miércoles, 10 de diciembre de 2014
CAPITULO 2
Estoy fuera de la casa, entregando las fotos enmarcadas de flores e imágenes de la playa, para los restaurantes y las tiendas a lo largo de Alki Beach.
—¡Hola, Sra. Henderson! —le sonrío a la mujer gorda de cabello gris tras el mostrador de Gif Galore, una de mis tiendas favoritas de baratijas.
Estoy feliz al ver mi trabajo colgado detrás de la caja registradora. Hay estantes y estantes de objetos con el tema de playa, joyas, obras de arte y mucho más. Es un lugar divertido para pasear.
—¡Hola, Paula! ¡Veo que tienes algo para mí! —Ella sonríe y camina alrededor del mostrador para darme un fuerte abrazo.
—Sí. Espero que puedas usarlo.
—Oh sí, casi se me acabaron los otros que me dejaste la semana pasada. Te convertiste en una artista muy popular.
La Sra. Henderson comienza a mirar mi trabajo soltando varios oohhh y aahhh, y siento el orgullo llenar mi pecho cuando dice que se quedará con todo lo que le traje hoy.
Conversamos en el mostrador, mientras hace un cheque por las ventas de la semana pasada y me giro para salir, pero tropiezo con un pecho duro.
—Oh, lo siento… —Doy un paso atrás y miro hacia arriba. Oh mierda.
—Hola, Paula. —Pedo me esta mirando, con una sonrisa bailando en sus labios.
Él parece un poco sorprendido, feliz y…
¡Oh Dios mío!
—Hola, Pedro —Mi voz suena como susurro de nuevo y mentalmente me estremezco.
La Sra. Henderson se va al fondo de la tienda para hablar con un cliente, dejándome sola con Pedro. Miro mis sandalias, acordándome que necesito una pedicura. ¿Que debería decir?
—Entonces, eres una artista. —La mirada de Pedro va hasta mis fotos enmarcadas, todavía en el mostrador.
—Sí —sigo su mirada—. Vendo mi trabajo en las tiendas locales.
Sonríe y siento mi estomago moverse nuevamente.
—¿Que estás haciendo aquí? No pareces del tipo de tiendas de baratijas.
—Estoy buscando un regalo para el cumpleaños de mi hermana. —Comienza a mover mis cuadros—. Estos serían perfectos. Acaba de comprar una nueva casa en un condominio. ¿Cuál de ellas me sugieres? —Me mira y no me puedo negar, me reúno con él al final del mostrador, mientras miramos las veinte imágenes una al lado de la otra.
—¿Qué prefiere? ¿Flores o paisajes? —pregunto.
—Err… —traga en seco. ¿Será que también tengo algún tipo de efecto sobre él? Me inclino un poco más cerca, fingiendo mirar las fotos en el mostrador y lo escucho recuperar el aliento.
—Probablemente flores.
—Entonces escogería una de estas. —Sonrío para mí, aprovechando que la proximidad de ahora que no me hace sentir amenazada, selecciono cuatro fotos de flores, todas de diferentes tipos y colores.
—Perfecto. —Una sonrisa brilla en su rostro y no consigo dejar de sonreírle—. Eres muy talentosa.
Su halago me toma por sorpresa y siento mi rostro ruborizarse.
—Gracias.
Pedro le paga a la Sra. Henderson, después me sigue fuera de la tienda hasta mi auto.
—¿Para dónde vas? —pregunta, cuando me alcanza.
—Bien, esta fue mi última entrega, voy para casa.
—Oh —responde calmamente—. ¿Podría llevarte a tomar un café?
Mi estómago se contrae animado. ¡Todavía está interesado! ¿En mi? Él podría ser un asesino. O peor.
—¿Un Happy hour? —continua
Sonrío y miro a lo lejos, todavía caminando en dirección al auto.
—¿Cenar? ¿Puedo pagarte un helado? —Se pasa la mano por el cabello desordenado y mentalmente me abrazo a mí misma.
Algún lugar público debería ser seguro, entonces antes de colocarle más obstáculos, me escucho diciendo—: Vamos a tomar una bebida. Hay un bar a una manzana que tiene un buen Happy Hour.
—¡Solo me tienes que indicar el camino!
Joder, yo haría cualquier cosa por una sonrisa como esa.
—¿No quieres guardar las fotos de tu hermana en tu auto?
—Vine caminando. —Se encoge de hombros.
—Aquí, guárdalas en mi auto. —Abro el maletero de mi Lexus SUV y levanto la puerta para él.
—Lindo Auto —dice, sorprendido. Sus cejas se alzan mientras me mira.
—Gracias. —Cierro la puerta y pongo el seguro al auto nuevamente, mientras caminamos por la acera.
Pedro toma las gafas de sol de su camisa blanca y se las coloca, mirando alrededor, como asegurándose si alguien lo está mirando.
