Miro entumecida hacia la caja azul, atada con un lazo blanco perfecto.
—¿Qué es esto?
—Para ti —murmura y aprieta mi mano. Mis ojos encuentran los suyos y no sé qué decir.
—No deberías haber hecho esto —mi voz es un susurro.
—No lo has abierto todavía —responde secamente, pero sus ojos están atentos.
Tengo certeza de que esta no era la respuesta que él estaba esperando. No quiero herir sus sentimientos. Agarra la caja y me la pasa—. Ábrelo, bebé.
Abro la cinta y debajo de ella hay una nota.
Me hacen recordarte. Simplemente hermosa.
—Oh Dios mío, Pedro.
Sonrío para él, y veo sus hombros relajarse un poco con mi sonrisa.
Está sentado al frente, inclinándose sobre la mesa, esperando con expectativa a que abra la caja. Levanto la tapa y suspiro.
Envuelta en raso azul de Tiffany, hay un fino collar de perlas.
Tiene un cierre de platino, y las perlas son blancas lechosas, con un brillo que casi refleja al arcoíris con las luces brillantes alrededor de nosotros. Las levanto fuera de la caja, y son lisas y frías al toque.
—Pedro, son fabulosas.
—Aquí. —Levanta con gracia su delgado cuerpo de la silla y viene para quedar detrás de mí, tomando el hermoso collar de perlas de mis manos, extendiéndolas.
Lo coloca en mi cuello, y mis dedos las tocan inmediatamente, cuando lo cierra en él.
Van apenas hasta mi clavícula. Se inclina y me besa suavemente en la mejilla, me ofrece su mano, cuando Norah Jones comienza a cantar.
—Baila conmigo. —Sus ojos azules están brillando de felicidad, y estoy tan enamorada, tan apegada a él, que simplemente no consigo resistirme.
—Sería un placer —me acerca hacia sus brazos y comienza a bailar conmigo alrededor del patio—. Gracias por el hermoso collar —le susurro.
—Fue un placer, linda. Quedan perfectas en ti —me balancea hacia delante y hacia atrás al ritmo de la música, y después se inclina y coloca sus labios suavemente en los míos.
—Eres bueno en esto.
Me sonríe.
—El estudio me hizo tomar clases.
—Lo apruebo.
—Estoy feliz de escuchar eso. —Cuando la música termina, me atrae más cerca contra su pecho y envuelve sus brazos alrededor de mí, plantando sus labios suavemente en mi frente.
—Ven a casa conmigo esta noche.
—¿Prefieres ir para tu casa hoy en la noche?
—Sí. Te quiero en mi cama.
Sonrío y paso mis dedos por sus cabellos rubios suaves, y encaro su bello rostro. Sus ojos son muy azules, su barbilla sin afeitar. Nunca amé tanto a alguien.
—Está bien. Voy a necesitar algunas cosas de mi casa.
Sus dedos trazan mi piel, luego abajo de las perlas y un escalofrío corre por mi espina dorsal.
—Juana ya se hizo cargo de todo.
Levanto una ceja.
—Estabas seguro de que diría que sí.
—Solo estaba esperanzado, bebé. —Besa mi frente nuevamente, y agarra mi rostro en sus manos. Sus labios encuentran mi nariz, mi rostro y después se posan suavemente en mis labios. Es uno de sus besos especiales, y suspiro, cuando mi estómago se aprieta.
—Llévame a casa —susurro contra sus labios y parpadea, ardiendo de deseo. Me lleva de vuelta para la mesa y veo que nuestras cosas fueron reunidas y, probablemente, llevadas hacia el auto. Un camarero aparece con mi abrigo y bolso y Pedro pega su mano en la curva de mi codo y me acompaña de vuelta al auto, deslizándose por el asiento de cuero detrás de mí.
Dentro del auto, hay una nueva botella de champagne y otra rosa roja.
—¿Qué hay contigo y las rosas rojas?
—¿No te gustan? —Su voz está preocupada, y arruga su frente.
—No, las amo. Solo me estás consintiendo. —Entierro mi nariz en la flor y lo encaro a través de mis pestañas.
—Estás muy bonita ahora, con las perlas, vestida negro y la rosa roja presionada en tu rostro —pasa el dedo por mi rostro y suspiro.
—Gracias.
—Ven aquí. —Me levanta sin esfuerzo hacia su regazo y me recuesto en él, enterrando mi rostro en su cuello.
—Esta noche fue la más mágica de mi vida, Pedro.
Siento su sonrisa cuando besa mi frente.
