miércoles, 31 de diciembre de 2014

CAPITULO 49




Esta noche es la fiesta de los padres de Pedro y yo no podría hallarme más emocionada. Estoy poniendo los toques finales a mi maquillaje. ¡Me estoy volviendo muy buena en eso!


Mientras que Pedro se está vistiendo en mi habitación, Juana entra y sale de la habitación, ya sea para pedir algo, solo para opinar sobre algo, o simplemente para hablar porque ella también está nerviosa.


La amo.


Oigo Pedro reír y entro en la habitación. Él está en el teléfono y me ve, sus ojos se oscurecen y me dan una sonrisa de satisfacción.


Misión cumplida. Llevo un vestido negro con apenas una tira en el hombro. Tengo diamantes de imitación a lo largo de la cintura alta y cae en mi Louboutin rojo en los pies. Tengo el cabello recogido, una bella obra de Juana y mis perlas. Me siento sofisticada y sexy.


—Está bien, papá, tengo que irme. Nos encontramos en el club. Solo dile que la llevará a cenar. Ok, adiós.


Él cuelga y se acerca hacia mí.


Él se ve tan guapo con su traje negro, camisa blanca y corbata negra. Su cabello rubio está en orden, pero estoy segura que se encontrará hecho un lío antes de llegar a la fiesta.


Él pasa su mirada por mi vestido, el pelo y lleva el dedo a la cadena de perlas contra mi piel.


—Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida.


Me besa, de esa manera que me hace temblar entera y yo paso mis manos por sus suaves mejillas.


—Gracias. También lo estás tú, muy guapo. ¿Te sentirás bien esta noche, con tanta gente allí?


—Sí, voy a estar bien. Soy un actor, ¿recuerdas? Yo puedo hacer este papel para una noche.


—Yo no quiero que te sientas incómodo. —No me engaña. Puedo ver el nerviosismo en sus ojos y la forma en que pone sus manos inquietas en la corbata.


—Conozco a la mayoría de los que van a ir a la fiesta. Mis padres no invitan a un grupo de desconocidos, por lo que será genial. —Me besa la frente y en la esquina de mis labios—. ¿Estás preocupado por mí?


—Por supuesto que sí. Te amo.


Sus ojos se suavizan.


—Yo también te quiero.


—Oye, Pau, ¿me podrías prestar...? ¡Oh, Dios! No tengo tiempo para esto —Juana sacude la cabeza con disgusto y entra en mi armario, saliendo con un par de mis pendientes—. ¿Puedo pedirte prestado estos pendientes?


—Sí —le digo riéndome—. Ese vestido es maravilloso.


—Lo sé, ¿cierto? —Esboza una sonrisa de gato y gira en un círculo lento, mostrando su vestido strapless rojo. Está impresionante en rojo.


—¿Vas a llevar a Agustin esta noche? —le pregunto.


—De ninguna manera, no lo voy a presentar a la familia —Juana asiente inflexible y dejo el asunto. No habla mucho acerca de Agustin.


—Muy bien. —Me encojo de hombros y sonrío—. ¿Quieres unirte a nosotros?


—No, Isaac y Sara vienen a buscarme. Nos vemos allí.


—¿Lista, querida? —me pregunta Pedro.


—Vamos.



***


La fiesta de cumpleaños se celebra en un club de campo en Bellevue, que pertenece a la familia de Pedro. La sala está decorada hermosamente, con arreglos de flores de colores, luces parpadeantes y velas. Hay un banco de madera para dos personas, cerca de la entrada, con marcadores negros para que todos puedan firmar, en lugar de un libro de visitas. Nicolas lo puso en el jardín preferido de Lucia en su casa.


—Pedro, todo es hermoso. Samantha y tu padre hicieron un trabajo excelente. Tu madre se volverá loca.


Pedro me da una gran sonrisa.


—Le va a encantar. Vamos, déjame presentarte a algunas personas.


Tomé dos copas de champán de un camarero y nos mezclamos con la gente en la sala. Estoy emocionada de ver que Helena y Sebastian llegaron, y los abrazo.


—¡Oh, Dios mío, estás tan maravillosa! —Helena está simplemente impresionante, con su corto cabello rubio alrededor de su cara y llevaba un vestido de noche azul real. Sebastian se ve elegante con un traje negro y corbata. No podría estar más orgullosa de ellos.


—Cariño, estás hermosa. —Helena me abraza fuerte, con los ojos brillantes de amor y felicidad.


—Gracias por venir, les caíste muy bien a mis padres. Ellos estarán muy contentos de verte aquí. —Pedro le da la mano a Sebastian y Helena lo besa en la mejilla.


—Gracias por invitarnos. Eres tan hermosa, querida.


—Estamos felices de encontrarnos aquí —responde Sebastian y hace un guiño a Pedro.


¿Eh? Miro a Pedro, preguntándome qué era ese guiño. Pero el rostro de Pedro no muestra nada.