Arrugo mi frente. ¿Sera que siente vergüenza de ser visto conmigo? ¿Si tiene vergüenza, entonces porque me invitó a salir?
Todavía no entiendo esto, cuando sostiene la puerta abierta, de mi bar irlandés favorito, y entramos.
—¡Hola! Bienvenido al Swell Celtic.
Una camarera joven nos sonríe a los dos, con una atención especial para Pedro, y yo mentalmente rudo los ojos.
—Hace un lindo día afuera —continua—, ¿será que les gustaría sentarse dentro o fuera?
Miro a Pedro y sin pausa, sin preguntarme lo que prefiero, dice:
—Dentro.
—Seguro, sígueme, lindo.
Le parpadea a Pedro, ignorándome completamente, y nos lleva hasta una mesa próxima a la parte de atrás del balcón. Nosotros nos sentamos, y la coqueta señorita coloca el menú del Happy Hour con orgullo sobre la mesa, sonriendo largamente a Pedro, y después nos deja solos.
—¿Estas avergonzado por estar a mi lado? —Estoy determinada a llegar al fondo de la cuestión.
Pedro se ahoga, quitándose las gafas de sol mostrando sus grandes ojos azules, me mira horrorizado. Los nudos de mi estómago lentamente se sueltan.
—¡No! No, Paula, ¡absolutamente no! La verdad, es que estoy muy feliz de pasar este tiempo contigo. —Parece sincero—. ¿Porque lo preguntas?
—Bien… — doy un profundo sorbo al agua que la camarera acaba de poner delante de mí, antes de volver a mirarlo—. Pareces…
—¿Qué?
—Es que te quedaste silencioso de repente. —es lo mejor que consigo decir.
Joder, ¿por qué me pone tan nerviosa?
—Estoy feliz de estar aquí, contigo. Solo… —balancea la cabeza, pasando la mano por su hermoso cabello—. Soy un hombre discreto, Paula.
Él respira rápidamente y cierra los ojos, como si estuviera luchando con algún difícil debate interior, antes de regresar su mirada azul brillante hacía mí.
—Está bien. —Sostengo mis manos en frente, como una señal de rendición.
—Sólo estaba investigando. No te preocupes. —Le sonrío esperando tranquilizarlo y tomo el menú del Happy Hour, antes que él pueda decir cualquier otra cosa.
Sus cambios de humor y las razones detrás de ellas no son de mi incumbencia.
Nosotros salimos apenas para tomar una bebida. Vamos a mantener las cosas ligeras.
Él sonríe, y soy salvada de iniciar una conversación cuando regresa la coqueta camarera para tomar nuestros pedidos.
Pedro levanta una de sus cejas en mi dirección.
—¿Que le gustaría a la señorita?
—Una margarita, sin hielo y sin sal, limón extra.
Mis cejas se alzan, cuando la camarera, con las mejillas sonrojadas, se ve obligada a reconocer mi presencia y escribe furiosamente en su block de notas. Pedro es caliente, no puedo culparla por prestarle atención, más hay algo primitivo en mí, quiero arrancarle sus bonitos ojos castaños. Y ni siquiera es nada mío.
Pedro rie.
—Que sean dos.
—Puedes apostar. ¿Alguna cosa más? —le pregunta a Pedro, ignorándome, y sonrío para mí misma, cuando Pedro sin molestarse en mirarla, apenas gruñe:
—No, gracias.
—Merezco una margarita después del día que tuve. —Tomo un trago de mi agua.
—¿Qué paso?
Pedro se inclina hacia delante y adoro darme cuenta que parece realmente interesado.
—Bien… —miro el techo, como si estuviese inmersa en mis pensamientos—: Vamos a ver. No conseguí dormir mucho anoche, entonces decidí hacer una caminata matinal para sacar unas fotos. En ese momento casi fui asaltada. —Lo
miro lanzándole una mirada sarcástica de horror.
Pedro ríe, una risa abierta, y mi barriga da un vuelco nuevamente. Dios Santos, ¡es tan lindo!
—¿Y entonces…?
—Entonces, conseguí hacer una huida audaz. —Sonrío y él está sonriendo de oreja a oreja, con la barbilla apoyada en la palma de la mano—. Fui para casa, y desayune con mi compañera de cuarto, en seguida, tome una siesta.
—Me hubiese gustado ver eso. —Sus ojos se estiraran y me siento enrojecer.
—¿Adorarías verme desayunar con mi compañera de cuarto?
—No, listilla, adoraría verte dormir.
—Estoy segura que eso no es tan excitante. —Agradezco a la camarera por mi bebida y tomo un largo trago.
Oh, esto es bueno.
—¿Y después de que te despertaras?
—¿Realmente quieres saber sobre todo mi día?