—La mía también.
***
—Despierta, bebé, estamos en casa. —Pedro besa mi cabeza y acaricia mi mejilla con sus dedos.
—Discúlpame, me quedé dormida. —Me siento y noto que todavía estoy sujetando la rosa.
—Amo sujetarte mientras duermes, nena. Vamos, entremos. —El chófer abre la puerta de Pedro y sale, tomándome de la mano y conduciéndome fuera del auto. Él le agradece al chófer y me acompaña hacia la casa.
Mis pies comienzan a sentir los efectos de mis fantásticos zapatos, pero no quiero quitármelos todavía. Pedro me quita la chaqueta de los hombros, deslizando sus dedos por mi piel y haciendo que mi libido se despierte.
—¿Te duelen los pies? —es siempre tan consciente de cómo me siento, y eso me hace sonreír.
—Un poco, pero estoy bien.
Se inclina, me toma en sus brazos y me lleva hasta su cuarto.
—Realmente te gusta cargarme —murmuro y beso su mejilla.
—Es por razones puramente egoístas.
—¿Eh? ¿Y cuáles son esas razones? —Beso su rostro nuevamente. Amo la forma en cómo me siento con su piel contra mi rostro.
—Bueno. Uno: Me gusta tenerte en mis brazos. Y dos: No quiero que te quites esos zapatos todavía.
Me lleva hacia el cuarto y me coloca sobre mis pies. Da vuelta a un interruptor en la pared y el cuarto se ilumina levemente, jugando sombras suaves en todo el entorno.
—Déjame ayudarte con el vestido.
Me volteo, y besa mi hombro, mientras baja la cremallera en la espalda y desliza las mangas por mis brazos. El vestido cae a mis pies. Toma mi mano, para salir del vestido. Suspira dando un paso para tras, sin tocarme, y nunca me sentí tan bonita.
Sus ojos brillan con adoración y deseo, deslizándose desde mi cabello y el collar de perlas, hasta mis senos, mantenidos firmemente en su lugar por un sujetador sin tirantes de encaje negro que caía. Baja su mirada sobre mi braguita de encaje negra,mi liga, medias y matadores zapatos rojos. Sí, sé que debo estar increíble ahora, y me siento poderosa, sexy, y es el mejor sentimiento del mundo.
No me muevo en su dirección, me quedo parada, dejando que me saboree con los ojos. Lentamente levanto mis manos y suelto mi cabello, dejándolo caer sobre mis hombros, los ganchos cayendo al suelo.
—Esta es una fantasía que tenía, volviéndose realidad, Paula —Traga en seco y flexiona las manos en puños, y sé que está muriendo por tocarme. Sonrío suavemente, no queriendo romper este hechizo. Llevo la mano atrás de mí, para soltar mi sujetador y lo dejo caer junto a mi vestido en el suelo, liberando mis senos.
Mis pezones están duros, sobre su mirada hambrienta.
—¿Qué quieres que haga ahora? —susurro.
Sus ojos se concentran en los míos, un poco vidriosos como si estuviera intoxicado, pero sé que no es del vino que tomó esta noche. Cierra los ojos un segundo, y entonces comienza a tirar sus ropas, dejándolas caer en el suelo.
De repente, está de pie delante de mí, desnudo.
—Casi tengo miedo de tocarte —susurra.
—¿Por qué? —Inclino mi cabeza a un lado, confundida. ¡Tócame! Por favor, por el amor de todo lo que es sagrado, ¡tócame!
—Tengo miedo de que no seas real. —Y viendo la vulnerabilidad en sus ojos, voy hasta él, llevando mis manos a su pecho, sobre sus hombros y en su cabello. Sus ojos azules están fijos en los míos y sonrío tiernamente.
—Soy real, y soy tuya. —Me pongo de puntillas y le doy un beso. Se estremece, expirando profundamente. Baja sus manos a mi trasero y me levanta envolviendo mis piernas alrededor de su cintura, y nos lleva hacia su cama. Pero no me suelta, me sujeta firme en sus brazos increíblemente fuertes, y me baja hasta la cama suavemente, sin retirar los labios de los míos.
Me besa locamente, vorazmente, colocando mi rostro en sus manos, mientras se cierne sobre mí, apoyándose en los codos. Mis manos bajan hacia su espalda y su trasero, y de vuelta hacia sus hombros. Su erección está contra mi braguita mojada, y ahora frota sus caderas hacia el frente y hacia atrás, enviando rayos de electricidad en mi cuerpo.