La sala se llena rápidamente con la gente y Pedro me dirige con su mano en mi espalda, me presenta a su familia y amigos. Finalmente, cuando estamos solos, me da una copa de champán y me susurra al oído.


—Estás tan increíblemente hermosa esta noche. Conseguiste deleitar a todos en esta sala.


Su sonrisa es posesiva y el amor está presente en sus palabras.


—Tú eres una persona encantadora. ¿Te estás divirtiendo?


—Sí, estoy muy emocionado al ver la reacción de mi madre. En realidad... —Él mira alrededor de la habitación—. Es hora de que todo el mundo se siente.


Intercambia unas palabras con el líder de la banda, que luego anuncia:
—Señoras y señores, por favor busquen su lugar. Los invitados de honor llegarán pronto.


Pedro y yo nos vamos a sentar en la mesa principal, donde sus padres también estarán. Samantha y su compañero, y su hermano Marcos ya se encuentran sentados.


—Pedro, Paula, este es mi acompañante, Patricio.


Pedro le da la mano, dándole una mirada especulativa y sonrío para mis adentros.


Hermano sobreprotector.


—Hola, preciosa —Marcos me da un guiño, con la típica sonrisa de la familia Alfonso y me abraza—. Es bueno saber que todavía te estás viendo con la mierda de mi hermano. Cuando no lo aguantes lo suficiente, llámame. —Él me guiña el ojo y no puedo parar de reír.


—Deja de coquetear con mi novia. Encuentra la tuya —dice Pedro sonriendo a Marcos, que le devuelve la sonrisa. Sí, estos hombres son los encantadores Alfonso.


Pedro coge mi mano y me besa los dedos mientras tomo mi lugar entre él y Marcos.


De repente, las puertas de la sala de baile se abren y estalla en aplausos. Nicolas está sonriendo cariñosamente a Lucia, mirando alrededor de la habitación grande, al darse cuenta de que conoce a los que están allí. Ella se vuelve hacia Nicolas, con una sonrisa sorprendida y él se inclina y la besa tiernamente.


No puedo escuchar lo que le dice, pero me imagino que sería:
—Feliz cumpleaños, amor mío.


No puedo dejar de sonreír. Lucia lleva un hermoso traje de noche y Nicolas está con un traje negro y corbata roja. Tienen un aspecto joven y feliz, y todavía se aman mucho.


Luego pasan a través de la multitud hacia nuestra mesa, y se detienen a estrechar manos y dar abrazos. Me dirijo a Pedro y sonrío.


—Se ven tan felices. Estoy tan feliz por ellos.


—Yo también. —Besa mi frente y yo decido acercarme a Samantha y tratar dejar las cosas tranquilas con ella.


—Samantha. —Me inclino sobre Pedro, en dirección a su hermana para llamar su atención—. Es una gran fiesta. Has hecho un trabajo fantástico.


Ella se ve sorprendida por un momento, a continuación, pone una sonrisa falsa en su rostro, y mi corazón se hunde.


—Gracias, Paula.


Miro a Pedro y se encoge de hombros. Sacude la cabeza con tristeza y volvemos nuestra atención a sus padres. Abrazo a Lucia, quien dice:
—¡Oh, Paula, esto es tan increíble!


—Estoy tan contenta de que estés sorprendida y feliz, Lucia. Feliz aniversario.


—Gracias. —Me besa en la mejilla y luego envuelve a Pedro en un abrazo.


—Hola, querida —Nicolas me abraza con una sonrisa en su rostro—. ¿Podrías terminar el proyecto en el que estabas trabajando?


—Sí, y lo llevaré mañana el almuerzo. —Habrá un almuerzo en la casa de Pedro mañana por la mañana, para dar a sus padres sus regalos y una fiesta privada para la familia.


—Perfecto. Gracias. —Me sonríe con cariño y se mueve alrededor de la mesa.


—Mis padres te aman —Pedro susurra en mi oído.


—Es recíproco.


Nos sentamos en nuestros asientos y esperamos el discurso de Nicolas, que golpea su vaso de agua con la cuchara y la sala queda en silencio. Alguien le da un micrófono.


—Quiero dar las gracias a todos por venir esta noche y un agradecimiento especial a mi hermosa hija, Samantha, por ser mi socia en el crimen en los últimos meses.Fue difícil mantener el secreto a mi bella esposa.


Él le sonríe y ella se sonroja maravillosamente.


—Soy un hombre muy afortunado. Tuve el honor de pasar todos los días con la mejor persona que he conocido en estos treinta y cinco años. Lucia, tú eres mi mejor amiga, el amor de mi vida, y lo haría de nuevo todos los días. Gracias por aguantar las travesuras de nuestros tres hermosos hijos y por enseñarme a cocinar un filete.


Cuando nos reímos, Lucia seca una lágrima del rabillo del ojo y sonríe a su marido.


—Feliz cumpleaños, amor mío. Vamos por otros treinta y cinco años más. —Lucia es una de las personas que aplauden y besa a Nicolas profundamente. La banda comienza a tocar una música de blues y una deliciosa cena se sirve.