—Sí, por favor. —Pedro toma un trago de su bebida y después arruga los labios sobre la copa.
Oh mí....
—Hum… — me aclaro la garganta y sonrío para Pedro, que nuevamente disfruta de mi reacción—. Tuve una sesión de fotos al medio día, que término más o menos a las 14 hs. Entonces hice algunas entregas por el barrio y encontré a este guapo asaltante, y estoy ahora disfrutando de una bebida con él.
—Me gusta más la última parte.
Oh.
—¿Y qué hizo hoy, el señor? —pregunto, descansando los codos sobre la mesa, feliz por regresar la atención a él.
—Resulta, que yo conseguí dormir bien anoche, entonces, me levante temprano para dar un paseo y disfrutar de la vista de la playa. —Hace una pausa para tomar un trago.
—Mmm hmm…
—Entonces hice una cosa realmente estúpida con esta increíblemente bonita y sexy mujer que me encontré.
Suspiro mordiendome el labio. ¿Sexy y bonita? Wow.
Los ojos de Pedro se fijan en mis labios.
—¿Sera que ella te perdono por ser un idiota? —Mi voz parece agotada.
—No estoy seguro. Espero que sí.
—¿Entonces qué hiciste?
—Regrese a casa a leer un poco.
—¿Qué tipo de lectura? —Mmm, este margarita esta delicioso.
Pedro arruga la frente un poco, en seguida, encoge los hombros.
—Apenas algunas lecturas para el trabajo.
—Oh ¿Y qué haces? —Levanto mi copa para que Miss Coqueta la llene de nuevo, alzo mis cejas para Pedro por si el también quiere, y él acepta.
—¿Por qué quieres saberlo? —susurra y de repente pare pálido.
¿Qué mierda es esa? ¿Realmente es un asesino en serie? ¿Un espía? ¿Esta desempleado y en busca de una patrocinadora? Alejo ese pensamiento, él no sería capaz de vivir en este barrio si estuviera desempleado.
—Bien, ahora estoy curiosa. —Me inclino hacia adelante. Él parece incomodo; así que decido liberarlo de su aflicción—. Pero realmente no es de mi incumbencia.¿Entonces, leíste y después?
Pedro se relaja visiblemente, y no consigo dejar de sentirme un poco desilusionada, no me va a decir que hace para ganarse la vida.
—También tome una siesta.
Sonrío y lo miro de arriba abajo.
—Hubiera querido ser una mosca en la pared.
Ah, ¡casi me había olvidado lo divertido que era coquetear! Se ríe y me siento vibrar por dentro, haciéndome reír también.
—Entonces salí a hacer compras para el regalo de cumpleaños de mi hermana y encontré la cosa perfecta.
—¿Oh? ¿Y qué fue eso? —Inclino mi cabeza para un lado, disfrutando del juego y tomando un trago de la deliciosa bebida.
—Bien, hay una brillante artista local, que toma lindas fotos, y tuve suerte de encontrar algo de su trabajo.
Parece casi orgulloso, lo que me deja caliente y feliz.
—Eso es bueno. —No sé qué más decir.
—Entonces, ¿tienes una sesión de fotos hoy?
Wow... cambio de tema.
—Sí. Creo que necesito otro margarita si esta conversación va a tomar el rumbo en el que pienso que va. Necesito de una bebida.
Señalo a Miss Coqueta y sin preguntar, pido otra para él también. Él levanta una ceja.
—Pensé que no hacías fotos de personas.
—¿Por qué crees eso? —pregunto con una mueca.
—Porque lo dijiste esta mañana, durante nuestro particular encuentro.
—Oh, eso es cierto. No hago fotografías de retrato tradicional.
Aclaro mi garganta y miro alrededor del bar, para cualquier lugar, menos hacia él.
Rezo para que no haga la pregunta siguiente, y hago una mueca cuando la hace de todas maneras.
—¿Qué tipo de fotografías de retrato haces? —Parece confundido.
Tomo una respiración profunda. Mierda.
—Bien, eso varía. Depende del cliente. —Estoy nerviosa nuevamente. No hablo con muchas personas sobre ese lado de mi trabajo fotográfico. Creo que la mayoría de las personas son muy críticas, y, honestamente no es de la incumbencia de nadie, apenas mía y de mis clientes.
—Mírame. —Su voz es baja y gruesa, él no está bromeando.
Mierda.
Miro a sus ojos, y trago en seco.
—Me lo puedes decir, Paula.
Ah, es tan… sexy. Y agradable. ¿Eso es posible?
—Tal vez algún día te lo cuente. Cuando me cuentes que haces para ganarte la vida. —Sonrío y golpeo la mesa y su humor se levanta inmediatamente.
—¿Entonces me lo vas a contar… algún día?
—¡Oh, espero que sí! Si juegas bien tus cartas.