—Dios, estaba fantaseando sobre esto desde el día en que te conocí —murmura, mientras lleva su boca hasta mi cuello.
—¿Sobre qué?
—Tú, las perlas y estos zapatos, debajo de mí.
—¿Y es igual a como lo soñaste? —Suspiro, cuando se frota contra mí nuevamente, y aprieto mis piernas alrededor de sus caderas.
Sonríe contra mi cuello.
—Mejor de lo que jamás imaginé posible.
Frota su nariz a lo largo de mis perlas.
—Estás magnífica con ellas.
—Las amé. Gracias.
Se inclina en los codos y me fija con aquellos ojos brillantes azules. Acaricia mis mejillas con sus pulgares y corro mis dedos por su cabello.
—¿Qué pasa? —pregunto, deleitándome con la manera intensa en que me está mirando.
—Te amo.
Las palabras son fuertes, firmes, sin excitación, y su mirada intensa nunca vacila, y sé que está hablando exactamente de lo que está sintiendo. Mi corazón salta un latido, y lágrimas se deslizan de mis ojos, cierro su rostro precioso con mis manos, mientras miro hacia mi increíble hombre.
—También te amo. —Enjuga mis lágrimas con las puntas de los dedos, y enseguida se inclina y besa mis párpados.
—No llores, bebé. —Sus labios rozan levemente mi mejilla y vuelven a mis labios nuevamente, estoy completamente entregada a él.
—Haz el amor conmigo, por favor. —Lo quiero más que cualquier cosa en la vida. Quiero sentirlo, quiero ver la pasión en su rostro, cuando estalle dentro de mí. Él sonríe con ternura, se sienta y empuja mis braguitas con sus pulgares. Levanto las caderas, para que las pueda deslizarlas por mis piernas hacia abajo. Vuelve encima de mí, pasando la mano en mi pierna, a lo largo de mi media, y frotando levemente los dedos sobre mi piel, donde termina la media.
Es delicioso.
Su talentosa mano se mueve entre mis piernas y desliza dos dedos dentro de mí, su pulgar haciendo estragos en mi clítoris y me inclino hacia arriba en la cama.
Oh Dios, eso está tan bien.
—Siente, bebé.
Oh, lo siento. Mis caderas giran, mientras sus dedos empujan dentro y fuera de mí en un ritmo sensual. Se inclina y me besa, su lengua invadiendo mi boca con el mismo ritmo de sus dedos. Luego que siento mi cuerpo acelerarse, y que comienzan los escalofríos, los saca de mí.
—¡No!
Me sonríe y rápidamente me llena, enterrándose profundamente.
—Oh, sí.
—¿Mejor? —Sus ojos queman los míos y se comienza a mover, superándome con las sensaciones. Mi cuerpo está en llamas, mi corazón tan lleno de amor por este hermoso hombre. No consigo encontrar mi voz, entonces simplemente concuerdo con mi cabeza, agarrando su trasero apretado, y empujándolo hacia mí.
—Oh nena, estás tan estrecha. —Contraigo la mandíbula y aprieto mis músculos más íntimos, sabiendo que está cerca de correrse, y voy con él.
—Córrete conmigo, mi amor. —Sus ojos se abren y después se cierran de nuevo, cuando se estremece dentro mío, mi cuerpo lo acompaña, apretando a su alrededor, pulsando con la necesidad.
—¡Oh Paula, sí!
Paso por ti en una hora. Por favor, elije una ropa formal.
Oh Dios. Miro el mensaje y lo leo de nuevo. Miro al reloj. Son las cinco y media, y yo definitivamente no estoy ni cerca de estar formal o sexy. Y ni sé por dónde comenzar. Este es un trabajo para Juana.
—¡Juana! —grito desde la puerta de mi cuarto, mentalmente viendo mi armario.
—¿Qué?
—Necesito estar sexy
—¿Qué?
Le coloco mi teléfono en sus manos y ella lee el mensaje y me ofrece una sonrisa enorme.
—Wow, él sabe cómo conquistar a una mujer.
—¡Juana! —Sostengo sus hombros y la balanceo—. Ayúdame. Yo no soy buena en esto.
—Vamos. —Ella agarra mi muñeca y me lleva hasta mi armario—. Los nuevos Louboutin rojos son una necesidad. —Los saca del armario y me los entrega.
—¿Qué voy a usar con ellos? —Estoy en pánico.
—¿No tienes un vestido negro corto?
—No. —Arrugo mi frente—. No tengo muchos vestidos, de cualquier manera.
—Todo el mundo tiene un vestido corto negro, Paula.