—Entonces, Paula, ¿cómo les fue en Tahití? —Lucia me sonríe cálidamente.


—Caliente, romántico y completamente perfecto —respondo con un guiño—. No quiero volver a casa.


Pedro besa mis dedos.


—No vamos a volver todavía.


La banda comienza a tocar At last de Etta James, y Nicolas se levanta.


—Creo que es nuestra música, hermosa.


Toma su mano y a todos nos parece que se mueven sin esfuerzo en la pista de baile.


Ellos se buscan el uno al otro como si fueran las únicas personas en la sala.


—Tus padres están tan enamorados —le susurro a Pedro.


—Sí, a veces era demasiado para un niño. —Sacude la cabeza, pero sus ojos están llenos de humor—. ¿Nos unimos a ellos?


—Claro.


Cuando él me lleva a la pista de baile, veo otras parejas, como Juana y sus padres, que se levantan para bailar. Pedro me toma en sus brazos y me desliza por el suelo.


—Me encanta bailar contigo. —Paso los dedos por su mejilla y sus ojos azules se iluminan.


—Deberíamos hacer esto más a menudo, entonces.


—Sí, deberíamos. —Le sonrío y sus ojos repentinamente se ponen serios. ¿Qué tiene de malo? ¿Todavía está nervioso por la multitud?


—Pau, yo...


Juana baila con los brazos en torno a los dos primos de Pedro.


—Definitivamente contenta de haber venido sola —me susurra pasando, sonríe y se encoge de hombros y luego nos hace un gesto con un dedo, así que giramos, claramente disfrutando de la noche.


—¿Decías? —le pregunto a Pedro.


Exhala y me tira con fuerza contra él, acariciando mi oído con la nariz y me susurra:
—Te amo.


La noche se mueve rápidamente por arte de magia. Pedro me mantiene siempre cerca, toda la noche, en busca de cualquiera que se atreviera en llamarme para bailar y no puedo dejar de reír de mi hombre posesivo. Nadie pide un autógrafo y Pedro advierte educadamente a Samantha, que el fotógrafo contratado para la ocasión debe ser informado de que las fotos serán propiedad de la familia.


—¡Ahí estás! —Oigo la voz excitada de Sara y le doy un abrazo.


—¡Hola, niña bonita! Te lo dije cuando lo compramos, ese vestido es un golpe de gracia —la miro, admirando su hermoso vestido blanco. Se adapta perfectamente a su cuerpo y ella brilla con felicidad.


—Gracias. El tuyo es increíble. —Isaac me abraza—. Hey, marimacho. Gracias por ayudar a Sara a encontrar este vestido. Es una tortura. Tengo dos semanas más antes de que pueda tocarla y creo que voy a morir.


Todos nos reímos al ver su expresión de dolor y acaricio su rostro.


—Pobre niño. Creo que ella vale la pena esperar.


—Sí. —Su cara se convierte en una dulce sonrisa. Ella lo vale—. ¿Hey, quieres bailar conmigo?


Miro a Pedro y él se encoge de hombros y se vuelve a Sara.


—¿Puedo tener este baile?


Sara con un rubor de un color rojo brillante levanta la mano y él la toma, deslizándola por la habitación.


Yo sé cómo se siente, es un rompecorazones. Isaac es guapo también. Alto y fuerte, con el pelo rubio oscuro y matadores ojos marrones. Estuve enamorada de él durante años.


—¿Te estás divirtiendo? —le pregunto.


—Sí, Sara es especial, así que no puedo quejarme. Pedro es un buen tipo. Yo no estaba tan seguro de ello al principio, pero me gusta.


—¿Qué te hizo cambiar de opinión?


—Mi padre y yo tuvimos una conversación con él el otro día.


—¿Qué? —¿Por qué no sé nada al respecto?


—Sí, tú estabas trabajando y él invitó a los chicos para el almuerzo. —Se encoge de hombros y sonríe, como si escondiera algo. Conozco Isaac. El hombre es como Fort Knox. Si hay un secreto, no lo va a soltar.


—Oh. No mencionó eso.


—¿No te lo mencionó? —Se encoge de hombros otra vez, como si no fuera gran cosa—. Bueno, mi punto es que me gusta.


—Wow, ¿le estás poniendo el sello de aprobación de hermano mayor? —Yo amplio mis ojos y levanto la barbilla con sarcasmo.


—Mientras se comporte bien, sí.


—Me gusta cuando no se comporta bien. —Parpadeo hacia él y sonrío mientras él se encoge.


—Por Dios Pau, no quiero saberlo. ¿Eres feliz? —Él me mira, con expresión seria y yo me siento amada.


—Lo amo. Él es un buen hombre, Isaac. Él me ama. No se trata de lo que hace para ganarse la vida o lo que sucedió en mi pasado o la cantidad de dinero que tenemos.
Se trata de quién soy cuando estoy con él. —Me encojo de hombros, un poco avergonzada—. Él me hace sentir especial.