—Eres una pequeña cosa atrevida, ¿no es así?
—No tienes ni idea, Pedro.
—Me gustaría saberlo, Paula. —Y su rostro se vuelve serio de nuevo, haciéndome temblar.
—¿Eres un galán, verdad?
Pedro sonríe, una sonrisa larga y linda. Le devuelvo la sonrisa y termino mi tercera bebida. Mi cabeza está volviéndose tonta y sé que es mejor parar con el alcohol.
—Otra bebida. —Pedro comienza a llamar a Miss Coqueta, pero niego con la cabeza.
—Es mejor que regrese al agua.
—Claro. Mas agua para mi amiga y para mí, por favor. —La exagerada y simpática camarera viene caminando, moviendo deliberadamente las caderas, en la esperanza de conseguir llamar la atención de Pedro, pero él me está mirando y la ignora completamente.
—¿Qué tipo de películas te gustan?
¿Hmm? ¿Me está preguntando sobre películas?
—No veo muchas películas.
Inclina la cabeza para un lado y me mira como si estuviese hablando que los cerdos vuelan.
—¿En serio?
—No tengo mucho tiempo para eso.
—¿Quién es tu actor favorito? —Él sonríe, y siento que eso es algún tipo de prueba, pero no se dieron los apuntes de estudio.
—Ni sé quién es popular ahora. —Enderezo el cuerpo, y aprieto mis labios, pensando sobre eso—. Cuando era adolescente, adoraba a Robert Redford. —Encojo los hombros.
Pedro parece que se ha llevado un golpe en el estómago, y de repente me siento avergonzada. Entonces su bello rostro se transforma en una sonrisa y sus ojos se suavizan cuando me mira
— ¿Por qué él? ¿No crees que sea un poco viejo para ti?
Me reí a carcajadas.
—Sí. Pero cuando vi “The Way We Were” con él y Barbara Streisand, tenía quince años, y me enamore por Hubbell. Él era muy soñador. Yo no le presto mucha atención a las películas. Hay muchas tonterías por ahí.
Pedro ríe.
—¿Tonterías?
—¡Sí! Si veo más un tráiler de una estúpida película de vampiros, voy a matarme.
Él arruga la frente de nuevo, mirando alrededor del bar y de regreso a mí, mostrándose reservado.
—¿Qué? ¿Qué fue lo que dije?
—Nada. Eres apenas impredecible. ¿Cuántos años tienes, 23?
¿Por qué quería saber mi edad?
—Veinticinco. ¿Y tú?
—Veintiocho.
—Entonces, eres más viejo. —Río.
—Tienes una bella sonrisa. —Sus ojos brillan de felicidad y mentalmente me abrazo de nuevo, olvidándome que estoy nerviosa y me doy cuenta de que realmente me gusta. Es tan fácil hablar con él. Miro el reloj y suspiro con la hora.
¡Llevamos sentados aquí por tres horas!
—Me tengo que ir. —Sonrío—. Estamos aquí hace mucho tiempo.
—El tiempo vuela cuando estas con alguien bonito. —Él se inclina y toma mi mano, dejándome presa en su hechizo. Mis ojos se concentran en sus labios y él los lame, haciéndome temblar. Antes de que me dé cuenta, me suelta y me siento
frustrada al perder el calor de su toque.
—Dividimos la cuenta. —Coloco una sonrisa arrogante en mi rostro y levanto la mano para pedir la cuenta.
—Oh, no. Eso es mío. —Pedro toma la cuenta de mis dedos y saca su cartera.
—Estaría feliz de pagar mis propias bebidas.
Me mira y me sorprendo al ver que está molesto. Wow.
—No.
—Está bien. Gracias.
Su sonrisa está de regreso, cuando dice:
—El placer es mío.
Pedro paga la cuenta y regresamos a la acera. Rápidamente se coloca las gafas de sol y es visiblemente consciente de las personas alrededor. Mi corazón brinca cuando me toma de la mano y comienza a caminar en dirección a mi auto.
El sol está empezando a desaparecer y observo la linda vista, con el sonido exuberante, el agua azul, los barcos y las montañas sintiendo la falta de mi cámara.
Miro a Pedro y su mandíbula esta tensa, está mirando para bajo, y estamos caminando rápido.
—Hey, más lento. —Tiro de mi mano deliberadamente y camino más lento—. ¿Estás desesperado por librarte de mí?
—No, no. —Mira alrededor nuevamente, entonces me sonríe, bajando el ritmo.
—Va a ser una gran puesta del sol. ¿Quieres caminar por el borde del agua? Prometo, ninguna cámara. —Levanto mis manos para mostrar que estan vacías.
Pedro sonríe, y después mira alrededor, otra vez, sigo sin entenderlo. Hay un montón de personas caminando y aprovechando el bello día en Alki Beach. Pedro balancea la cabeza y mira desesperado por un momento. Paramos en mi auto y creo que él me está mirando, pero es difícil comprobarlo a través de sus gafas oscuras.