—Yo no tengo. —Encojo los hombros.
—Entra en la ducha y toma un buen baño, afeita tu vagina para quedar perfecta. Ya regreso.
—Eso suena doloroso. —Mis ojos se abren de miedo y Juana sonríe para mí.
—Estamos apenas comenzando. ¡Ahora! El reloj está corriendo. —Corre de regreso para su cuarto y yo voy al baño.
***
Cincuenta minutos después, estoy lisa y pulida. Juana enrolló mi cabello castaño en algún tipo de nudo sexy, con mechones guindando alrededor de mi rostro. El rostro es una obra prima de Julianne.
Ella logró que el maquillaje me otorgue una mirada sensual, acentuando el color verde de mis ojos. Mis mejillas están definidas y mis labios están carnosos con labial rojo, que asegura no sale o se borra durante 18 horas, lo que parece
demasiado bueno para ser verdad, pero lo quiero creer. Mis ojos viajan por mi cuerpo en el gran espejo que tengo en la parte detrás de la puerta de mi armario.
Estoy sexy. Juana me prestó un vestido negro maravilloso. El escote me recuerda a algo que Elizabeth Taylor había usado, con un profundo escote en V. Baja justo y corto hasta la cintura, levemente fluido. Es sin mangas y tiene un grueso cinturón.
La falda es fluida y suave, acaba arriba de mis rodillas. Sobre el vestido uso unas bragas negras y un liguero, con medias del color carne. Nunca usé antes medias, pero sorprendentemente son cómodas, un toque sedoso y sexy.
Mis lindos Louboutins rojos son matadores con este vestido. Juana entra en el cuarto y suelta un largo silbido.
—Bien, mi mejor amiga, está espectacular. —Suelto una carcajada, y doy una vuelta para que ella pueda ver todo el efecto.
—¿Crees que le gustará?
—Mi niña, él va a morir de insuficiencia cardiaca en el minuto que te vea. Estás increíble. —Sonríe y me abraza.
—Aquí está la chaqueta y la cartera que combinan con tu ropa. —Me da un bonito abrigo rojo y una cartera que combinan perfectamente con los zapatos y le sonrío
agradecida.
El timbre suena y ahora existen cerca de cinco millones de mariposas en mi estómago.
—Voy a abrir la puerta. Quédate aquí un tiempo, para hacerlo sudar. —Ella besa mi rostro y baja las escaleras corriendo. Me miro a mí misma en el espejo por algunos minutos más y enseguida, coloco mis cosas en la cartera roja de Juana.
Y allá voy.
No voy a caer por las escaleras. No voy a caer por las escaleras. Este es mi mantra mientras bajo las escaleras. Creo que no estoy respirando, estoy muy nerviosa. ¿A dónde me llevará? Llego al final de las escaleras y entro a la sala y todos mis pensamientos se van. Pedro está vistiendo un traje negro, con una camisa blanca y una corbata azul que combina perfectamente con sus increíbles ojos. Su cabello desordenado esta domado, y él está pidiendo por mis dedos. Parece un hombre rico, un sofisticado actor, y él es todo mío.
Sus ojos bloquean los míos y su sonrisa lentamente se
dispersa en su rostro.
—Paula, me dejas sin aliento.
—Tú no estás nada mal.
Pedro cierra el espacio entre nosotros y me entrega un buqué de rosas rojas.
—Estas son para ti.
—Gracias —murmuro, mientras inhalo las flores—. Son adorables.
—Tenemos que irnos, tenemos una reservación. —Toma mi mano y besa mis dedos, erizando mi brazo.
—Ok.
Juana mágicamente aparece de la nada.
—Voy a colocar las flores en agua. Diviértanse. Estás linda.
—Gracias, Juana—Le entrego las flores y Pedro me lleva para al auto.
En lugar del Mercedes o del Lexus, hay una limosina negra estacionada en mi garaje con un conductor de pie, bien vestido, sosteniendo la puerta trasera.
—Señora —me saluda y le sonrío de regreso. Puta mierda, ¡Pedro hizo el paquete completo! ¿Es así que hace las cosas cuando está arrepentido? Si es así, vamos a discutir con más frecuencia.
Subo en la parte trasera de la espaciosa limosina y me deslizo en el asiento, con Pedro atrás de mí. El interior tiene lugar para 10 personas fácilmente, los asientos son de suave cuero negro y tiene algún tipo de sistema de sonido impresionante y otros dispositivos. El vidrio que separa el conductor sube silenciosamente. Pedro se desliza graciosamente cerca de mí y besa mi mano nuevamente.