—¡Oh, Pau! Eres especial cariño, me alegro de que finalmente te des cuenta de eso.
Es un placer verte enamorada. Ahora, antes de que consigas que me suavice demasiado, ¿puedes tomar una niñera para quedarse por la noche? Necesito un poco de tiempo a solas con mi esposa.


Me río.


—Claro, ¿digamos que en dos semanas?


—Oh, Dios, sí. Gracias.



martes, 30 de diciembre de 2014

CAPITULO 48




La melancolía vuelve hacia a mí cuando nos acercamos al cementerio. Vamos en mi auto, porque el cementerio es grande.


—Lo siento, cariño, pero esto puede convertirse en un día triste para mí. No hago esto muy a menudo porque generalmente no soy una buena compañía después de venir aquí.


Besa mis dedos suavemente y suspira pesadamente.


—Querría tanto que nunca tuvieras que pasar por esto, Pau. Es algo que no puedo solucionar por ti, y me gustaría hacer cualquiera cosa, si pudiera.


—Lo sé —susurro.


Dentro del cementerio, estacionamos cerca de la gran lápida de mis padres.


Después de salir del auto, voy hasta el asiento trasero para coger dos ramos de flores, lirios para mi padre y girasoles para mi madre. Esas eran sus flores favoritas.


Voy hasta donde ellos descansan, Pedro camina solo a unos pasos atrás dándome espacio. Siempre sabe qué hacer para consolarme. Tengo que agradecerle más tarde.


Esta sección del cementerio queda en una colina, con una bella vista de la ciudad y del Space Needle.


Vuelvo hacia la gran lápida de mármol, negra. Me arrodillo delante de ella, sin importarme el suelo mojado ni las hojas húmedas sueltas, solo preocupándome en limpiar la lápida, mis ojos evitando sus nombres y las fechas de nacimiento. 


Coloco las flores bajo sus nombres y, luego, me siento sobre los talones y miro hacia arriba.


Chaves está escrito en letras grandes y gruesas en la parte superior, sus nombres y fechas están abajo. Donde hay escrito: soy de mi amado y mi amado es mío.


Me inclino hacia delante y apoyo las palmas de las manos sobre el mármol plano, liso y frío, sobre cada uno de sus preciosos nombres y cierro los ojos, dejando que mis recuerdos inunden mi mente.


Pedro se arrodilla a mi lado y pone la mano sobre el centro de mis manos.


—Habla sobre ellos, bebé. —Su voz es ronca y me acaricia la espalda suavemente.


No lo miro, solo mantengo mis ojos cerrados y mis manos sobre la lápida, cuando comienzo a hablar.


—A mi madre le gustaba cocinar. Amábamos hacer bizcochos todo el fin de semana, aun cuando estaba en la universidad. Era hermosa y me abrazaba todo el tiempo.


Las lágrimas están fluyendo, corriendo libremente por mi rostro, mezclándose con la lluvia que caía a nuestro alrededor.


—Ella tenía una MBA7 de Stanford, pero en vez de dejarme en una guardería, optó por quedarse en casa y cuidar de mí. Y siempre me dijo que fue la mejor cosa que hizo, y que estaba muy agradecida por la oportunidad de poder cuidarme a mí y de mi papá. Ella era tan inteligente y divertida, era mi mejor amiga —susurro y limpio las lágrimas de mi rostro, antes de regresar mi mano a la lápida.


»—Mi padre era muy divertido, pero de una manera más seca. Estaba loco por mi madre. El sol salía y despertaba con ella, vivía preocupado por ella. La consentía incesantemente, esa es una de las cosas que haces conmigo y que me hace recordarlos. —Sonrío para mí misma—. No importa cuán agitado había sido su trabajo, siempre volvía a la casa con nosotras, toda la noche. Era un hombre brutal en los negocios, pero en casa, era el hombre más gentil que conocí. Cuando llegó la hora de defender a su hija, fue tan voraz y tenaz, que no había como pararlo. Ellos eran el centro de mi mundo.


Sujeto mi cabeza con mis manos, balanceándome hacia delante y hacia atrás, dejando el pesar caer sobre mí. Pedro me envuelve en sus brazos y atrae a su pecho,meciéndome y murmurando palabras que no comprendo contra la cima de mi cabeza. Me besa y me dice que lo siente.


Finalmente, cuando las lágrimas dejan de caer, limpio mi nariz en la manga de mi blusa, y miro hacia la piedra negra, sus nombres y fechas y la inscripción abajo.


—También cumplirían treinta y cinco años de casados este año. —Suspira y besa mi cabeza nuevamente—. Trataron de concebirme durante siete años. Intentaron de todo, pero nada funcionó, entonces desistieron y se resignaron con la idea de que no tendrían hijos, o tal vez adoptaran más tarde. Mi madre era socia en una empresa, y sus vidas fueron tomando un rumbo en que no tener hijos era más adecuado.
»—Y, de repente, en el octavo año, quedó embaraza. Casi me perdió a los cinco meses, y soportó muchos meses de reposo absoluto en la cama, pero aquí estoy, sana y salva.