—No me gustan las multitudes, Paula. Es una especie de fobia. —Balancea la cabeza una vez más, se pasa la mano por el cabello sexy y suelta mi mano para colocarlas en su caderas.
—No es ningún problema. —Lo siento mucho por él en ese momento y quiero consolarlo.
Nunca quise consolar a ningún hombre antes, nunca. Nunca había tenido sentimientos suaves en relación a cualquier hombre. Ellos siempre fueron una diversión agradable, o mi peor pesadilla. Confusa, me veo alcanzando y sosteniendo su mano, para calmarlo.
—Hey —digo suavemente—. No te preocupes, Pedro.
Se inclina ante mi toque y respira, coloca su mano sobre la mía, entonces la aprieta y besa mis dedos. Oh Dios.
—Vamos. —Deliberadamente rompo el momento lindo, necesitando un poco de espacio—. Te voy a llevar a tu casa. —La boca de Pedro cae abierta.
—No te voy a hacer caminar hasta tu casa, llevando estas geniales y brillantes fotos en medio de la multitud. Entra.
Me lanza una sonrisa sexy, y se sienta en el lugar del pasajero.
¿Oh Paula, en que te estás metiendo?
CAPITULO 1
La luz de la mañana es perfecta. Llevo mi Canon hasta mi rostro y presiono el botón.
Click.
La bahía de Puget está cubierta de color: rosa, amarillo, azul, por lo menos en este momento, el viento está casi quieto. Las olas chocan suavemente contra la barrera de hormigón a mis pies y estoy perdida con la belleza delante de mí.
Click.
Miro a mi izquierda y observo a una joven pareja caminando por la acera.
La playa de Alki Point, en Seattle, está prácticamente desierta, con excepción de algunos rebeldes o insomnes, como yo.
La joven pareja está caminando lejos de mí, tomados de la mano, sonriéndose el uno al otro, apunto mi lente hacia ellos y tomo una foto. Le doy al zoom en los zapatos que están llevando y a sus manos entrelazadas, mi ojo profesional, apreciando su momento íntimo en la playa.
Inhalo el aire salado y miro a lo lejos, con el sonido de un motor de un velero rojo, deslizándose suavemente sobre el agua. El sol mañanero, apenas comenzando a brillar alrededor del velero, levanto mi cámara de nuevo para capturar el momento.
—¿Qué mierda estás haciendo?
Giro al sonido de una irritada voz y veo unos ojos azules, brillantes a causa del reflejo del agua abajo. Rodeados por un rostro muy, muy irritado.
No solo irritado. Lívido de odio.
—¿Discúlpame? —chillo, encontrando mi voz.
—¿Por qué no puedes solo dejarme en paz? —El hermoso, pero realmente extraño el hombre delante de mí, está temblando de rabia e instintivamente di un paso atrás,frunciendo el ceño y comenzando a crecer mi rabia. ¿Qué demonios crees tú que estás haciendo?
—No te estoy molestando —respondo, feliz de que mi voz se fortalezca con mi rabia, y doy un paso atrás.
Claramente, el Sr. Hermosos ojos azules y rostro de Dios griego sexy, es un lunático.
Infelizmente, sigue mi movimiento hacia atrás y siento el pánico comenzar a roer mi intestino.
—Vi que me estabas siguiendo. ¿Crees que no me di cuenta? Dame tú cámara. — Extiende la mano y mi boca cae abierta. Empujo mi cámara contra mi pecho y envuelvo mis brazos alrededor de ella protectoramente.
—No. —Mi voz es sorprendentemente calma y miro alrededor, en busca de un medio de fuga, pero no consigo dejar de mirar la rabia estampada en sus ojos del color del mar.
Engola en seco y sus ojos se estrechan en mi dirección, respirando con dificultad.
—Dame la maldita cámara, y no pondré una denuncia por acoso. Solo quiero las fotos. —Baja la voz, pero no resulta menos amenazador.
—¡No puedes tomar mis fotos!
¿Quién demonios es este chico? Me giro para huir y agarra mi brazo, girándome con fuerza para ponerme de frente, agarrando mi cámara.
Comienzo a gritar, no creyendo que estoy siendo asaltada prácticamente en frente a la puerta de mi casa, cuando me suelta y dobla el cuerpo, las manos sobre sus rodillas, sacudiendo la cabeza y noto que sus manos están temblando.
Santo infierno.
Doy más pasos hacia atrás, lista para correr, pero con la cabeza todavía hacia abajo, él levanta la mano y dice:
—Espera.
Debería correr. Rápido. Llamar a la policía y ver a ese loco preso por asalto, pero no me muevo. Mi respiración se comienza a calmar, mi pánico da marcha atrás, y por algún motivo, no creo que me vaya a hacer daño.