—Pedro, esto es… increíble. Gracias.
—Ni siquiera llegamos al lugar todavía. —El parece tan joven y feliz y está claramente animado con lo que planeó para nosotros esta noche.
—¡Pero si esto ya esta demás!
—No, eso es exactamente lo que mereces, bebé. —Se inclina y me da un dulce y tierno beso, lo que me hace vibrar por dentro—. Estás maravillosa.
Sonrío y me emociono con el halago.
—Gracias.
—¿Estos son los zapatos nuevos?
—Sí —sonrío.
—Ellos son wow.
—Lo sé.
Ríe y me sirve una copa de champagne mientras el conductor se aleja de la casa.
—Un brindis. —Levanta su copa y levanto la mía—. Pau una bella mujer, que es muy especial para mí, la persona más increíble que conocí. Gracias por estar aquí conmigo.
Toca mi copa y yo pestañeo, tratando de alejar las lágrimas mientras tomo un trago del champagne rosa dulce.
—Eres encantador —murmuro y sonrío tímidamente.
—Y tú eres sexy como el infierno.
—¿Para dónde vamos? —Tomo otro trago de champagne. Mmm… delicioso.
—Es una sorpresa.
—¿Demoraremos en llegar?
—Un poco. ¿Por qué preguntas?
Tomo la bebida de su mano y coloco al lado la mía en una pequeña mesa cerca de la nevera.
—Porque… —levanto mi falda un poco y me muevo a sus piernas. Sus ojos se abren con sorpresa y sus fuertes manos se deslizan hasta mis piernas—. Quiero follar contigo en esta limosina.
—Puta mierda, cariño, estas usando medias. —Sonrío presuntuosamente.
—Tenía una escena de seducción planeada para más tarde. —Nuestra respiración ahogada, cuando froto mi coño con su creciente erección—. Confía en mí, no quiero arruinar tus planes. —Me inclino al frente y paso mis labios sobre los suyos—. Pero si no estás dentro de mí en cerca de veinte segundos, no respondo por mis acciones.
—Esa es una oferta que nunca, nunca rechazaré bebé. —Me regresa al asiento, para abrir sus pantalones, levantando la camisa, y empujando los pantalones hasta sus muslos.
En vez de montarlo, me deslizo en sus piernas y coloco mis rodillas en el lujoso suelo. Con mis manos sostengo su erección, frotando para arriba y para abajo.
—Santa mierda, Pau, eres tan golosa. Me pones loco.
Limpio la gota de humedad en la punta con mi pulgar y, enseguida, la llevo hasta mi boca y chupo, mirándolo a los ojos.
—¿Golosa?
—Mmm… mi favorito.
Lo llevo a mi boca, girando mi lengua alrededor de la punta y deslizo mis manos arriba y abajo en su tamaño impresionante. Siento su mano levemente en mis cabellos cerca de mi oído, él quiere hundir las manos en mi cabello, pero no puede.
Agarro su palo con mis labios firmemente y lo devoro, hasta que lo siento contra la parte de atrás de mi garganta.
—Dulce Jesús, Paula, para.
Sonrío para mí misma y lo suelto, pero después lo tomo de nuevo y amo volverlo completamente loco.
—No, para, no quiero terminar en tu boca. —Él se inclina y me levanta, y estoy montada en el nuevamente. Mueve mis bragas a un lado y yo me froto contra él, sintiendo la humedad esparcirse.
—Dios, cariño, estás tan mojada.
—Eres tan sexy, amor. Te necesito dentro de mí.
Gruñe y me besa con fuerza levantando mi trasero, y fácilmente entra profundamente dentro de mí. Agarro la parte de atrás del asiento y cabalgo lentamente en el inicio, pero sus manos me mueven para arriba y para abajo más rápido y más rápido.
—Correte para mí, linda. —Está besando mi cuello y mueve una mano entre nosotros, frotando mi clítoris con su pulgar y yo estoy perdida. Tiemblo y lo aprieto, gritando, cuando él me golpea duro y se vacía en mí.
—Joder, Paula—Su respiración es irregular. Envuelvo mis dedos en su cabello y lo beso con todo lo que tengo, derramando mi corazón y mi alma en aquel beso, tratando de transmitir las palabras que no puedo decir: que lo amo mucho. Él cariñosamente sostiene mi rostro en sus manos y alarga el beso, yendo para atrás, para que él pueda mirar en mis ojos, veo el amor reflejado. Me hace brillar por dentro y eso me hace querer correr lo más rápido que pueda en otra dirección.
