con rasgos delicados, sus ojos son astutos y no está sonriendo o está entusiasmada como el resto de la familia.


—Paula—Ella me saluda con la mano una vez y después regresa a la pieza de tecnología.


Miro a Pedro, él está mirando a Samantha. Puedo sentir la tensión en él y me acuerdo de la llamada de anoche, aprieto su mano, para que me mire. Claramente, Samantha será la más difícil de la familia.


Encojo los hombros y sonrío para él y él sonríe para mí, un poco de tensión alejándose de sus hombros.


—Paula, ven a sentarte conmigo en la mesa, para que podamos conversar mientras los chicos cocinan. Pedro, toma un delantal hijo. Creo que tu papá necesita ayuda con la carne.


—No necesito de ayuda. —Nicolas parece ofendido, pero entiendo que es una broma interna de la familia—. Puedo cocinar muy bien la carne.


Pedro rueda las ojos y me lleva a la mesa.


—¿Te gustaría una copa de vino, cariño?


—Si, por favor.


Nos acomodamos en la mesa con las bebidas y tomo un largo trago, mentalmente me preparo para el interrogatorio que está por llegar.


—¿Entonces cuéntame, que haces, Paula?


—Soy fotógrafa. —Miro hacia Pedro en la cocina con su papá y mi boca está un poco seca con la visión de tres hombres muy hermosos moviéndose alrededor de la cocina. ¿Qué hay sobre un hombre que sabe cocinar?


—Ah, que interesante. ¿Qué tipo de fotografías haces? —Lucia inclina los codos sobre la mesa y toma un trago de su vino. Ella esta genuinamente interesada en mí y eso me hace relajar.


—Principalmente, tomo fotos de la naturaleza. Vivo en la playa de Alki, no muy lejos de la casa de Pedro, y tengo muchas oportunidades de sacar fotos del mar, los barcos y cosas así. Me gusta visitar diariamente el área para tomar fotos de flores y la belleza en general.


Tomo otro trago de mi vino y Pedro me llama la atención con una sonrisa traviesa.


Él sonríe y regresa a cortar alguna cosa.


—Me encantaría ver un poco de tu trabajo. ¿Tienes un sitio?


—No, vendo mi trabajo en las tiendas alrededor de Alki y en el centro de Seattle, en el Mercado Pike.


—Voy a tener que buscar tu trabajo. —Lucia sonríe para mí y no puedo evitar inclinarme hacia adelante, de manera que sólo ella me pueda escuchar.


—Te tengo que agradecerle una cosa. —Susurro.


Sus ojos se abren y su sonrisa es más grande.


—¿Qué?


—Gracias por enseñarle a cocinar. Él es increíble en la cocina.


Ella ríe, una carcajada inmensa y aprieta mi mano en la de ella.


—Oh, querida, eres bienvenida.


Miro para la cocina y Pedro nos está mirando con la boca abierta. Él hace una mueca y sonrío para mí misma.


—¿Qué están murmurando ustedes dos?


—Nada. —Responde Lucia inocentemente—. ¿Cuándo estará mi filete?

CAPITULO 23




Me despierto sola en el sofá, una manta clara me cubre y todavía estoy desnuda después de hacer el amor con Pedro. 


Mi piel se siente sensible y caliente sobre la manta. Podría enrollarme y dormir aquí toda la noche.


Wow. Nunca hice sexo tan gentil, dulce y amoroso antes, y tengo que admitir, hay mucho para decir sobre eso.


Me siento y comienzo a mirar alrededor de la sala. Está oscuro afuera, me sorprende. ¿Cuánto tiempo dormí?


Aromas celestiales vienen de la cocina, pero Pedro no está allí. 


Me pongo de pie y me envuelvo en la manta y salgo a buscarlo. Cuando camino en dirección a la cocina puedo escuchar a Pedro conversando. Está sentando en el sofá, hablando por teléfono.


Doy media vuelta, para ir al piso de arriba y tomar una ducha, dándole privacidad, entonces escucho mi nombre y no puedo evitarlo, me detengo para escuchar que está diciendo.


—Te va a gustar.


¿Sera que es alguien de su familia?


—No, Samantha, ella no es así. Ella es diferente. No la llevaría a casa de nuestros padres, si no fuera el caso. Solo quería avisarte antes de que la lleve conmigo mañana. Ya hable con nuestra mamá y ella está emocionada por conocerla. No seas una hermana protectora mañana. Por favor.


No puedo dejar de sonreír.


—Estoy hablando en serio, Samy. Trata de ser agradable. También te amo. Te veo mañana.