—Gracias a Dios —susurra Pedro.


—Los echo de menos. —Comienzo a llorar de nuevo.


—Lo sé, cariño.


Nos quedamos arrodillados ahí, en el suelo mojado con la lluvia cayendo sobre nosotros, por un largo tiempo. 


Parecieron horas, pero podrían ser solo unos minutos. Al final, Pedro se levanta y me alza en sus brazos, envolviéndome contra su pecho, y me lleva hasta el auto. Pasa el cinturón de seguridad sobre mí, y besa mi frente.


Mientras camina hasta el lado del conductor, atraigo mis rodillas hacia arriba y envuelvo mis brazos alrededor, haciéndome un ovillo, y lloro todo el camino hasta casa.


Pedro me lleva hasta su cuarto. No estoy llorando, pero me siento exhausta, mis ojos duelen, y estoy triste. Me coloca suavemente sobre la cama y me saca los zapatos.


—Levanta un poco, cariño. —Obedezco y saca mis vaqueros sucios—. Brazos hacia arriba —dice, y saca la camisa por encima de mi cabeza.


Saca mi sujetador y toma mis hombros con las manos, guiándome de vuelta a la cama. Camina hasta un armario y coge una camiseta blanca, moviéndose detrás de mí y deslizándola sobre mi cabeza. Se saca sus propias ropas sucias y agarra una nueva camiseta y pantalones de pijama.


Pedro toma el cubrecama y me tapa con él.


—Estamos a medio día —protesto, pero besa mi frente y pasa los dedos por mi mejilla.


—Toma una siesta. Estás triste, bebé. Voy a tomar mi laptop y sentarme aquí contigo, ¿bien?


—Gracias. —Agarro su mano y la llevo a mi rostro, frotando la palma de la mano en mí—. Gracias por hoy. Te amo mucho. No sé qué haría sin ti.


Siento las lágrimas comenzando de nuevo y me avergüenzo.


—Oye, calma, bebé. —Está besando mi frente y mi mejilla, acariciándome con la mano libre suavemente hacia arriba y hacia abajo en mi espalda—. Nada va a pasar conmigo. Ve a dormir. Estaré de vuelta.


Toma su teléfono y lo apaga y hace lo mismo con el mío, empuja el cubrecama alrededor de mis hombros y se va.


Pocos minutos después, está de regreso con una botella grande de agua y su laptop.


Se arrastra en la cama cerca de mí. Levantando su mano, acaricia mi cabello hacia atrás con los dedos y me sonríe suavemente.


—Te amo, niña bonita. Duerme un poco. Te despierto después.


—Está bien —susurro y cierro los ojos, apreciando las caricias rítmicas. Con los dedos de Pedro en mi cabello, finalmente me duermo.



CAPITULO 47




-¡Hola, Paula! Gracias por encontrarme aquí, en vez de ir
hasta tu estudio.


Le sonrío a Gabriel y le doy un abrazo rápido. Estamos en el
Starbucks, para que le pueda entregar sus fotos para añadir a su portafolio, antes de ir a unas entrevistas más tarde.


Nos sentamos en una mesa, con nuestras bebidas, mientras le muestro sus fotos.


—Guau, realmente eres buena.


—Tenía un buen producto. —Le guiño, y tomo un sorbo de mi café. Los días son más fríos y lluviosos con la caída de las temperaturas, estoy agradecida por mi moca caliente.


Gabriel sonríe tímidamente y continúa mirando sus fotos.


—Me haces ver muy bien. ¿Cuándo puedo programar otra sesión?


—Bueno, Gabriel, eso va a ser un problema —digo y hago una mueca al pensar en Pedro. Mierda, a Pedro no le gustaría saber que estoy tomando café con Gabriel, imagina programar una nueva sesión.


—Ah. —Levanta una ceja.


—A mi novio no le gusta que tome fotos de hombres solteros en mi estudio. Es una cuestión de seguridad. —Me encojo de hombros y sonrío disculpándome.


—Nunca te lastimaría, Pau. —Gabriel hace una mueca y me siento como una mierda.


—Sé eso. Tal vez podría pedirle a Juana estar ahí también, entonces nosotros no estaríamos solos. Pedro probablemente estaría bien con eso.


—Eso está bien. Acabas de hacer un trabajo maravilloso. Discúlpame si fui un poco osado antes. Eres hermosa, y sería entupido si no lo intentara, pero entiendo que no estés en el mercado. Tranquila. Hablo con él, si quieres. —Gabriel parece sincero y le doy una palmadita en el hombro.


—Gracias. Vamos a pensar en una manera.


—¿Paula?


Miro hacia un par de ojos azules familiares y mi corazón se hunde en el estómago.


—Hola, Samantha.