—Gracias por esta noche —susurro.
—Oh, bebé, apenas está comenzando.
Me da una sonrisa lenta, dulce y me levanta de encima. Busco alrededor y encuentro una toalla, me limpio y arreglo nuestras ropas. Regresando a nuestros lugares, Pedro sirve más champagne y me envuelve en su abrazo.
—Siento mucho lo de hoy —murmura.
—Yo también. —Suspiro e inclino mi cabeza en su hombro—. ¿Conseguiste hacer tu trabajo?
—La mayor parte. Más todavía voy a tener que hacer unas llamadas mañana.
—Ah bueno. —Él está pasando los dedos por mis brazos desnudos y quiero ronronear.
—¿Qué hiciste hoy?
—Salí con Juana —Tomo su mano en la mía y uno nuestros dedos, observando sus manos largas y delgadas—. Ella está pasando por algunas cosas, entonces salí con ella, cosas de mejores amiga.
—¿Ella está bien? —Parece sinceramente preocupado y no puedo dejar de sonreír.
Mi dulce hombre.
—Ella lo va estar. Problemas con hombres.
—Ah. Entonces, ¿qué es lo que implicaría esas cosas de mejor amiga, exactamente? —Besa mi frente.
—Bien, un montón de conversación, comer helado y otras cosas que no tengo permiso para divulgar.
—¿Ah? —ríe y besa mi frente nuevamente.
—Sí, podría decirte, pero entonces tendría que matarte y me gustas mucho.
—¿Es cierto? —Él se inclina para atrás, para poder mirarme a los ojos y yo muevo la cabeza seriamente.
—Sí, me gustas mucho.
—¿Y qué te gusta más, exactamente? —Me ofrece una dulce sonrisa y sé que a pesar de la broma, él quiere una respuesta honesta.
—Estoy enamorada de esto. —Me inclino y beso sus labios suavemente—. Dices muchas cosas dulces sobre mí, además de hacer… hmmm… cosas maravillosas con mi cuerpo.
—Estoy feliz de escucharlo, niña linda.
Sonrío y beso la palma de su mano.
—Me gustan tus manos y lo expresivas que son y cómo me siento con ellas en mí.
—Mmm… Ellas aman estar en ti, bebé.
Coloco mi mejilla en su pecho, encima de su corazón.
—Sobre todas las cosas, amo tu corazón; porque siempre eres gentil conmigo. La mayor parte del tiempo —agrego y sonrío.
Sus labios se abren, cuando respira.
—Paula, no sé lo que hice para merecerte, pero haría eso nuevamente, cuantas veces sean necesarias. —Pasa los dedos por mi mejilla y besa con ternura, luego la limosina para.
—Llegamos.
Pedro sale antes y toma mi mano para ayudarme a salir del impresionante auto. Él me sostiene a su lado y mis ojos están en el enorme Chateau5 delante de nosotros.
—Oh, Dios.
—Este es el Chateau Ste… Michelle. Vamos a cenar aquí esta noche.
—No sabía que ellos tenían un restaurante.
Mis ojos se abren al mirarlo.
—No tienen. Hacen eventos especiales. Hoy en la noche, por algunas horas, por lo menos es todo de nosotros.
Estoy muda. ¿El alquiló el Chateau todo para mí?
—Ven. —Me lleva el frente del edificio, donde una mujer mayor, con ropa de los años cincuenta, está esperándonos—. Bienvenidos, Sr Alfonso y Srta. Caves. Soy la Sra. Davidson. Estamos muy felices de recibirlos. ¿Serían tan amables de seguirme?
Ella nos lleva por un camino de adoquines, que atraviesa todo el lado del Chateau.
Está lleno de lámparas antiguas de calle, que le dan luz a toda la parte lateral del edificio.
Pedro coloca mi mano en su brazo y me acompaña en el camino, atrás de la Sra. Davidson.
Cuando salimos de la curva detrás del castillo, me ahogo con la visión delante de mí.
—Oh, Pedro—Lo veo sonriendo para mí, observando mi reacción ante la visión más linda que he visto. El camino de piedra nos lleva hasta un cenador cubierto de vides. El viñedo esta llevo de uvas rojas. Hay luces de Navidad blancas titilando cubriendo cerca de 10 mesas para dos personas.
Suena un suave blues de fondo. La pequeña mesa, en el centro del patio de piedra, está cubierta por un mantel de mesa blanco. Un jarrón blanco chino, en el centro de la mesa con una única rosa roja. Pedro camina frente a mí y mueve la silla para que me siente.