Él termina la llamada y pasa las manos sobre el cabello, se levanta y me ve en la puerta. Le ofrezco una pequeña sonrisa, saboreando su belleza con los cabellos desordenados, sus jeans desabotonados y camiseta blanca.


—¿Hermana sobreprotectora, huh?


—No tienes ni idea.


—Me puedo defender, Sr. Alfonso.


Él se acerca y abro la manta para que pueda deslizar sus brazos alrededor de mi cintura, y enrollo la manta en su cuerpo.


—Lo sé, ella es implacable. Samy y yo siempre fuimos cercanos, porque tenemos menos de dos años de diferencia. Ella tiene la idea fija de que necesita protegerme, por eso no te sorprenda si ella es un poco fría contigo mañana.


—¿Nunca le gustaron tus novias?


—Ella nunca conoció a nadie de mi pasado.


—¿Qué quieres decir?


—Nunca presente a nadie para mi familia antes.


—¿Por qué yo?


Él se inclina y me bess de aquella manera tan suave que tiene y suspiro.


—Debido a que no sabes quién soy. Estas sobre mi piel. Y no creo que algún día tenga suficiente de ti.


—Me gustaría conocerte mejor. —Susurro, intencionalmente no hablando como él.


—Idem, bebé.


—Me conoces mejor que nadie.


—Todavía hay mucho para saber. —Acaricia mi cabello, mi rostro y yo agarro sumano para besarla.


—¿Cuánto tiempo dormí?


—Apenas una hora.


—Huele bien aquí. —Él sonríe.


—¿Comida china suena bien para la cena?


—Mmm… parece genial. ¿Tengo tiempo para tomar una ducha rápida primero?


—Claro, querida. Toma una ducha y yo acabo de preparar la cena. —Él sale de la manta y me suelta.


—Me pudo acostumbrar a ser tratada así. —Bromeo.


Me alejo de él y subo las escaleras, cuando lo escucho murmurar:—Cuento con ello.




jueves, 18 de diciembre de 2014

CAPITULO 22



Estamos estirados en el sofá, acostados lado a lado. Pedro está pasando la punta de los dedos en mis costillas.


—Es para mis padres —susurro.


—¿Por qué esa frase? —susurra en respuesta.


—Porque es importante disfrutar todos los momentos. Pueden pasar muy rápido.


—¿Y por qué del lado izquierdo?


—Porque es más cerca del corazón.


Besa mi frente y pasa los dedos por arriba y por abajo en mi espalda, calmándome.


—¿Te puedo hacer una pregunta sobre ellos?


¡Dios, cuando susurra así, puede preguntarme lo que quiera!


—Claro.


—¿Qué pasó con ellos?


Suspiro y beso su barbilla.


—Ellos murieron en un accidente de avión hace tres años. Mi papá acostumbraba a pilotear, y tenía un pequeño avión que usaba para hacer viajes de fin de semana.


—Eso es un hobby caro.


—Sí, él podía pagarlo. —Respiro hondo y miro los ojos relajados de Pedro—. Creoque mencione el otro día que él fue un abogado muy importante en nuestra área.


—Sí.


—Bien, él era bueno en eso. Hacía mucho dinero, y cuando murieron juntos, yo era la única heredera.


—Hey, no estoy preguntando sobre tu situación financiera. —Acaricia mi mejilla con sus dedos.


—Lo sé. —Encojo los hombros—. De cualquier manera, ellos estaban yendo para México ese fin de semana. Iba a ir con ellos.


Los brazos de Pedro me apretaron y yo pase los dedos por los pelos de su pecho.


—Decidí en el último minuto quedarme en casa, porque tenía exámenes finales en la semana siguiente.


—Lo siento mucho. —Está descansando sus labios en mi frente, y yo estoy pegada a él, absorbiendo su fuerza, su calor.


—Ellos deben haber sido personas increíbles.


—¿Por qué dices eso? —Me inclino para atrás y busco sus ojos azules.



—Porque tú eres increíble, bebé.


Joder, encantador ni siquiera comienza a describir a este hombre.


—Ellos fueron increíbles —susurro—. Sé que a mi papá le hubiese gustado que hiciese algo más grandioso que ser fotógrafa, como doctora o abogada, algo que hiciera un montón de dinero. ¿Pero sabes qué?


—¿Qué?


—Ningún de ellos dijo nada cuando dije que iba a ser fotógrafa. Ellos solo me amaban. Querían que fuese feliz. El trabajo de mi papá era implacable y exigente, y él podría ser un completo bastardo en los tribunales. Fui una vez, y casi no lo reconocí. Me asusto. Pero cuando estaba en casa, era tan gentil. Era un hombre grande, alto, con manos grandes. Y siempre tenía el olor del suavizante y café. Y cuando estaba creciendo, todavía me cargaba y me daba seguridad.