Sí, estoy segura que las victimas del asesino de Green River tampoco pesaban que él las lastimaría.
—Eh, ¿estás bien? —Mi voz sale entrecortada y noto que aún estoy sosteniendo mi cámara contra mi pecho casi dolorosamente, por lo que relajo las manos mientras levanta su cabeza de nuevo.
—No tomes mi foto, joder. —Su voz es baja y moderada, controlada, pero todavía está temblando y respirando como si hubiese corrido un maratón.
—Bien. Bien. No lo hago. Estoy colocando la tapa de la lente de vuelta —digo, sin retirar los ojos de sus rostro y mira con cuidado hacia mis manos.
¡Jesús!
Él respira profundo y balancea la cabeza, yo le doy una buena mirada al resto de él.
Guau. Bello rostro, barbilla marcada, barba de dos días y esos profundos y claros ojos azules. Tiene el cabello rubio dorado desordenado. Es alto, mucho más alto que mi 1.65, delgado y de hombros anchos. Está vistiendo pantalones vaqueros y una camisa negra que abraza todos los lugares correctos.
Vaya. Debe verse fantástico estando desnudo.
Irónicamente, adoraría tomar unas fotos así de él en mi cámara. Me mira a los ojos nuevamente y me parece vagamente familiar.
Siento como si lo conociera de algún lugar, pero el reconocimiento es pasajero, porque vuelve a hablar.
—Voy a necesitar que me entregues tú cámara, por favor.
¿Está hablando en serio? ¿Todavía me va a asaltar? Suelto una risa corta y, finalmente, rompo el contacto visual, mirando hacia el ahora cielo azul y balanceando la cabeza. Cierro los ojos. En seguida le observo y está mirandome atentamente.
Me veo sonriendo cuando digo:
—No te vas a llevar mi cámara.
Inclina la cabeza hacia un lado y estrecha los ojos nuevamente. Los músculos debajo de mi cintura se aprietan ante su mirada sexy y silenciosamente me maldije.
¡Nada de excitarse con un asaltante sexy!
—No vas a tomar esta cámara. ¿Quién diablo te piensas que eres?
Ahora mi voz está aumentando el tono y me felicito silenciosamente.
—Sabes quién soy. —Arroja su respuesta y estrecho mis ojos, mirándolo nuevamente, y tengo aquella extraña sensación, una vez más, de que debería conocerlo, balanceo la cabeza con frustración.
—No, no te conozco.
Levanta una ceja, pone las manos en sus delgadas caderas, y sonríe, mostrando una línea perfecta de dientes. La sonrisa no alcanza sus ojos.
—Vamos, cariño, no vamos a entrar en este juego. O me entregas la cámara, o borras las fotos, y cada uno puede seguir su camino.
¿Por qué quiere mis fotos?
De repente, se me ocurre que debe pensar que tomé fotos suyas.
—No tengo fotos de ti aquí, cariño —respondo.
Sus ojos se estrechan nuevamente y su sonrisa se desvanece. No cree en mí.
Doy un paso en su dirección. Encaro profundamente los ojos azules y alzo mi voz, hablando muy claramente.
—No. Tengo. Ninguna. Foto. De. Ti. En. MI. Cámara. No soy una retratista.
Siento mis mejillas sonrojarse y miro hacia abajo por un momento.
—¿Y estabas tomando fotos de qué?
Ahora baja su voz y parece confundido.
—El agua, los barcos. —Hice un gesto con las manos alrededor.
—Te vi apuntar la cámara hacia mí, cuando estaba sentado en el barco.
Señala hacia al barco detrás de mí. Él estaba sentado cerca de donde tomé las fotos de las manos entrelazadas de la pareja.
Jalo mi cámara delante de mí nuevamente y lo veo tensarse pero lo ignoro, enciendo la cámara y comienzo a pasar mis imágenes, hasta encontrar esas que tiene miedo que sean de él.
Voy hasta su lado, mi brazo casi tocando el de él y siento el calor de su cuerpo sexy. Intento ignorarlo.
—Aquí, estas son las fotos que tomé. —Señalo la pantalla en dirección a él y voy pasando las fotos, mostrándole todas las imágenes—. ¿Será que te gustaría ver las otras que hice también?
—Sí —susurra.
Continúo mostrándole las fotos del agua, el cielo, los barcos, las montañas. No puedo evitar sentir su aroma limpio, mientras mira atentamente las fotos, examinando cada una, mientras jala el labio inferior entre el pulgar y el dedo índice. El ceño fruncido.
Dulce Jesús, huele bien.
Tomé más de 200 fotos esta mañana, por eso lleva algunos minutos pasar por todas.
Cuando termino, mira mis ojos y veo su vergüenza y no estoy segura, pero parece casi triste.