Toma la rosa y miro sus ojos llenos de alegría. Huele la delicada flor antes de ofrecérmela.
—Para ti, linda.
Se sienta enfrente de mí en la mesa.
—Cariño, esto es maravilloso. Gracias. —Le ofrezco mi mano y agarro la suya,conmovida con el gesto romántico.
—Estoy feliz de que te guste —sonríe y llama al camarero.
—Señor, señora. —El camarero está vestido con una chaqueta blanca, pantalones negros y pajarita. Es un señor de cabellos blancos con un acento británico y no consigo evitar enamorarme un poco de él—. Gracias por unirse a nosotros en esta noche. Servimos tres platos principales, además de una entrada y claro, un postre. Espero que tengan hambre —. Me guiña el ojo y llama a alguien dentro del Chateau —. Aquí está la entrada: Calamar picante, servido con nuestro Dry Riesling 2009 y pinchos de pollo al estilo hawaiano, servido con Riesling 2008. Los platos se servirán con la copa de vino definida.
Encuentro los ojos de Pedro sobre la mesa.
—Todo parece delicioso.
—Aprovecha, bebé.
Nos comemos las entradas. Los vinos completaban cada plato con perfección, inundando mi boca con los sabores y texturas. Pedro sostiene mi mano, frotando el pulgar sobre mis dedos, cuando terminamos el vino y esperábamos el próximo plato.
—¿Te estás divirtiendo?
—Mucho más que divertido. Eso es… un cuento de hadas. —Siento el calor en mi rostro, pero es la verdad.
—Es un bello viñedo. Vamos a tener que regresar durante el día, así lo puedes conocer con la luz del día.
—Adoraría hacerlo.
—¿Puedo traerles el primer plato?
Nuestro camarero está de regreso y se lleva nuestros platos vacíos y copas de vino.
—Este es nuestro pescado marinado con mojito de mango, aguacate y frijoles negros con perejil, servido con Summer Blanco 2009. Que lo disfruten. —Se aleja, dejándonos con la deliciosa comida. Después sirve dos platos más, lomo de cerdo y filete de Nueva York con batatas Yukon y, por supuesto acompañados por vinos perfectos.
Estoy muy satisfecha y resta apenas un poco de luz en el viñedo, cuando el postre es servido.
—Oh Dios mío, Pedro, no se existe espacio todavía en este vestido para el postre. — Me siento y froto la barriga y Pedro ríe, la luz brillando en sus ojos con la felicidad.
Está siendo un verdadero caballero durante toda la comida.
Él es bueno en eso.
Hace un gesto para el camarero, que inmediatamente se acerca a nuestra mesa.
—Sí, señor.
—Creo que la Srta. Chaves y yo, vamos a compartir el postre, por favor.
—Muy bien, señor.
—Buen plan. Además de eso, vamos a quemar todas estas calorías en el yoga mañana por la mañana.
—Ah, sí, el yoga. ¿Me vas a obligar a ir, no?
—No, no te voy a obligar.
—Podíamos ignorarlo y quedarnos en la cama el día todo. —Me guiña el ojo sobre su copa de vino.
—Yo no puedo faltar, soy la profesora.
—No tenía idea. —Arruga su frente confundido.
—Solo doy tres clases por semana. —Me encojo de hombros—. Además de eso, soy muy flexible. Podrías aprovechar el show. —Sonrío vanidosamente sobre mi copa, y observo sus ojos sorprendidos.
—No me perdería eso por nada del mundo.
El camarero aparece con nuestro postre, Creme Brulee de fresa, en un plato y dos copas de vino Eroica.
Coloca una caja azul de Tiffany, del tamaño de un collar y se va.
Oh Dios Mío.
Juana está en la cocina cuando entro. Apoyo mi bolso en la mesa y abro la puerta de la heladera con fuerza para agarrar agua.
—Bueno, hola sol —dice Juana sarcásticamente.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿No deberías estar en el trabajo?
—Estoy trabajando en casa. Ey, tú realmente estás mal humorada. ¿Qué sucedió? —Ella se planta con las manos en sus caderas, el ceño fruncido y yo inmediatamente me siento mejor.
—Él solamente me irritó en el gimnasio. Pedro tiene unos celos enfermizos.
—¿Celos asustadores o celos sexys? —pregunta Juana con las cejas levantadas.
—Celos estúpidos. —Suspiro y me tiro en el sofá rojo de la sala de estar. Juana me sigue y se sienta en el sillón de frente a mí, el cuerpo apoyado sobre sus pies descalzos.