—Pensé que eras tú. —Sus ojos brillan con astucia en cuanto ve a Gabriel, luego vuelven a mí y me quiero esconder.


¡Santa mierda! De todas las personas para encontrarme aquí con Gabriel, ¡tenía que ser ella!


—¿Será qué te veremos el sábado en la noche, en la fiesta de mamá y papá? — pregunta, con una sonrisa falsa en su cara bonita.


—Sí, Pedro y yo estaremos allí.


—Te veo entonces. —Se va, y suelto un gemido, sujetando mi cabeza entre mis manos.


—¿Quién era?


—La hermana de Pedro.


—Seguro que no le gustas.


Lo miro y río.


—No, no le gusto.


—¿Por qué?


—Es una larga historia. Estoy feliz de que te hayan gustado las fotos. Te aviso, así hablo con Juana y Pedro sobre la posibilidad de una nueva sesión.


—Bien, genial. Oye, realmente quise decir eso, si quieres hablo con Pedro sobre la sesión, para que sepa que no tengo ninguna intención errada contigo.


—Lo tendré en mente. Gracias por el café...


—El placer fue mío.



***


Mierda.


¿Cómo diablos le voy a explicar a Pedro sobre mi encuentro con Gabrie hoy? Sé que Samy le dirá algo, y rezo para que no le haya avisado antes de que pueda llegar a casa y contarle por mí misma.


Pedro es muy posesivo cuando se trata de Gabriel, sé que le debería haber avisado sobre verlo hoy, pero parecía tonto tener que pedir permiso para encontrarme con un cliente en un lugar público.


Creo que estoy en camino de meterme en graves problemas.


Tal vez pueda distraerlo con sexo.


—¡Cariño, llegué! —Entro en la casa, usando la llave que él me dio cuando volvimos de Tahití.


—En la oficina —grita de vuelta.


Pongo mi bolso en el sofá, y cargo dos bolsas pesadas hasta su oficina.


Me saluda con una sonrisa sexy y, luego, levanta las cejas, sorprendido cuando ves las bolsas.


—¿Qué tienes ahí?


—Hice algo para el aniversario de bodas de tus padres. —Le sonrío, nerviosa.


—¿Sí? —Sonríe, satisfecho conmigo—. ¿Qué es eso?


—Bueno, tuve un poco de ayuda de tu padre para hacer esto. 
—Comienzo a tomar los cuadros.


Hay ocho cuadros.


—Le pedí a tu padre solo las fotos de él y de tu madre juntos, cada cinco años desde que se casaron, comenzando con la foto de la boda.


Cogiendo el último de los cuadros, lo organizo en la mesa de Pedro. Sus ojos se deslizan sobre ellos, y entonces coloco el último.


—Dejé la foto de la boda y la que tomé en mi fiesta de cumpleaños más grande, y las demás dispuestas alrededor de ellas.


Agarra la foto que tomé en la fiesta y la mira, por un largo tiempo.


Habían estado posando para mí, todos sonrisas y cuerpos rígidos, y Pedro hizo una broma sobre algo, haciendo que ambos rieran. En la foto, Lucia está riendo hacia la cámara y Nicolas le está sonriendo con su rostro cerca del de ella, y el amor claramente presente entre ellos.


Fue mi foto favorita de ese día.


—Eres talentosa, bebé. Lo van amar. Mi madre las va a colgar en la sala principal.


Coloca el cuadro sobre la mesa y me atrae, besándome de esa manera suave que deja mis rodillas débiles.


—Espero que de verdad les gusten.


—Eres tan dulce. No tenías que hacer esto. Ya coloqué nuestros nombres en el regalo que compré.


—Lo sé. —Lo abrazo fuerte y entierro mi rostro en su pecho—. Pero quería hacer algo bueno para ellos. Realmente amo a tus padres. Puse nuestros nombres en este regalo también.


Lo siento sonreír contra mi cabeza.


—¿Qué les vas a dar de regalo? —pregunto.


—Nosotros —resalta la palabra y sonrío—. Una segunda luna de miel en el sur de Francia.


—Por supuesto que escogimos este regalo. —Río y beso su pecho.


—¿Eso es divertido?


—No. —Me echo hacia atrás y miro su rostro increíblemente guapo. No se afeitó esta mañana, y froto mi mano en su rostro, disfrutando la rugosidad.


—Me encanta lo generoso que eres.


Se encoje de hombros y parece incómodo.


—Se lo merecen.


—Sí, se lo merecen.


—¿Ya sabes que ponerte el sábado? —pregunta, mientras guardo los cuadros en las bolsas.


—Sí, lo compré el otro día, cuando Juana y yo llevamos a Sara de compras. Gracias nuevamente por incluir a la familia de Juana. Están encantados de ir.


—Mis padres realmente disfrutaron ese día con la familia de Juana. Estarán felices de tenerlos allí.


—¿Tienes mucho trabajo hoy? —pregunto, preparándome para contarle sobre Gabriel.