Pedro trago en seco.


—¿Qué? —pregunté.


—No tienes nadie para cuidarte.


—Tuve que cuidar de mí misma por un largo tiempo, cariño. Aún cuando mis padres estaban aquí.


Él cierra los ojos brevemente y aprieta la mandíbula, como con rabia o frustración.


¿Qué dije? Se inclina y me besa en los labios, moviéndome para abajo, y suavemente, con ternura, hace el amor conmigo.





CAPITULO 21



Estoy sentada en la mesa de Pedro con las fotos para editar en la mesa. Pasamos una hora recogiendo mi ropa, algunos objetos necesarios, mi computador, mi cámara y memorias de mi casa, entonces, pasamos otra media hora haciendo la limpieza de nuestro desayuno. Las cosas hubiesen progresado más rápidamente si no estuviéramos tan ocupados tocándonos, besándonos y robando miradas uno del otro todo el tiempo.


De repente, la canción de Katy Perry, Teenage Dream, hace su aparición. Miro todo el espacio iluminado, hasta el sofá, donde Pedro está descansando casualmente, los pies descalzos cruzados en los tobillos, una torre de guiones de películas. Él tiene dos guiones abiertos en sus piernas, y se está mordiendo el dedo meñique, mientras lee.


Imágenes en las que estoy sentada sobre sus piernas aparecen en mi mente, me veo lanzando los guiones para el sofá y eso me hace reír, pero regreso hacia la imagen en la pantalla del computador. Estoy editando las fotos que saque, mientras Pedro y yo estábamos en la cascada. Hay cerca de veinticinco de ellas que son mis favoritas, y voy a imprimirlas y encuadrarlas para venderlas en la ciudad.


Cuando cierro el archivo, con las fotos de la cascada, veo a Pedro levantarse y caminar hasta la cocina.


—¿Quieres algo de beber?


—Solo un poco de agua, gracias. —Sonrío para él y abro el archivo siguiente de fotos para editar. Estas serán mucho más divertidas. La pareja que fotografié ayer llena la pantalla.


Pedro camina atrás de mí, y coloca mi agua sobra la mesa.


—Wow.


Miro para arriba y sonrío.


—Ellos tienen buena apariencia, ¿no?


—La tienen. Pero necesitan relajarse un poco.


Me río.


—Las primeras veinte fotos son descartadas en cada sesión. Lleva por lo menos ese tiempo para el cliente relajarse. —Cambio la imagen por cerca de veinte fotos y paro.


—¿Ves? Ellos ni saben que continúo allí. —La mujer rubia tiene puesto un conjunto de encaje y tiras negras. El hombre de negro, está sentado en la cama con las piernas cruzadas, y ella está sentada en sus piernas, los brazos alrededor del cuello y sus dedos en su cabello, besándolo.


—Sí, mucho mejor. —Comienza a acariciarme los hombros mientras me observa trabajar.


—¿Cuándo sacaste estas? —pregunta.


—Ayer. —Me inclino y me escucho gemir. Él es increíble con sus manos.


—Después de nuestra pelea. —Eso no es una pregunta.


—Así es. Oh, Dios, no pares de hacer eso.


Él besa mi cabeza y lo siento sonreír.


—Prefiero escuchar esas palabras salir de tu sexy boca, cuando estas desnuda.


Me río e inclino la cabeza para atrás, mirándolo desde abajo.


—Más tarde. Tengo que terminar esto. El cliente ya tendrá un reembolso, y quiero que tengan sus fotos lo más pronto posible.


—¿Por qué tendrán un reembolso? Pau, están fantásticas.


—Porque no fue una sesión divertida como de costumbre. Me sentia mal.


—Lo siento. —Besa mi cabeza de nuevo.


—No lo sientas. Quedaran felices con las fotos y el reembolso. Dame una hora.


—Está bien, tomate tu tiempo, bebé. —Regresa por el guion, pasando antes las manos por sus cabellos rebeldes, y no consigo dejar de sonreír, apreciando nuestra camaradería.


Doy los toques finales en la última foto sexy de mis clientes demasiado lindos, y sonrío satisfecha. A pesar de mi horrible humor, las fotos son deslumbrantes.


—Cierto, vamos a ver.


Pedro se levanta graciosamente del sofá y se coloca detrás de mí nuevamente. Paso cada imagen editada, orgullosa de cómo quedaron.