—Obviamente él está loco por ti.
Ella toma un sorbo de su propia agua. Yo levanto los hombros.
—Creo que sí. Soy novata en todo esto, Juana. No me gusta ser interrogada sobre las cosas que hago.
—¿No está siendo un imbécil controlador, no?
—No, pero tiene un estilo mandón. No de una manera mala. Sé que le gusto. Es dulce y gentil conmigo. Pero él se enredó con Gabriel —Pongo los ojos en blanco y tiro mi cabeza contra el almohadón.
—Tu cliente sexy. ¿Es modelo este Gabriel?
—Sí. Le expliqué a Pedro cuando nos encontró ayer en el estudio y hoy en el gimnasio…
—Ufff, me pregunto por qué. Ese chico está loco por ti.
Le hago un gesto de enfado.
—¡No lo está! ¡Él es solo un seductor! No comiences tú también.
—Nunca puedes reconocer a alguien que está interesado en ti, Pau.
—Pedro no tiene nada de qué preocuparse.
—Oh, yo sé eso. —Ella rechaza mis palabras con un gesto de su mano.
—¿Por qué él no lo entiende?
—Esto es nuevo para él también.
—¿De qué lado estás tú?
—Tuyo, querida. Siempre del tuyo. ¿Dónde está él?
—Fue a su casa a trabajar. Alguien lo llamó cuando estábamos entrenando.
—Tal vez puedas aprovechar tu día libre.
—Probablemente. Ey, ¿qué haces realmente aquí? Tienes trabajado bastante en casa últimamente. —Juana hace una mueca y se encoge de hombros.
—Trabajar en casa es tranquilo.
—Uh uh. No creo nada de lo que dices. —No está contándome la verdad.—Yo sé que no me estás contando todo, Juana Montgomery.
—Mi nuevo jefe es un palo en el culo.
Ella encoge los hombros de nuevo pero parece que está luchando contra las lágrimas. Alarmada, me siento en el sofá y agarro sus manos.
—¿Te ofendió?
—No, es solo un idiota condescendiente. —Ella encoge los hombros pero después cae en llanto. Puta mierda.
—Querida, ¿qué está sucediendo? —dejó caer la cabeza entre las manos y grita, sollozando.
—Tuve sexo con él. —Llora con las manos cubriéndose el rostro.
—¿Qué? —Me siento, mi boca abierta, asombrada. Juana tiene una política rigurosa de no tener sexo con los colegas del trabajo.
—La noche que tú trajiste a casa a Pedro la primera vez. —Recuerdo aquella noche cuando Juana fue directo para arriba sin venir a la cocina para conocer a Pedro.
—¿Cómo? Juana, esta no eres tú.
—Lo sé. —Se limpia los ojos y la nariz con la parte de atrás de su mano.
—Salimos a cenar con algunas personas de la oficina y yo había bebido mucho.
—Querida, ¿él está intentando perjudicarte en el trabajo?
—¡No! No, nada de eso. —Ella respira hondo y le entrego un pañuelo—. Solo es incómodo. Y no ayuda que sea absolutamente sexy. Casi tanto como Pedro. Ella me sonríe y mis hombros se relajan un poco.
—Guau, eso es muy sexy.
—Ya lo creo. —Mueve la cabeza y se pone triste nuevamente. Odio ver a Juana triste—. Y Pau, quedaría en shock al ver lo que él esconde debajo de esos trajes que usa para trabajar. Guau. Fue el mejor sexo de toda mi vida.
—Jules, ¿tú estás enamorada de ese hombre?
—Bueno, él estaba muy alterado cuando se despertó la mañana siguiente y yo me había ido.
—Ah, ¿entonces has hecho la famosa escapada post sexo mientras él estaba durmiendo?
—Exacto. No quería enfrentar la mierda de la mañana siguiente
—No es posible que te culpe por haberte ido. Pero si él quedó alterado por eso, tal vez realmente guste de ti.
—Eso no ayuda. Es imposible.
—Pero…
—No, no hay manera, Pau. Está resuelto. Voy a ir a la oficina eventualmente, sólo necesito de un tiempo para recuperarme. Tomé algunos días de vacaciones y voy a
trabajar en casa hasta estar en condiciones psicológicas para volver a verlo.
—Está bien. —Froto su brazo suavemente y me levanto—. Voy a tomar un baño.
Me llamas si necesitas algo.
—Gracias — me sonríe con tristeza—. Ah, ¿Pau?
—¿Sí?
—Los celos estúpidos son excitantes