—No, estoy tranquilo hoy. ¿Y tú?


—También tengo el resto del día libre.


—Hmm… ¿qué podemos hacer en un día tranquilo con lluvia? —Levanta un dedo hacia los labios y finge estar pensando realmente sobre el asunto y río, pero entonces recuerdo que necesito ir a un lugar, y el encuentro con Gabriel y Samy es la cosa más lejana de mi mente.


—La verdad, tengo que decepcionarte, pero tengo un compromiso todavía.


Miro mis manos y después a él, mordiendo el labio.


—Está bien, ¿quieres compañía?


—No tienes que ir, si no quieres.


—Siempre quiero estar contigo. ¿Adónde vas? —Se recuesta en su mesa, con los brazos cruzados sobre su pecho.


—Al cementerio. —Me encojo de hombro nerviosamente.


—¿Por qué?


—Solo visito a mis padres dos veces al año, en mi cumpleaños, que me lo perdí este año porque mi novio increíblemente sexy me llevó a un paraíso tropical. —Le
sonrío de forma insolente y me la devuelve.—Y en sus cumpleaños.


—¿En sus cumpleaños? —pregunta, confundido.


Asiento.


—Celebraban sus cumpleaños el mismo día, exactamente con tres años de diferencia. Ellos siempre han estado dispuestos a celebrar esta fecha con estilo,fuera con una gran fiesta o un divertido viaje en algún lugar. Siempre estaban dispuestos a incluirme, y así quiero recordar siempre este día por ellos —las últimas palabras son un susurro.


Me abraza, y besa mi frente.


—Vamos.


lunes, 29 de diciembre de 2014

CAPITULO 46



Me despierto el sábado por la mañana en una cama vacía. 


Me siento y me estiro sobre el colchón, la suave sábana blanca se desliza por mi cuerpo desnudo cayendo en mi regazo. Agudizo el oído en la casa de Pedro, tratando de descubrir si consigo escucharlo en algún lugar, pero todo está tranquilo.


Paso mis manos sobre mi cara, y enseguida me doy cuenta de la taza de café con una rosa, junto con una nota.


Ah, no quiso despertarme. Tomo un trago de café. Todavía está caliente, por eso él no debe haber salido hace mucho. 


Huelo la rosa y abro la nota.



Trabajando esta mañana. Estoy en el escritorio del piso de abajo. Te amo. Pedro.


¿Escritorio? No me acuerdo de haber visto uno. Había una sala trancada, que en mi primera visita me dijo que era un depósito. Me pregunto si es allí. ¿Y si es, porque me dijo que era un depósito? Encojo los hombros y tomo más de mi café en la cama gigante.


Hoy está lloviendo y las grandes ventanas están cubiertas con gotas, haciendo algo borrosa la vista del mar agitado. Tomo la camisa que Pedro uso la noche anterior y me la pongo. Cuando bajo la escalera y estoy en el hall, la sala que Pedro dijo que era un depósito está abierta, y puedo escucharlo hablar por teléfono.


—Sí, ya vi los números esta mañana. Es una óptima noticia. Estoy feliz que estés satisfecho con ellos. No, no vamos a esperar por los números del lunes antes de tomar esa decisión. Ok, hablamos después de eso. —Termina la llamada, mientras yo entro en la sala.


—Entonces, no es un depósito. —Mira alrededor del escritorio y no puedo evitar imaginar que estoy en una película de su propia vida. Aquí es donde el guarda los recuerdos de sus películas. Hay posters de sus películas Nighwalker encuadradas y colgadas en las paredes. Hay premios y certificados, fotos con celebridades y personas importantes. Parece increíblemente joven en la mayoría de ellas. Miro a mi hombre sentando en su impresionante mesa. 


Él se inclina al frente vistiendo una camiseta blanca y jeans, observándome aprensivo.


—¿Qué? —pregunto e inclino mi cabeza para un lado.


—¿Estas muy enojada?


—¿Por qué mentiste sobre el cuarto?


—Sí.


—No.


—Oh. —Sus cejas se levantan y parece confundido.


—Sé porque tuviste que decirlo. ¿Hay más sorpresas por aquí? —pregunto, mientras me acerco a la mesa.


—No.


—Bueno.


Pedro se endereza y yo me siento en la mesa frente a él, apoyando mis pies en los brazos de su silla, él hace un movimiento rápido, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura y entierra su rostro en mi barriga. Llevo mis manos a su cabello y me inclino para besar su cabeza.


—Hueles tan bien —murmuro—. ¿Te bañaste sin mí?


—Sí, me levanté temprano. La mañana después de un estreno es siempre agitada.Además, quería llevarte el café.


Sonrío contra su cabeza.


—Gracias por el café.


—El placer es todo mío.


Su teléfono suena. Él se inclina para atrás y atiende la llamada, manteniendo un brazo alrededor de mi cintura.


—Alfonso —Su voz es corta y profesional, y sonrío para él.