Mi corazón da un salto mortal cuando sonríe, una verdadera sonrisa amplia, sin barreras, y balancea la cabeza lentamente. Él podía derretir glaciares con esa sonrisa. Terminar con las guerras. Resolver la crisis de la deuda nacional.
—Lo siento mucho.
—Sí, deberías sentirlo. —Apago la cámara y comienzo a alejarme de él.
—Oye, realmente lo siento.
—Debes estar muy lleno de ti mismo, si crees que todo el mundo con una cámara está tomando una foto tuya.
Continúo caminando y, claro, consigue alcanzarme, igualando mi paso.
¿Por qué está todavía aquí?
Aclara su garganta.
—¿Puedo preguntar tu nombre?
—No —respondo.
—Hum, ¿por qué? —Parece confundido.
Demonios, estoy confundida.
—No le doy mi nombre a mis asaltantes.
—¿Asaltantes? —Para medio paso y me jala para detenerme a su lado, su mano en mi codo. Miro hacia la mano y, levantando la vista de vuelta a la suya, lo inmovilizo con una mirada.
—Déjame ir. —Me suelta inmediatamente.
—¡No soy un ladrón!
—Intentaste robar mi cámara. ¿Cómo le llamas a eso? —Comienzo a caminar nuevamente, notando que estoy yendo en la dirección opuesta de mi casa. Mierda.
—Mira, no soy un asaltante. Detente un minuto, ¿me puedes escuchar? —Se detiene de nuevo, frotando la cara con las manos y mira hacia mí.
Lo enfrento, colocando mis manos en mi cintura, mi cámara colgada inofensivamente alrededor de mi cuello y lo miro.
—No sé quién eres —le digo con mi mejor voz de buen sentido.
—Es evidente —responde y una sonrisa feliz aparece en sus labios y no puedo evitar que mi estomago se apriete, cuando veo esta gran sonrisa nuevamente.
El no conocerle parecía hacerle muy feliz, pero me está molestando. ¿Por qué debería conocerlo?
—¿Por qué te estás riendo? —Me encuentro devolviéndole la sonrisa.
Me mira de arriba hasta abajo, observando mi cabello oscuro, actualmente sujeto en un moño suelto, camisa informal roja que abraza mis senos, jeans que muestra mis caderas curvilíneas y muslos, y vuelve su mirada azul profundo hasta los míos. Su sonrisa se agranda y me quedo sin respiración. Guau.
—Soy Pedro—Tomo la mano para saludarlo y le miro, todavía no confiando completamente. Él levanta una ceja, casi como un desafío y me veo colocando mi pequeña mano en la suya grande y fuerte, apretándola firmemente.
—Paula.
—Paula —dice mi nombre lentamente, mirando mi boca y yo me muerdo mi labio inferior. Inhala bruscamente y mira de vuelta a mis ojos.
Joder, es lindo.
Tiro de mi mano de la suya y miro hacia abajo, no sabiendo que más decir, y aún confundida con lo que todavía estoy haciendo aquí con él.
—Yo… me tengo que ir —balbuceo, de repente nerviosa—. Fue interesante… conocerte, Pedro —Comienzo a caminar alrededor de él, en dirección a mi casa, y él da un paso para quedar delante de mí.
—Espera, no te vayas. —Pasa la mano por su cabello dorado ya desordenado—.Realmente siento mucho todo esto. Déjame hacer algo por ti. ¿Desayuno?
Frunce el ceño un poco, como si no supiera que más decir, en seguida me mira, esperando.
Di no, Pau… ve para casa. Vuelve hacia la cama. Mmm cama… con Pedro… cuerpos sudados, sábanas enredadas, la cabeza entre las piernas, mi cuerpo retorciéndose cuando voy…
¡Detente!
Balanceo mi cabeza, intentado hacer la fantasía a un lado, y me veo respondiendo:
—No, gracias. Me tengo que ir.
—¿Un marido esperando en casa? —pregunta, mirando hacia mi dedo sin anillo.
—Uh, no.
—¿Novio?
Le doy una pequeña sonrisa.
—No.
Su rostro se relaja.
—¿Novia?
No puedo parar la risa que viene.
—No.
—Excelente.
Me está dando esa gran sonrisa de nuevo, quiero desesperadamente decir que sí a este bello extraño, pero mi buen sentido entra en razón y me recuerdo que no es seguro, no lo conozco, y a pesar de ser lindo, todavía es un desconocido.
Yo, de todas las personas, conozco sobre el peligro de los desconocidos. Entonces ignoro y aprieto entre mis piernas, le doy otra pequeña sonrisa y digo educadamente, con tanta fuerza como puedo:
—Gracias de todas formas. Ten un buen día, Pedro.
Lo escucho murmurar.
—Ten un buen día, Paula. —Mientras me marcho raudamente.