—Están increíbles. —Besa mi mejilla suavemente y le doy una larga sonrisa,brillando con su halago.


—Gracias. Espero que les gusten.


—Serían idiotas si no les gustan. ¿Terminaste por hoy?


—Sí, esto es todo. Estoy libre, hasta mi sesión de fotos del lunes. —Cierro el computador y me levanto, estirándome.


—¿Cómo está la lectura de los guiones? —pregunto, señalando la torre de escritos.


—Tedioso. Todo lo que llegó es una porquería.


—¿Ningún éxito de taquilla en esa torre? —Paso mi mano por su rostro, incapaz de impedirme tocarlo.


—Definitivamente no. —Coloca un beso en mi mano, y siento mi sangre comenzar a cantar.


—Disculpa, fui una compañía aburrida esta tarde. —Hago un masaje en sus hombros y cuello, empujándolo en mi dirección y besándolo en la barbilla.


—No hay nada aburrido en ti, bebé. —Mueve la cabeza, dándome acceso a su garganta y yo dejo un camino de besos hasta su clavícula.


—Sin embargo, ahora que tenemos todo el trabajo listo...


—¿Si? —Mis dedos están en su cabello, llevando sus labios hasta los míos.


—Nosotros podríamos hacer algo un poco más energético.


—¿Qué tienes en mente? —Amo la manera en que sus manos quedan en mi espalda cuando él me acerca su cuerpo.


—¿Todavía estas desnuda debajo de ese vestido?


—No sé —digo sarcásticamente, y muevo las pestañas—. Tal vez tengas que confirmarlo.


—Es un trabajo duro, bebé. —Reúne la falda en sus dedos, levantándola hasta mis caderas y llevando sus manos a mi trasero desnudo.


—Amo tu trasero. —Está mordiendo mis labios y acariciando mi trasero rítmicamente. Mmm… es tan bueno. Desliza la mano entre mis piernas e introduce un dedo dentro de mí por detrás y me inclino contra él.


—Oh, Pedro…


—Estas lista para mí, cariño.


—Estaba imaginando atacarte en el sofá, mientras estabas leyendo.


—¿Lo imaginaste? —Su sonrisa muestra que está contento y continua torturándome con su dedo.


—Sí, eso me dejo excitada.


—Joder Paula, mirarte me deja excitado.


—Ven aquí. —Lo llevo hacia el sofá y le señalo que se siente. Lo hace y me mira con los ojos azules brillantes, lascivos. En vez de montarlo, me agacho entre sus rodillas y alcanzo el cierre de sus pantalones.


—Estas con mucha ropa —mi voz es entrecortada. Abro sus pantalones y él levanta las caderas para que pueda bajarlas y sacarlas del camino. Su miembro duro está listo para mí. Lamo mis labios.


Su pene es bonito, lo que es un pensamiento que yo nunca pensé que tendría. Es grande y grueso, rodeado de cabello rubio rizado. Algunos hombres necesitan afeitarse un poco esa área, Pedro no tiene ese problema.


Paso mis manos hasta sus muslos y lo aprieto. Él aguanta la respiración en medio de sus dientes, su mandíbula esta apretada y sus ojos en llamas. Mis manos se comienzan a mover hacia arriba y hacia abajo, me inclino y saboreo su punta con mi lengua, degustando el líquido.


—¡Mierda bebé!


Él jala mi cola de cabello e introduce sus dedos en mi cabello, volviendome más atrevida con mi boca, lo chupo más rápido y más profundo, moviendo mi lengua para arriba y para bajo en su impresionante longitud. Mi mano izquierda se mueve
más abajo y agarro sus bolas y él se vuelve loco.


—¡Basta! —Me agarra por los hombros y me empuja para arriba, sentándome en sus piernas y entrando rápidamente en mí, y yo estoy feliz por la falta de bragas.


—¡Ah! Yo. Te. Necesito.


Nuestros ojos se encuentran, mis manos sobre mis caderas, moviéndome para arriba y para abajo en un ritmo duro y al mismo tiempo dulce, empujándolo dentro de mí; es casi doloroso. Me quito el vestido sobre la cabeza, y los labios de Pedro encuentran un pezón, jalándolo implacablemente en su boca, y chupándolo fuerte.


Me estoy sosteniendo en la parte de atrás del sofá, sobre su cabeza, y me inclino para atrás, dándole el acceso completo a mis senos, y me rindo al apriete en mi vientre, flexiono mis muslos, y gozo, mi cuerpo canta ante la sensación.


Pedro me empuja para abajo, duro, y se vacía dentro de mí.


—¡Oh si, bebé!