—Hey, Channig, gracias por devolverme la llamada. Solo quería decirte que vi la película ayer por la noche. Hiciste un trabajo fantástico. —Escucha por un momento y después ríe—. Lo sé. Estoy feliz de que sobrevivieras. ¿Cómo está tu linda esposa? Bueno. Hey, tengo otro proyecto que estoy mirando para el año que viene, ¿te puedo enviar el guion? Es muy bueno.


Pedro pasa su mano por mi barriga y yo apenas puedo escuchar a Channing…


¡Channing maravilloso Tatum! Hablando. Del. Otro. Lado.


—Ok, te lo envió la próxima semana. Aprovecha tu fin de semana, te lo mereces.Chao.


—Parece feliz —murmuro.


—Debería, los números son muy buenos.


—¿Mencioné anoche lo orgullosa que estoy de tu trabajo?


—Hablaste. Particularmente me gusto escucharte, cuando estabas desnuda. —Me guiña el ojo y le respondo con una carcajada.


—También me gusto esa parte.


—La verdad… —Sostiene mi coño en sus manos y me jala con fuerza hasta su cuerpo—. No tienes permiso de usar esta camiseta.


—Dios mío, tengo que parar de hacer eso.


—Lo sé. Vas a ver ahora lo que pasa cuando usas mis camisetas.


—Pero me gustan tus camisetas. —Le ofrezco el piquito de mis labios.


—Me gusta hacer esto. —Lentamente desabotona cada botón hasta quitarme la suave camisa, dejándola caer sobre la mesa detrás de mí. Inhala bruscamente, sus ojos al nivel de mis senos, y recorre mi cuerpo con sus bellos ojos azules, como si estuviese comiéndome viva con su mirada.


—Dulce madre de Dios, eres tan linda. —Se inclina y frota la punta de su nariz contra mi pezón derecho, levantando la punta mientras me retuerzo—. Adoro la manera en como tu lindo cuerpo me responde.


Le da la misma atención a mi pezón izquierdo, y gimo bajito. 


Está sentando en esa silla, completamente vestido, y yo estoy a punto de correrme con su nariz. Increíble.


Me mira, mientras lleva un pezón a la boca y chupa, enseguida lame y besa todo el camino en mi pecho hacia el otro seno y hace lo mismo. Sus manos están acariciando mi trasero.


—Inclínate para atrás, apoyada en tus manos, bebé.


Hago lo que pide y el besa el piercing de mi barriga.


—Esto es tan jodidamente sexy. ¿Hace cuánto tiempo lo tienes?


—Me lo hice cuando cumplí dieciocho años.


—Es sexy. —Lo besa nuevamente y traza el camino hasta mi tatuaje.


Abruptamente, me empuja para el borde de la mesa haciéndome inclinar para atrás en mis codos, exponiéndome a él. Coloca un beso en las letras oscuras.


—¡No te acuestes! Quiero que veas. —Joder. Esa es la cosa más sexy que me ha dicho.


—Está bien. —Mi voz es pesada, con necesidad y sonríe para mi, sus ojos azules fijos en mí.


Se inclina para abajo y con apenas la punta de su lengua lame mi clítoris, va hasta mi entrada y regresa nuevamente, y entonces lleva su boca directa sobre mi clítoris, moviendo su lengua más y más, y entonces chupa profundamente. Lanzo mi cabeza para atrás y grito su nombre en voz alta y, enseguida levanta la cabeza para continuar observando. Es tan agradable ver su boca en mí. Mueve una mano alrededor de mi trasero, en mi muslo y desliza un dedo dentro de mí.


Levanto mi cuerpo de la mesa, mis pies están en los brazos en la silla, me sostiene firmemente contra su boca. Su lengua se desliza para atrás y para el frente sobre mi clítoris, y el dedo continúa trabajando dentro de mí. Sus profundos ojos azules están en mí, cuando gozo, gritando. Deja varios besos en mi centro y saca el dedo de mi núcleo.


—Dios, tienes un gusto tan bueno. Te quiero todo el tiempo, Pau. No me canso de ti.


—¡Dentro de mí! ¡Ahora! —Estoy sin aliento y lo necesito.


Se levanta y se baja los pantalones hasta sus muslos.


—Envuelve tus piernas en mis caderas, bebé.


Me llena mientras lo rodeo con mis piernas, inclinándose para besarme, y agarrando el extremo de la mesa con la mano, mientras me llena implacablemente.


—Oh, Dios. —Mis manos están en su trasero, jalándolo más fuerte. Siento él orgasmo llegando.


—Vente para mí, linda —susurra en mi oído y esa voz sensual me envía al borde, en otro clímax increíble, que me hace hundir mis pies en su trasero.


—Cristo, Pau—Él tiembla cuando se corre dentro de mí, dándome varios besos en mi rostro.


—Realmente recomiendo el sexo en la mesa de trabajo —murmuro y sonrío perezosamente.


Él ríe y me jala para arriba, para sentarme.


—Sí, vamos a hacer esto muchas veces.