***
Voy a casa rápidamente, sintiendo los ojos de Luke en mi trasero estilo Kardashian1, hasta que giro en la esquina en dirección a mi casa.
¿Por qué no usé una camisa más larga? Mi corazón está latiendo fuerte, solo quiero estar dentro de casa, segura, a salvo de asaltantes con sonrisa sexy. Mi cuerpo no responde a un hombre como este, hace un largo tiempo, y aunque admita que es agradable, Pedro es solo enteramente muy… guau.
Cierro y tranco la puerta principal, mi nariz siguiendo el olor hasta la cocina.
¡Juana está haciendo desayuno!
—Oye, Pau, ¿conseguiste buenas fotos esta mañana?
Para mi alegría, mi mejor amiga, Juana, está haciendo panqueques y siento el olor del tocino en el horno.
Mi estómago ruge, mientras apoyo mi cámara sobre la mesa de la cocina y cojo un banquito.
—Sí, fue un buen día —respondo.
Me pregunto si debería hablar sobre Pedro. Juana tiende a ver solo el lado romántico,y probablemente nos va a tener casados hasta el final de la conversación, pero era la única persona a la que le hago confidencias sobre todo, entonces, ¿por qué no?
—Había tomado algunas buenas fotos, cuando casi fui asaltada… una linda mañana normal.
Sonrío para mí misma, mientras Juana se gira hacía mi, dejando caer un panqueque en el suelo, jadeando.
—¿Qué? ¿Estás bien?
—Estoy bien. —Suelto un suspiro—. Un chico se molestó, creyendo que podría haberle tomado una foto. —Le describo mi encuentro y sonríe dulcemente cuando termino.
—Parece que le gustas, amiga.
Resoplo.
—Que dices. Es apenas un chico cualquiera.
Juana rueda los ojos y se vuelve hacia los panqueques.
—Puede ser solo un chico cualquiera, pero si es tan caliente como dices que es, deberías haber aceptado tomar el desayuno con él.
Miré frunciéndole el ceño.
—¿Aceptar la invitación de un desayuno con un ladrón sexy? —pregunto incrédula.
—Oh, no seas dramática. —Juana gira el tocino en el horno, después coloca más panqueques en la sartén—. Parece que estaba realmente arrepentido.
—Sí, cuando no está intentando robar mi cámara obscenamente en mi cara, es un perfecto caballero.
Juana se ríe y no puedo dejar de devolverle la sonrisa.
—¿Qué tienes que hacer hoy?
Satisfecha con el nuevo rumbo de la conversación, voy hasta ella, y comienzo a llenar mi plato con la deliciosa comida.
—Tengo una sesión al medio día y necesito hacer algunas entregas esta tarde.Realmente tengo que tratar de tomar una siesta esta mañana.
—¿No has podido dormir de nuevo?
Sacudo mi cabeza. El sueño nunca viene fácil hacia mí. Me siento nuevamente en mi banquito y le doy una mordida a mi tocino. Juana se sienta a mi lado.
—¿Y tú qué vas a hacer?
—Bien, ya que es martes, creo que trabajaré hoy. —Juana es una inversionista de mucho éxito en un banco en el centro de Seattle. No podría estar más orgullosa de mi mejor amiga. Ella es, además de inteligente y bonita, exitosa.
—Tenemos que vivir —respondo, devorando los deliciosos panqueques de mi plato, en seguida, tomo nuestros platos y los coloco en el lavaplatos.
—Puedo hacer eso. —Juana comienza a entrar en la cocina, pero me la quito de encima.
—No, tú cocinaste. Ya lo hago. Ve para el trabajo.
—¡Gracias! Ten una sesión divertida. —Mece sus cejas hacia mí y camina en dirección al garaje.
—¡Ten un buen día en el oficina, querida! —grito tras ella y ambas reímos.
Subo las escaleras hacia mi cuarto y me desvisto.
Realmente necesito dormir. Mis clientes me pagan muy bien para darles una sesión divertida y con bellas fotos, y para eso tengo que estar bien descansada.
Mi cuarto es grande, con ventanas del suelo al techo. Este es el cuarto de la casa donde todo es rosa. Amo mi edredón rosa suave y almohadas suaves con funda rosa. Mi estructura de cama es simple, pero la cabecera en una puerta vieja, que colgué en la pared para dar al cuarto un aire rustico.
Caigo en mi cama de tamaño King, las sábanas abrazan mi cuerpo desnudo, y miro hacia fuera por la ventana, con vista al mar. Amo esta casa. No quiero mudarme nunca. Nunca.
Solo esta vista ya es impagable. El agua azul zafiro ahí afuera me calma y cuando mis ojos están pesados, mi último pensamiento es el de un par de ojos azules y una sonrisa asesina y me desmayo de sueño.
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